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¿A quién beneficia el salario mínimo?

UNA SUBIDA DEL SALARIO MÍNIMO TIENE EFECTOS OCULTOS SOBRE EMPLEADOS Y EMPRESARIOS

Hace poco, el presidente del gobierno Mariano Rajoy ha anunciado unas fuertes subidas del salario mínimo para los próximos ejercicios, condicionadas a una serie de objetivos económicos para el país. El salario mínimo, que actualmente es de 707 €, pasaría así hasta los 840 € en 2020, un aumento total de casi un 20%. Las reacciones a este acuerdo son las esperadas: el PSOE, que no gobierna y no está atado por lo que proponga, proponía subirlo a los 1000€, Podemos también lo consideraba insuficiente.

Los motivos por los que la izquierda suele estar a favor de subidas del salario mínimo suelen ser dos: el argumento marxista de que el empresario avaricioso se queda con los beneficios del trabajo del pobre empleado, y el argumento de que al repartir más la riqueza se activa más la economía (si el empresario gana 100€ más, como ya se supone que gana una cantidad grande es probable que esos 100 €, o un porcentaje importante de los mismos, se dediquen al ahorro, mientras que el empleado previsiblemente tendrá menor capacidad de ahorro, recirculando el dinero y activando la economía). Un tercer argumento muy utilizado es que en España es imposible sobrevivir con un sueldo de 700 € y tener una vida digna.

El primer argumento es una manipulación descarada de la realidad. El empresario debe obtener más rentabilidad de un empleado que el sueldo que le paga (o de lo contrario no le contrataría), pero es que además esta rentabilidad debe ser muy superior al sueldo para que le compense su contratación. Los 700 € de salario mínimo no incluyen las cotizaciones de la seguridad social que paga la empresa por cada empleado, que aumentan notablemente ese importe. Además, no vale con sacar unos ingresos equivalentes al coste total del trabajador que paga la empresa, porque hace falta cubrir el coste del capital y otros elementos necesarios para la empresa (sea camiones, máquinas, alimentos, instalaciones, mercancías, etc.). Una vez cubierto el coste total del trabajador y el coste total del capital, el rendimiento de los trabajadores tiene que dar todavía unos ingresos suficientes como para que el empresario saque beneficio personal, ya que nadie monta una empresa arriesgando su propio dinero (directamente o mediante préstamo) para unos beneficios pequeños. Uno no monta una tienda de ropa para ganar 700 euros al mes, porque para eso se hace dependiente de una tienda establecida, gana lo mismo y no arriesga su patrimonio. En resumen, el empresario arriesga su capital y por ese debe esperar un rendimiento mayor que el empleado, que asume un riesgo menor (principalmente, posibles impagos, a cambio de estabilidad en los ingresos). Por supuesto que hay empresarios que podrían repartir más los beneficios para sus trabajadores, pero la ecuación no es tan simple como “genero ingresos de 1.200€ y cobro 700€ por lo que sacan 500€ de beneficio al mes por mi trabajo y merezco ganar más por ello”.

El segundo argumento asume un mundo ideal en que una subida de salarios no afecta al empresario. Una subida del 20% del salario mínimo supone al menos ese incremento del coste por cada trabajador. Las empresas que tengan márgenes de beneficio altos se lo podrán permitir, aunque pueden limitar las nuevas contrataciones. Las empresas que estén en el límite de los beneficios o pérdidas posiblemente tengan que optar por reducir su plantilla de trabajadores para acomodar los nuevos costes y mantenerse a flote. Es posible que los trabajadores que se mantengan cobren más, pero también tendrán que cumplir la parte del trabajo que realizaban los despedidos. El argumento de repartir el dinero entre más personas para favorecer su circulación se cae así por su propio peso cuando por el aumento del salario mínimo disminuyen las contrataciones o se provocan despidos.

