¿Qué nos pasa con Venezuela?

EL GOBIERNO VENEZOLANO YA NO ES LEGÍTIMO Y SE AFERRA
AL PODER POR LA FUERZA. ESPAÑA Y EUROPA DEBEN MIRAR
DE FRENTE A LOS PROBLEMAS Y TOMAR SOLUCIONES

Decía Joseph de Maistre que “every country has the government it deserves”. Bien. Pocas celebres frases a lo largo de la historia han sido tan ciertas como falsas. Dejando de un lado la discusión político-filosófica acerca de la legitimidad de los gobiernos que han conquistado el poder con el apoyo de una mayoría, y en base a los cuales se podría articular un debate en relación a lo que Alexis de Tocqueville llamo “la tiranía de las mayorías”, me gustaría centrarme en un país cuya realidad es mucho más compleja.

Venezuela no es únicamente un país con una inflación anual del 400%y con una estimación de decrecimiento en relación al PIB de un 8% para 2016 según el FMI. No es solamente un país con una profunda crisis de desabastecimiento que ha supuesto una escasez de medicinas del 95%, y por encima del 80% en los alimentos, lo que a su vez ha provocado que el 76% de los ciudadanos hayan caído en la pobreza (el 13% de la población coma solo dos veces al día). Venezuela ya no es solo un país con una dependencia casi ridícula de aproximadamente el 90% de la industria del petróleo, que coloca el barril a un precio medio de 30$, lo que hace prácticamente inútil que estemos hablando del quinto país exportador de petróleo y el poseedor de las mayores reservas de crudo pesado del mundo. Además de todo esto, Venezuela es un país con un serio problema de déficit democrático, cuyo gobierno, presidido por Nicolás Maduro, sufre el rechazo del 85% de los venezolanos.

El pasado 8 de abril el Gobierno de España retiraba a su embajador en Caracas, el motivo, los insultos que Maduro había vertido sobre Rajoy al que acusaba de ser un “racista”, “colonialista” y “basura corrupta. Dichas afirmaciones se enmarcaban en un contexto de exigencia al país latinoamericano desde varios países “democráticos” para que se liberase a los líderes opositores, principalmente a los señores Leopoldo López y Antonio Ledezma, este último detenido hace más de un año y sin posibilidad de juicio desde entonces.

Analizar la situación político-económica actual venezolana es extraordinariamente complicado ya que tendríamos que retroceder muchos años atrás y explicarnos entre otras cuestiones cómo un país con unas reservas naturales tan ricas (que pasaron a ser de su propiedad tras la nacionalización del petróleo y la posterior creación de PDVSA en 1976) fue capaz de caer en una profunda crisis que termino provocando un estado general de corrupción en los años ochenta. Cómo ese pueblo fue capaz de votar a un excomandante golpista con tintes socialistas de forma abrumadora en 1999, y cómo es posible que en 17 años la oposición no haya sido capaz de organizarse para evacuar del poder a los que claramente han hundido al país. Son muchos los interrogantes. Sin embargo, existe una cuestión que desde el otro lado del Atlántico es pertinente que analicemos: ¿Qué estamos haciendo desde España para ayudar a los “librepensadores” y “gran venezolanos”? y ¿Cómo deberían de ser nuestras relaciones bilaterales?
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Analizar la situación político-económica actual venezolana es extraordinariamente complicado

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Las relaciones diplomáticas entre España y Venezuela tuvieron su gran momento de cenit en los años del Felipismo. La estrecha relación de amistad entre el presidente socialista y su homólogo venezolano, Carlos Andrés Pérez, se había forjado en los días de vino y rosas de los camaradas. El segundo ayudaba desde la vicepresidencia de la Internacional Socialista al primero cuando este se encontraba en la clandestinidad. Con el paso del tiempo, con Carlos Andrés Pérez ya en la presidencia de Venezuela, le dejo su avión privado a González para que volviera a España. Finalmente el gobierno socialista supo agradecer al mandatario venezolano su continuo apoyo durante tantos años ofreciéndole a sus allegados importantes empresas de la troceada RUMASA. Toda una serie de amiguismos y corruptelas que han provocado lo que hoy en día sufrimos ambos países.


