A toda costa

LAS CONSECUENCIAS DE LA DUI SOBRE LA ECONOMÍA Y EL EMPLEO DE CATALUÑA NO SE HACEN ESPERAR: LA ‘FUGA’ DE EMPRESAS ES CADA VEZ MÁS CONSIDERABLE

Cuando uno se va fuera un tiempo, tiene la oportunidad de encontrarse con personas nuevas con las que compartir opiniones, ideas y posturas que hacen dar una vuelta a lo que en principio creemos tener bien asentado. Y si bien mi opción por una España unida no ha cambiado en estos meses, quizás haya de precisar algunas ideas.

Aunque me gustaría hablar del enorme valor que esta Comunidad Autónoma crea para toda España en muchos aspectos, mi cartera me obliga a centrarme en uno de ellos: el empleo. Cataluña es una enorme fuente de prosperidad y riqueza. Y como tal, sin duda, hay que cuidarla. Aunque eso sí, los términos habrá que fijarlos con atención, con respeto a leyes y principios que hayan sido acordados por todos los ciudadanos y desde la necesaria legalidad constitucional.

Esta Comunidad ha sido una de las líderes de la recuperación económica en nuestro país.  El número de empresas, y con ello el empleo, han crecido a una velocidad mayor que en muchas otras Comunidades Autónomas. Las características de sus contratos laborales, la mayoría indefinidos (cerca de un 80%), garantizan una estabilidad envidiable para los trabajadores. Sus salarios tienden a ser algo mayores que los de la media. Por todo esto, podemos afirmar con rotundidad que tener a Cataluña con nosotros es positivo y deseable. Que podemos aprender de ella a la vez que el resto de España le aporta a ella también.

Sin embargo, esta estabilidad de la que tan orgullosos podemos sentirnos tanto catalanes como no catalanes está ahora en juego. En un intento de demostrar una (fingida) coherencia, las autoridades catalanas han querido hacer a toda costa lo que no era posible, engañando así a sus ciudadanos con una supuesta independencia que deja a Cataluña al borde del abismo. Así, las temidas ‘fugas’ de empresas ya están teniendo lugar, habiendo comenzado incluso antes de que el presidente de la Generalitat hiciera esa curiosa, cuanto menos, declaración de ‘independencia’.

El número de empresas que, hasta el día 18 de octubre, habían trasladado su sede social de Cataluña ascendía a 800. Y no sólo eso, sino que la Agencia Tributaria está registrando numerosas peticiones de cambios en los domicilios fiscales, con las consiguientes desventajas sobre la recaudación de impuestos y el ocupación de los ciudadanos. De esta manera, el empleo sin ninguna duda va a verse muy afectado y, por ende, el sistema de pensiones, que de por sí se encuentra en una situación de importantes dificultades.

Lo que era motivo de orgullo hasta hace unos meses está entrando en zona de turbulencias. ¿Es posible que parte de la fuerza de Cataluña sea precisamente estar dentro de este país? ¿Es posible que todas esas ventajas, que son incuestionables, se deban en parte a su pertenencia a un estado como España, dentro de una comunidad como la Unión Europea? ¿Es posible que los datos no lleguen a ser tan favorables estando solos? Personalmente, mi respuesta a todas estas preguntas es SÍ.

Por eso, me gustaría apelar a la responsabilidad de todos, cada uno desde su ámbito y sus posibilidades, para no causar más fractura y división. Para que, desde la legalidad constitucional, tendamos lazos y evitemos que esto llegue a convertirse en una guerra civil pero sin lucha, donde unos odian a otros. Lo que más me preocupa y apena, sin duda, es la fractura social: familias divididas, grupos de amigos rotos, pueblos y zonas de España enfrentados encarnizadamente por algo que rebasa la mera discusión política.

Volvamos a la cordura, al orden y la legalidad y trabajemos para lograr una convivencia pacífica de todos los españoles.

Sol Sepúlveda
Ministra de Empleo y Seguridad Social de AOM

 

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