El tercer argumento tiene parte de razón, es difícil vivir en España con el salario mínimo. Sin embargo, esa dificultad se debe a la localización. En Madrid y Barcelona, incluso viviendo en compañía, es difícil no dedicar al menos la mitad del salario al alquiler/hipoteca. Sin embargo, el salario mínimo aplica a toda España, igual en un pueblo de Soria que en el Paseo de Gracia. Lo que en Madrid no da para comer, en Teruel puede proporcionar un nivel de vida que permita algún capricho. De haber un salario mínimo, sería más apropiado establecerlo por comunidades autónomas o provincias que por el total del país, porque posiblemente en determinadas partes de España haya empleos que por 500-600 € mensuales proporcionen un nivel de vida aceptable.

Al final la pregunta es la siguiente: si el salario mínimo es una medida que provoca paro, ¿por qué los sindicatos lo defiendencuando deben pensar en el interés de los trabajadores? ¿No es mejor trabajar por 600 € que estar en el paro? El motivo es bien sencillo. Los sindicatos no dejan de ser un lobby, y como todos, miran por su propio interés. Para mantenerse necesitan afiliados, y la gente se afilia si tiene trabajo y si siente que los sindicatos le sirven. El salario mínimo es una medida proteccionista pensada para el empleado que ya tiene trabajo, porque dificulta la contratación de nuevos empleados que le hagan competencia y le puede aumentar el sueldo, a costa de generar paro y aumentar el riesgo empresarial. Si los sindicatos presionan para un aumento de los costes del despido, el trabajador está contento porque mantiene su trabajo y los sindicatos cobran su afiliación. Si presionan para un aumento del salario mínimo, el beneficio es expansivo: en España no se suele pagar el salario mínimo, ya que cada sector suele tener un convenio. Ahora, estos convenios si toman al salario mínimo como base, por lo que cualquier aumento les proporciona poder en las negociaciones de cada sector, aumentando su valía a ojos de sus afiliados, y aumentado o manteniendo sus afiliaciones. El que pierde es el más desfavorecido, aquel que es despedido o no encuentra trabajo, porque no hay empresarios que puedan sacar un rendimiento suficiente de su trabajo como para contratarle, aunque él hubiese estado dispuesto a trabajar por una cantidad menor.

Gonzalo Aguilar
Ministro de Economía, Industria y Competitividad de AOM

¿Enemigos irreconciliables?

EL MERCADO LABORAL DE LA UNIÓN EUROPEA TAMBIÉN SE VE MARCADO POR LA HABITUAL DICOTOMÍA ENTRE LO POLÍTICAMENTE NECESARIO Y LO LEGALMENTE ADECUADO. ¿SON EL MERCADO INTERIOR Y EL DERECHO LABORAL INCOMPATIBLES?

Vivimos en un mundo de retos. Y precisamente por eso hoy quiero hacer una breve reflexión sobre el mercado laboral en la Unión Europea y, sobre todo, sobre sus desafíos.

Remontándonos un poco a los orígenes, encontramos que ya en el mismo Tratado de Funcionamiento de la UE aparece definida la libre circulación de trabajadores. Es algo que estaba previsto como elemento esencial del futuro mercado interior que llegaría a formarse y del que hoy todos nos beneficiamos. Es, por tanto, la primera de las libertades de circulación que encontramos.

Ya desde entonces se veían venir esas pequeñas batallas entre la defensa de la propia soberanía y el hacer realidad ese espacio común a todos los europeos por el que tanto hemos luchado. Queríamos la libre circulación de trabajadores pero, a la hora de la verdad, también queríamos proteger nuestro propio mercado.

Esto dio lugar a que ese espacio que era aparentemente tan libre presentara una serie de obstáculos frente a la llegada de los trabajadores cuando, por ejemplo, la Unión se expandió incorporando en 2004 a gran cantidad de países del centro y este de Europa. En ese momento, nuestras fronteras quisieron estar un poco más cerradas. Pero, ¿qué sentido tenía precisamente dejar que un país se incorporara a la UE con el objetivo de ampliar su mercado y tener más oportunidades y a la vez impedirle el acceso y cerrarle las puertas? Los argumentos son muchos y las visiones difieren entre unos y otros. Numerosas sentencias del Tribunal de Justicia de la Unión Europea han intentado solventar esta problemática pero, a decir verdad, sin mucho éxito. Hay una gran diferencia entre lo legalmente deseable y lo políticamente necesario y el Tribunal se ha encontrado constantemente en un “tira y afloja” para no molestar ni a unos ni a otros: cuando daba un paso a favor de la libre circulación sin obstáculos, daba a la vez otro a favor de la defensa de las fronteras de los propios estados. Eso sí, siempre con una justificación “adecuada”.