Sin embargo, la relación cambia radicalmente con la llegada de Aznar al poder, tanto es así que, ya con Zapatero en la Moncloa, el Rey Juan Carlos I tiene que mandar a callar en una cumbre Iberoamericana a Hugo Chávez cuando este había recientemente intervenido atacando al anterior gobierno español.

Desde la llegada de Chávez al Palacio de Miraflores el gobierno español y el venezolano han experimentado distintas situaciones de tensión: desde diversas nacionalizaciones de empresas españolas (Banco de Venezuela, filial del Banco Santander) hasta el acogimiento de terroristas etarras (véase De Juana Chaos) pasando por alianzas estratégicas con claros enemigos de los países occidentales(con el Irán del entonces presidente Mahmoud Ahmadinejad, o Fidel Castro en Cuba). Lo más grave se produjo, con la ya demostrada, en algunos casos, y muy sospechosa y probable en otros, financiación de distintos gobiernos (Cuba, Argentina y Bolivia entre otros) y ciertos think tanks y firmas de consultoría internacional cuyos miembros coincidirían posteriormente en la formación de un partido político de ideología cercana al chavismo.

La clave reside en preguntarnos ¿hasta qué punto están España y la UE legitimadas para hacer algo al respecto? La gran barrera política y moral que nos encontraríamos en un escenario normal sería la legitimación de un gobierno democráticamente elegido por su pueblo. Sin embargo, estamos hablando de un ejecutivo que ya no tiene el control de la Asamblea Nacional, donde la gente sale a las calles a protestar todos los días por el hambre y la pobreza, donde las mismas leyes que aprobaron sus gobernantes ya no valen contra ello (véase el “firmazo” para pedir el revocatorio). Hablamos de un gobierno que ya no es legítimo, y que se aferra al poder a través de la fuerza. Es hora de que España y Europa miren de frente a los problemas y tomen soluciones.


Luis Miguel Melián

Por un Quijote obligatorio

DE MOMENTO, SE HA INTENTADO PROMOVER SU LECTURA, PERO EL ESTADO

TIENE QUE INVOLUCRARSE MÁS PARA PRESERVAR EL LEGADO DEL QUIJOTE


Hace 400 años, Miguel de Cervantes pasó a mejor vida y dejó entre su legado una de las obras más importantes de la literatura universal. Por eso duele tanto que, en España, entre tanto homenaje a su obra por tan marcada fecha, el Quijote aún no sea obligatoria en todas las escuelas de nuestro país


Miguel de Cervantes, que nació en un lugar de Madrid de cuyo nombre no quiero acordarme, publicó la obra más importante de la historia de España en 1605. ‘El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha’ no necesita presentación alguna y sus personajes son conocidos por todos. Pero, ¿cuántos lo han leído? Según el CIS, solo el 21,6% de la población española ha leído completo el texto.

Hace cien años ya era obligatorio en las escuelas. Hoy, el rostro de Cervantes aparece en monedas de céntimos. A mí, sin embargo, nadie me obligó a leer el Quijote, porque el sistema educativo deja mucha -demasiada- libertad a colegios e institutos de todo el país. (Este tema, el de la libertad de educación da para toda una tesis. Lo dejamos pendiente para comentar en otra ocasión). Recuerdo ver la divertida serie de dibujos animados y una película, además de tener un libro infantil. Craso error, opino. Una obra tan importante para la historia de España y de la literatura universal no debe ofrecerse en forma de sucedáneo, aunque los complementos ayudan, claro.

[Desde AOM hemos realizado una labor de investigación y documentación y no hemos podido dar con ningún documento que acredite que la lectura de esta obra sea algo obligatorio dentro de los programa educativo nacional. Pero claro, ya sabemos: no hay “un” programa educativo, sino 17.].

No hay mejor  antihéroe que el infeliz Alonso Quijano como tampoco hay escudero mejor que Sancho Panza

.¿Por qué? Porque es necesario conservar nuestro patrimonio cultural. El Quijote es algo nuestro y es una obra genial (y no lo digo por chovinismo). No hay antihéroe mejor que el infeliz Alonso Quijano, quien también es una parodia de los libros de caballerías de su tiempo. No hay escudero mejor que Sancho Panza, un hombre de bien a la vez que ignorante. El Quijote está en nuestra historia. La gente puede hacer lo que quiera, por supuesto, pero es terrible que el Quijote no figure entre las lecturas obligatorias de los adolescentes de España.