A pesar de todo, muchos consideran que se ha ido demasiado lejos: la libertad de circulación de trabajadores se ha convertido en algunos casos en algo prácticamente insostenible puesto que todo aquello que haga que un trabajador de otro país de la Unión tenga alguna dificultad para ir a otro estado es considerado un obstáculo que habrá de justificarse para no ser considerado ilegítimo (incluso el simple hecho de tú, como estado, quieras aplicar a extranjeros y nacionales por igual tu propia legislación). ¿Es esto excesivo? Las consecuencias, tanto positivas como negativas, son innumerables. Aunque a decir verdad, los estados han podido en la mayor parte de los casos justificar esos límites: “aplicamos nuestra ley a los trabajadores europeos porque es más protectora de sus derechos que la de su propio país”. Y con eso muchas veces ha sido suficiente. ¿Es este el verdadero motivo por el que aquellos estados que consideramos más ricos quieren imponer su legislación a los trabajadores que vienen de fuera? ¿Quieren protegerles? ¿O lo que realmente buscan es usar su ley para encarecer el empleo de dichos trabajadores y alcanzar un cierto proteccionismo frente al resto de ciudadanos de la Unión, especialmente de países menos prósperos? ¿Es una cuestión que debería dejarse a la entera discreción de los estados en el ejercicio de su soberanía? Esta circunstancia ha dado lugar a situaciones tan temibles como el Brexit, donde Reino Unido entendió que su propia integridad estaba en riesgo y decidió “cortar por lo sano”. Las preguntas son numerosas pero las respuestas, desde luego, no son claras.

Lo que sí que está claro es que la Unión Europea es prosperidad, con sus más y sus menos. Y que todo esto afecta de pleno a nuestro país. Y, sobre todo, que la unión hace la fuerza. Hemos de trabajar por una unidad tanto interior como exterior. Que desde España persigamos dicha unidad dentro y fuera de nuestras fronteras para así afrontar los enormes retos que se nos plantean. Tenemos grandes oportunidades por delante.

Sol Sepúlveda
Ministra de Empleo y Seguridad Social de AOM

Sin miedo al VAR

EL FÚTBOL EN ESPAÑA ES EL CINE DE HOLLYWOOD, UN BIEN QUE GENERA RIQUEZA TANGIBLE E INTANGIBLE DENTRO Y FUERA DE NUESTRAS FRONTERAS

La Ley de Interés General establece que ciertos eventos deportivos deben retransmitirse en abierto en televisión. Por ejemplo, los juegos olímpicos o la Vuelta Ciclista. ¿El motivo? Son considerados “de interés general”.

Entre la veintena de eventos del catálogo se incluye un partido de Primera División. Una competición que recientemente ha generado muchas polémicas en torno al uso de la tecnología.

¿Muchas polémicas? Demasiadas.

Mientras en la Liga de Campeones o torneos domésticos como el inglés o el francés la tecnología de gol y el videoarbitraje (VAR) ya son una realidad, en España seguimos un paso por detrás de estas competiciones. Ya es hora de solucionar este problema.

Por otro lado, si declaramos el fútbol de “interés general” y las leyes españolas consideran que debe ser retransmitido en abierto, hay que hacer todo lo posible para ofrecer una competición lo más justa posible. No olvidemos que, aunque la Liga de Fútbol Profesional sea una empresa privada, mantiene una estrechísima relación con la Real Federación Española de Fútbol, ente que organiza la Copa del Rey, la Supercopa de España, y la Segunda División B. Si una diminuta parte de nuestros impuestos se destina a potenciar el deporte profesional, lo mínimo es recibir un producto que esté a la altura.