Quizá es demasiado pedir a un estudiante de 13 o 14 años que se lea ‘El ingenioso hidalgo’ de cabo a rabo, pero el sistema educativo puede tender puentes para que no resulte aburrida su lectura. Se pueden distribuir los capítulos por años, desde la ESO hasta el final de Bachiller. Hay ediciones adaptadas del castellano antiguo que pueden hacer más amena la lectura a los más jóvenes. La figura del profesor es fundamental para fomentar el interés y la comprensión del Quijote. Pero es triste observar cómo ciertos centros prefieren tomar otros caminos educativos, y ahí es cuando debe entrar el Ministerio de Educación. No es una idea de locos lo que se plantea. Para el 35,4% de los españoles su lectura debería ser obligatoria. De momento, se ha intentado promover su lectura en ciertos cursos, pero el Estado tiene que involucrarse más para preservar el legado del Quijote

Al igual que Cervantes, William Shakespeare también murió en 1616. Y basta mirar fuera de nuestras fronteras para ver reconocimientos a su obra en el mundo anglosajón. Hagamos lo mismo con Miguel de Cervantes: dignifiquemos el Quijote, empezando por las escuelas.

Desmontando mitos

LA ENERGÍA RENOVABLE ESTÁ DE MODA,
PERO HUELE MUCHO A GAS


En España siempre hemos sido muy dados a las creencias y mitos populares. Que si Franco tenía menos estatura que Alfonso Rus, que si Al-Ghandour (arbitro de los funestos cuartos de final del ´02) era más coreano que Samsung o que si Rajoy y Bárcenas compartían secretos de alcoba. Pero sin lugar a dudas una de las creencias mejor asentadas es el liderazgo que ostentamos en energías renovables, un sector fundamental para el futuro de nuestra energía, ya que no contamos con yacimientos de petróleo ni bolsas de gas. España, líder y pionera en el mundo en energía renovables es uno de los titulares que más hemos podido escuchar en la prensa desde el boom del CO2 y la capa de ozono de Al Gore. Y sin lugar a dudas esta creencia tiene su correspondiente fundamento que lo respalda. Según el último Reporte de la Situación Mundial de las Energías Renovables 2015 de Ren21 España es uno de los 20 líderes mundiales en producción de energía renovable; también el 20% de la demanda del país es abastecida por la energía eólica. Palmada en la espalda. Pero ahora me asalta la duda: ¿Y el 80% restante de donde proviene? Según Red Eléctrica Nacional entre el 2011 y el 2015 una media del 62.6% de la energía en España ha provenido de combustibles fósiles, adquiriendo un especial protagonismo el gas, el cual importamos.

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Fuente: Ovacen.com
Para más inri otro dato sorprendente, pero nada alentador, que nos aporta el Informesobre el Estado de la Unión Energética (State of the Energy Union): España se encuentra 17 puntos por encima de la media de la UE28 en dependencia de combustibles fósiles. Es más, en los últimos 20 años, el consumo de gas natural se ha triplicado, desde el 7.7% al 22% del consumo bruto nacional de energía. Independientemente del impacto económico que tiene en un país la alta dependencia en la importación para la producción de energía, hay otro aspecto fundamental a tener en cuenta. La UE introdujo en 2005 el mercado de derechos de emisión, o popularmente conocido como CO2, un instrumento de mercado mediante el cual se crea un incentivo o desincentivo económico para mejorar la sostenibilidad medioambiental de todos los países miembros. En otras palabras, si contaminas más de la cuenta, pagas. ¿Qué repercusiones tendrá esto en España? Aún es pronto para estimarlo, pero según El País entre 2008 y 2012 el Gobierno gastó más de 800 millones en adquirir derechos de emisión. Teniendo en cuenta esta cifra y el incremento que hemos experimentado estos últimos años, que cada uno saque sus propias conclusiones.

¿Dónde deja esto al orgullo patrio de la energía renovable? Parece ser que nos hemos alejado un poco del camino, ya que desde el 2012 tenemos la misma capacidad instalada de producción de energía. Así lo corrobora la IRENA (International Renewable Energy Agency).