Por otro lado, nuestro fútbol es Marca España. Y si queremos que la marca España crezca de la manera apropiada, el producto exportado debe ser de primer nivel. A nadie se le ocurriría exportar a otros continentes un jamón de poca calidad. El fútbol en España es el cine de Hollywood, un bien que genera riqueza tangible e intangible dentro y fuera de nuestras fronteras. Por tanto, hay que cuidarlo y tratar de presentarlo de la mejor manera posible.

Invertir en VAR debería ser una obligación tanto para LaLiga como para la Federación. El fútbol mejoraría su calidad como espectáculo y como producto, y eso supondría una mejora en nuestro deporte, con todo lo que eso puede conllevar para la imagen de nuestro país.

LaLiga y la Federación deberían fijarse como objetivo la implantación del VAR cuanto antes, y si tiene que mediar el Estado, que lo haga. Pero mientras la tecnología no llegue, perderemos una oportunidad muy valiosa de convertir nuestro fútbol en una manera de generar (más) riqueza para España.

Carlos Pérez
Ministro de Educación, Cultura y Deporte

Ministerio de Fomento “Exterior”

HAY QUE DEJAR DE MIRAR PARA OTRO LADO Y AFRONTAR LOS PROBLEMAS MIGRATORIOS DESDE UN PUNTO DE VISTA FAVORABLE PARA AMBAS PARTES, AUNQUE SUPONGA UN ESFUERZO INICIAL QUE POCOS PAÍSES PARECEN DISPUESTOS ENFRENTAR.

Vaya por delante que no quiero meterme mucho en un área que nadie mejor conoce que Luis Miguel, ministro homólogo de exteriores, para comentar estos temas de actualidad. Tampoco en el campo de la cartera de Empleo y Seguridad Social, liderada por Sol Sepúlveda, de donde depende la Secretaría General de Inmigración y Emigración. Conste también que la idea que voy a comentar a continuación está desarrollada y mejor explicada por el periodista y analista Roy Beck.

Todos conocemos el controvertido plan del muro entre EEUU y México propuesto por el presidente Donald Trump. También hemos vivido durante 20 años las vallas existentes entre España y Marruecos. Salvando las distancias, si las hubiera, ambos proyectos tratan de evitar la inmigración ilegal y la mercancía de contrabando. Muchas personas serán partidarias de abrir las fronteras y permitir esos movimientos naturales con la intención de reducir las desigualdades entre el país de inmigración y el de emigración.

Tal y como se expresa en el vídeo, estoy absolutamente de acuerdo con que la forma de mejorar la vida en ciertas áreas subdesarrolladas no pasa por acoger a todas esas personas y ofrecerles asilo y mejores oportunidades en países desarrollados. Encuentro a favor dos motivos principales: los países de inmigración no tienen la capacidad necesaria para poder acoger a todos los desfavorecidos (por muchos que acojamos, año tras año aumenta el número de personas que viven por debajo del umbral de la pobreza); y que, teóricamente, las personas que emigran suelen ser más ambiciosas e intrépidas, reduciendo por tanto las capacidades humanas del país de emigración.

La propuesta, tan disruptiva como compleja, exige la solidaridad de los países desarrollados, creando “Ministerios de Fomento Exterior” en una estrategia win-win: reduciendo la inmigración ilegal y mejorando las condiciones de vida de los países no desarrollados. Creo que la complejidad radica en cómo establecer la colaboración sin que derive en una invasión cultural y un aprovechamiento por parte de los agentes implicados. Si se consiguiera el objetivo, en el medio-largo plazo se podrán cerrar acuerdos favorables para ambas partes tal y como existen actualmente entre países desarrollados.

Quería exponer esta idea para cerrar un ciclo de artículos con una exhortación a la solidaridad entre países tal y como defiendo la solidaridad entre comunidades dentro de nuestras fronteras. En un mundo tan globalizado y desarrollado para unos, me parece imprescindible que los siguientes pasos traten de incluir a aquellas personas que no han disfrutado de las mismas oportunidades que muchos de nosotros. Desde mi punto de vista, en contra de otras opiniones respecto a este tema, la justicia no implica igualdad en los resultados si no equidad en las oportunidades.

Juan Abascal
Ministro de Fomento de AOM

En clase de Historia

EL VERDADERO VALOR DE UNA SOCIEDAD MULTICULTURAL RESIDE PRECISAMENTE EN LA RIQUEZA QUE OTORGA LA DIVERSIDAD

En 1964 el astrofísico ruso Nikolái Kardashov propuso un método para medir la evolución tecnológica de una civilización, comúnmente conocido como la Escala de Kardashov. Este método, expone que hay tres tipos de civilización: Tipo I, Tipo II y Tipo III. Numerosas personalidades de la comunidad científica, como el físico teórico Michio Kaku o el archiconocido astrofísico Carl Sagan, concuerdan en que la humanidad se encuentra actualmente en el proceso de convertirse en una civilización Tipo I de la Escala, que es una civilización que ha logrado el dominio de los recursos de su planeta de origen. Kaku va más allá y defiende que nos encontramos inmersos en un momento de transición encaminándonos a convertirnos en un Tipo I en los próximos 100 años, en una sociedad multicultural, científica y tolerante, en definitiva, una sociedad planetaria, lo que hoy en día conocemos como globalización.

Hay numerosos indicadores en todos los ámbitos de nuestra sociedad que reflejan esta transición, como es internet, la música, el inglés, la moda, los grandes bloques económicos, las criptomonedas, las redes sociales e incluso el fútbol. Tendencias globales que hacen que personas separadas por miles de kilómetros tengan muchos puntos de referencia comunes, una serie de puentes intangibles que salvan las distancias ya no solamente geográficas, sino también culturales.

Ahora bien, también podemos observar múltiples corrientes que van en contra de esta evolución, que buscan mantener su modelo de sociedad monocultural, que no quieren integrarse en la sociedad global, que quieren cerrar puertas en vez de tender puentes. Trump, el Terrorismo Islámico, el auge de las ideologías extremista; todo son muestras de la prepotencia inherente al ser humano por la cual lo mío es mejor que lo de los demás. Y España está experimentando esta contracorriente de primera mano.

El verdadero valor de una sociedad multicultural reside precisamente en la riqueza que otorga la diversidad, pero es innegable, a pesar de que muchos se empeñen, que son mucho más fuertes los lazos que nos unen que las diferencias que nos separan. A lo largo de la historia de la humanidad, hemos evolucionado de las pequeñas tribus nómadas a las grandes naciones y bloques económicos de hoy en día, como NAFTA, la UE o la UA con la integración, no con la separación.

El historiador Santiago Posteguillo afirma que el comienzo del declive del imperio romano comenzó con la llegada al poder del emperador Adriano. Este decidió imponer una política aislacionista y nos deja una gran metáfora con la que me despido: destruyó el puente del Danubio, que conectaba el Oeste con el Este; y construyó la obra por la cual es principalmente famoso: el muro de Adriano. Lecciones de la historia.

Guillermo González
Ministro de Energía, Turismo y Agenda digital de AOM

Armas y demás campañas políticas

CON ESTE ÚLTIMO ARTÍCULO DEL ALA OESTE DE LA MONCLOA, ME GUSTARÍA HACER HINCAPIÉ EN LA NECESIDAD DE SEGUIR CREANDO DEBATE PARA SABER QUÉ ESTAMOS DISPUESTOS A EXIGIR AL ESTADO. ¿EMPLEO O MORAL? LAS GUERRAS FINANCIAN MÁS CAMPAÑAS ELECTORALES QUE LOS IDEARIOS POLÍTICOS. PORQUE EL PAN ES EL PAN, PERO, ¿A QUÉ PRECIO?