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Fuente: Ovacen.com
Siempre decimos que queremos un mundo mejor para nuestros hijos, pero frecuentemente olvidamos a los nietos. No fantaseo simplemente con la libertad económica que supondría una cada vez menor dependencia en la importación de combustibles fósiles. Fantaseo con, en un futuro lejano, donde estos se hayan agotado, con un país pionero e innovador en energía limpia, sustentable y eficiente, con un modelo energético ilimitado y autosostenible. Esto sin lugar a dudas es una prueba de fondo, y para llegar a la meta debemos ir construyendo paso a paso, con unas políticas de gobierno medioambientales y energéticas enfocadas a este objetivo y no a un afán recaudatorio, como Daniel Lacalle nos cuenta. La energía renovable está de moda, pero huele mucho a gas.


Guillermo González


PD: Me gustaría dedicar unas palabras al que, hasta recientes eventos que ocasionaron su dimisión (Panama Papers), era mi homólogo en funciones. Mi compañero de gabinete Amadeo Lora, Ministro de Justicia de AOM, seguro nos podrá contar más al respecto, pero me gustaría llamar la atención sobre lo que a mi parecer es un principio fundamental e inalienable de la democracia y la libertad sin el cual sería incapaz de entender las mismas: la presunción de inocencia en la que eres inocente hasta que se demuestre lo contrario. Sin embargo, en nuestro país se ha establecido entre la clase política, la prensa y la ciudadanía en general, un sentido retorcido y pervertido de la justicia y la moralidad. A mí me gusta llamarlo suposición de culpabilidad: eres culpable hasta que se demuestre lo contrario. Una sociedad en la que cualquier ciudadano puede emitir juicios de valor por afán de validación o justificación moral y personal me parece que es un grito de SOS. Mi más sincero ánimo y apoyo al Sr. Ministro José Manuel Soria.

Hiperinflación legislativa: El Estado de Derecho en crisis

EN LOS ÚLTIMOS TIEMPOS HEMOS ASISTIDO EN ESPAÑA
A UNA CONSTANTE Y PROGRESIVA DEGRADACIÓN DEL
ESTADO DE DERECHO. ESTE PROCESO DEBE PARAR
Aunque muchas veces nos empeñamos en demostrar lo contrario, España es una nación moderna que está en el corazón espiritual de Europa, tal y como trata de explicar el historiador Suárez en su obra “La Europa de las cinco naciones”. Por desgracia, estamos asistiendo a una muerte lenta y dolorosa de su sociedad civil.
Este proceso no lo abandera ni el movimiento secesionista catalán, ni los grupos proetarras presentes en las instituciones, ni el populismo facilón de más derechos y menos obligaciones. Tampoco es una responsabilidad que se pueda atribuir exclusivamente a políticos que consideran que “la tierra pertenece alviento”  o que creen en “acontecimientosplanetarios”.
Ni siquiera podemos optar por cargar únicamente y de forma interesada contra nuestros predecesores en la responsabilidad de Gobierno, quienes, como malos estudiantes que se empachan a estudiar la noche de antes de un examen, no supieron (o no quisieron) enfrentarse al déficit de otra manera que tomando el peor de los atajos: asfixiar fiscalmente a los trabajadores.
No: el problema nos afecta a todos, y todos hemos contribuido a crearlo. No obstante, esta enfermedad que padecemos en la España del siglo XXI tiene cura, y el objetivo primordial de nuestro departamento ministerial es claro: acabar con la hiperinflación legislativa y restaurar el Estado de Derecho.
Y es que la “diarrea legiferante” que padecemos, por tomar prestada la terminología empleada por el padrino de mi promoción en la Facultad, acarrea principalmente dos graves consecuencias: descenso de la calidad de los textos legales y falta de seguridad jurídica. Me gustaría hacer hincapié en este último problema.
La seguridad jurídica es uno de los pilares fundamentales del Estado de Derecho. En España, además de ser un valor garantizado expresamente en el artículo9.3  de nuestra Carta Magna, se trata de un valor que impregna –o debería impregnar- todo el Ordenamiento.
Sin seguridad jurídica, la iniciativa personal y las inversiones económicas y financieras se paralizan. Las personas quedan atenazadas por la incertidumbre, por el miedo a lo que pueda pasar, y la parálisis se vuelve crónica: la sociedad cae enferma.
 
Sin seguridad jurídica, el ciudadano se convierte en un mero sujeto paciente al albur de los poderes públicos, que privan así a la persona del control de su destino: de sus expectativas, de su capacidad de acción, y, en definitiva, de su confianza en las Autoridades.
Hemos asistido en los últimos tiempos al ascenso de políticos que dicen defender a “los de abajo” frente a “los de arriba”. Creo que no es difícil adivinar quiénes son los de abajo en las relaciones Estado legislador–ciudadano legislado.
Hace no mucho, mantuve con un consultor estratégico una conversación reveladora a este respecto. Antes de comenzar un proyecto, quería asegurarse de que no va a caer en alguna trampa de la maraña fiscal y regulatoria que envuelve al sector de las inversiones, y me dijo: “por desgracia, la ignorancia de la leyes no excluye de su cumplimiento”.
Efectivamente, nuestro Ordenamiento jurídico recoge el aforismo clásico “ignorantia iuris non excusat” en el artículo 6.1  del Código Civil. Lo grave de este asunto no es la regla en sí, de lógica impecable, sino lo difícil que se ha convertido salir de esa ignorancia.
La bola se ha hecho demasiado grande: ¿Qué normativa es aplicable? ¿Cuándo entra en vigor esta disposición? ¿Cuándo queda efectivamente derogada una ley? ¿Se puede entender tácitamente derogada esta otra?  Son preguntas que se han convertido en el día a día de algunos profesionales del Derecho, y que no ayudan a que la sociedad avance hacia una mayor competitividad en un mundo global.
La forma de mejorar la situación no es aprobar más leyes, sino mejores leyes. Los españoles no se merecen un Gobierno cortoplacista centrado en poner parches normativos fácilmente explicables en un plató de televisión. Ha llegado la hora de la verdad: devolvamos la Ley al puesto de honor que le corresponde en la sociedad antes de que el Estado de Derecho se convierta en una reliquia del pasado.
 
Amadeo Lora

La importancia del trabajador

ES FUNDAMENTAL PROCURAR LA CONVERSIÓN DE TRABAJADORES
Y PREPARARLOS PARA LOS TRABAJOS QUE VIENEN EN EL FUTURO

Este domingo se celebra el Día Internacional de los Trabajadores. La tradición viene de lejos, en particular del 1 de mayo del año 1886, fecha en la que 200.000 trabajadores iniciaron una huelga en Chicago en la que reclamaban la jornada de 8 horas. La protesta terminó de forma violenta, dando lugar algunos días más tarde a la revuelta de Haymarket en la que murieron varias decenas de personas. Años más tarde, la Internacional Socialista elegiría el día 1 de mayo para conmemorar la tragedia.
En la fiesta que se celebra hoy aún pervive una cierta connotación conflictiva, en la que se palpa una tensión entre trabajador y empresario, que sin embargo es tan artificial como la retórica de algunos sindicatos en este país. Es evidente que uno de los principales recursos de las empresas, sino el más importante son sus trabajadores. En ese sentido, no solo no se enfrentan sus intereses, sino que, casi siempre, lo que beneficia a los últimos beneficia también a la empresa.
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El día de la madre coincide en 2016 con el día del trabajador
No obstante, el principal desafío al que nos enfrentamos es el de la automatización de muchos puestos de trabajos que dejarán de ser llevados a cabo por personas. Estamos viviendo una revolución tecnológica que ya ha sido bautizada como la cuarta revolución industrial, en la que la digita-lización juega un papel fundamental. Las transforma-ciones que conlleva supondrán beneficios todos y crearán valor para toda la sociedad, en la medida en la que se reduzca el coste de vida, se obtengan mejores servicios a un menor precio o se incremente la productividad. Cabe esperar a su vez que se reduzca la tasa de accidentes laborales, y que se ocupen trabajos que nadie quiere desempeñar. Pero en el corto plazo puede suponer la pérdida de puestos de trabajo.

La principal preocupación y el motivo de reflexión hoy no debería ser derogar reformas laborales ni convendría que nuestros sindicatos adoptasen posturas maximalistas basadas en el dogma de que empresario y trabajador se dan la espalda. El principal desafío que tienen los sindicatos y el resto de agentes sociales es utilizar los desarrollos tecnológicos para incrementar la riqueza. Hay que procurar la conversión de trabajadores que ya hoy se están quedando fuera del mercado laboral y prepararlos para los trabajos que vienen en el futuro. Se estima que muchos de los trabajos que hoy tienen más demanda en el mercado no existían hace apenas diez años. Y es que si no se hace nada solo podremos esperar desempleo y desigualdad.