Trabajos aquí, guerras allí. ¿Bueno y malo?, ¿bueno e indiferente? En las escalas de grises entran los valores y entran las razones, porque todos sabemos distinguir entre lo bueno y lo malo, pero a los gobiernos se les pide que elijan entre lo bueno y lo mejor. Y el coste de oportunidad de la decisión que tomen será usada en la próxima campaña como argumento para hundir su barco. Y así se funciona en el congreso. Todo es malo hasta que la decisión la tomas tú. Entonces deja de ser tan mala, “porque es que el paro…”, “porque es que la recuperación económica…

Y voy a empezar a mojarme: todos estamos a favor de los derechos humanos. Faltaría más. Todos sabemos que los de Arabia Saudí son malos malísimos, los de Irak ya ni te cuento. Y que a los malos no se les venden armas. Pero amigo, cuando llegas al gobierno te das cuenta de que si los malos tienen armas, los buenos tienen trabajo. Y digo los buenos porque son los que te votan, y tus votantes son siempre buenos buenísimos, ¿verdad?

Pero pongámonos en contexto: El informe de exportación de material de defensa y tecnología de doble uso del año 2016 confirmó la venta de armas a Arabia Saudí por valor de 116 millones y a Irak por 52,7 millones. Y aquí es donde empieza el debate; Podemos, ERC y PDeCat propusieron durante la Comisión de Defensa suspender la venta de armas a estos países. PP,PSOE y Ciudadanos han bloqueado esta propuesta. ¿Por qué? Por el empleo. Más claro, agua.

Podemos se lamenta de que se priorice la venta de armas a los derechos humanos y el derecho penal internacional. Los otros partidos celebran los 5 años de actividad y los 10.000 empleos que se van a crear a raíz de las 5 fragatas que Navantia está negociando con Arabia Saudí (por ejemplo, y entre otras operaciones)

Arabia Saudí está ahora en guerra contra Yemen, y son muchas las organizaciones internacionales (entre ellas las propias Naciones Unidas), ONGs y demás plataformas que han denunciado una continua violación de los derechos humanos. Ojos que no ven, corazón que no siente, y el gobierno se excusa en el “desconocimiento” de que sus armas hayan sido usadas en la guerra de Yemen. Aunque, por otro lado, para eso están las armas, ¿no? Puestos a coleccionar coleccionamos sellos, no tanques. Pero el desconocimiento es un argumento rápido contra la (in)moralidad de los actos.

Cierto es que la venta de armas va seguida de un control sobre su uso y unas estrictas cláusulas sobre el control parlamentario a dichas ventas. Cierto es que España es de los países que más control lleva, pero, ¿hasta qué punto es responsabilidad del Estado? Y sobre todo, ¿hasta qué punto se sacrifica un país en nombre de los derechos humanos? Cualquier elección traiciona parte de tu discurso; todos nos llenamos la boca en los congresos defendiendo los derechos humanos. Por poner un ejemplo, Morenés fue  de los primeros en firmar el Tratado Internacional de Venta de Armas por el que se prohibía la venta de material bélico a países con continuas violaciones de derechos humanos. Y aquí estamos, negociando con nuestro socios wahabitas. Pero el pan es el pan, y el empleo es el empleo. Que se lo digan a Podemos en Cádiz e Izquierda Unida en Ferrol,  que parecen haberse olvidado de la inmoralidad y la doble conciencia y han aprobado la venta del material bélico de Navantia en dichas zonas.

Como no gobiernan, en el Parlamento votan en contra de la venta de armas. Cuando están al mando de una región, como Ferrol o Cádiz, entonces sí están a favor. Jorge Suárez, alcalde de Ferrol de IU “tiene problemas de conciencia por esos contratos” pero firmados están. Elegir entre lo bueno y lo mejor tiene su aquel, y defender a la clase obrera es a veces  a expensas de un ideario político, sea azul o morado.

A todos nos gustaría actuar como pensamos, pero al final, somos muy maquiavélicos. Pero no lo digo de manera negativa; así es como debe ser el Estado. Cada uno vela por sus intereses, y es que si España no vende las armas, otro país las venderá. La incoherencia de los discursos políticos no es nada nuevo. Al final, el pan es el pan, y el voto es el voto. La guerra nos pilla lejos de casa. Las elecciones, a la vuelta de la esquina. Realpolitik, supongo.

Miki Barañano
Ministra de Defensa de AOM