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La tasa impositiva y la recaudación estatal

AUNQUE UNA SUBIDA DE IMPUESTOS PUEDA TRAER UN AUMENTO DE LA RECAUDACIÓN,
LO HACE A CAMBIO DE DESINCENTIVAR LA ACTIVIDAD ECONÓMICA DEL PAÍS.

Los impuestos son una de las principales fuentes de recaudación del Estado. Su idea original es simple: el ciudadano, a cambio de gozar de una serie de bienes y servicios públicos, como el transporte, las carreteras, la sanidad, la justicia o la educación, entrega al Estado un porcentaje de cada transacción económica. Los impuestos actúan como una fuente de financiación para que el Estado pueda proveer y mantener dichos servicios, y como una fuente de redistribución de riqueza, para reducir las desigualdades económicas. Podríamos decir que los impuestos son el precio a pagar por disfrutar del marco económico y social que ofrece el Estado.

¿Cómo puede el Estado recaudar más mediante los impuestos? A primera vista, lo lógico es aumentar la tasa impositiva, es decir, el porcentaje que se queda el Estado del bien gravado. Si el Impuesto de Sociedades se encuentra fijado al 25% del resultado de la empresa, de fijarse al 30% el Estado debería recaudar más dinero. Pablo Iglesias, con su plan de aumentar en 96.000 millones de euros el gasto público sigue esta idea. Su plan requiere conseguir un tercio de esa cantidad mediante el aumento de los impuestos, pero parte de una consideración equivocada

Las personas cambian su actividad económica en función de la tasa impositiva. Si la tasa impositiva está al 0%, el Estado no recaudará un céntimo, pero tampoco lo hará si se fija al 100%, porque nadie trabajaría. Cuando una persona va a realizar un negocio, lo hace porque cree que le va a ser rentable. Si el Estado sube los impuestos, todas aquellas actividades que estaban al borde de la rentabilidad necesaria para llevarse a cabo, dejan de ser rentables. Mientras la recaudación extra supere a la recaudación pérdida, el Estado tendrá ganancia, pero si se suben los impuestos lo suficiente llegará un momento de pérdida
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EEUU en los 80 recortó mucho sus impuestos, pero dobló la recaudación total
Una pregunta previa a la subida de impuestos es qué efectos puede traer. La subida de impuestos, bien utilizada, puede traer beneficios en forma de mayores servicios sociales. Sin embargo, en casos de corrupción gubernamental, o de mala utilización de fondos, se está ahogando la economía, no ayudando a la sociedad. ¿Por qué se ahoga a la economía? Porque ante una subida del Impuesto de Sociedades, una empresa puede reaccionar de cuatro maneras. Asumir la pérdida en su cuenta de resultados; pasar la pérdida al ciudadano, aumentando sus precios para mantener su rentabilidad; disminuir su inversión, eligiendo opciones más rentables para su capital como una inversión en otro país con menores impuestos; y retirarse por completo del mercado. Todas son perjudiciales.

Tenemos ejemplos de ambos casos. Los países nórdicos de Europa, con tasas impositivas muy elevadas, suelen liderar las listas de calidad de vida a nivel mundial. Por otra parte, Estados Unidos en los años 80 recortó muchísimo los impuestos, pero dobló la recaudación total. Es cierto que la recaudación aumentó menos de lo que aumentó el PIB, pero también lo es que el PIB podría no haber aumentado tanto de no habérsele dado ese aire a las empresas. El resultado fue una ganancia tanto para el Estado como para la sociedad.

La idea que quiero dejar clara aquí es que el Ministerio de Hacienda debe saber que la tasa impositiva es una herramienta de doble filo. Aunque una subida de impuestos puede traer un aumento de la recaudación (a corto plazo), lo hace a cambio de desincentivar la actividad económica del país (en el largo). Para fijar el nivel de impuestos, el plan de mi Ministerio sería realizar un estudio que fijase lo siguiente: cuál es el nivel de recaudación que permite la realización de los servicios sociales mínimos, cuál es el nivel de impuestos que desincentiva la actividad económica más de lo que puede producir, y en que nivel de esa recta conviene situarse para maximizar la producción y la calidad de vida del país. En épocas de bonanza,  puede convenir subir los impuestos para ayudar a los más pobres, si permite mantener suficiente actividad económica. En épocas de recuperación, como la actual, conviene fomentar la economía, y subir los impuestos puede constituir un golpe mortal.

Gonzalo Aguilar

¿Y mientras tanto qué?

UN CAMBIO EN LAS CARTERAS MINISTERIALES PODRÍA AFECTAR
A LOS GRANDES PROYECTOS QUE ESTÁN EN MARCHA


Mucho se está hablando últimamente sobre los efectos de la incertidumbre política y las consecuencias de la celebración de unas nuevas elecciones, previsiblemente, el próximo 26 de junio. El sector de la industria y la construcción no son ajenos a esta realidad.


El comienzo de la crisis que estamos dejando atrás viene íntimamente ligado al estallido de la burbuja inmobiliaria, cuyos motivos son variados y de distinta índole pero que no nos conciernen en este momento (aumento exagerado del valor de la vivienda, política monetaria poco centrada en amortiguar la inflación de determinados activos, concesión no controlada de créditos e hipotecas, la desincentivación del ahorro con tipos reales negativos, etc.).


Fuente: Sociedad de tasación
De forma semejante, un buen reflejo de la mejora del mercado laboralpodría ser la disminución de la dependencia del sector servicios en términos de ocupación laboral. Este sector, que según datos del Instituto Nacional de Estadística (INE) ocupa aproximadamente al 75% de la población activa, casi 14 millones de españoles (2015 T4), ha crecido desde un 66,5% (2008 T1) hasta un 76,2% (2015 T4) apoyado sobre todo por la bajada del sector industrial y de la construcción. El problema aparece cuando la alta tasa de temporalidad y la estacionalidad propias del sector servicios favorecen una inestabilidad en el mercado laboral si la dependencia de éste es alta.

Sin embargo, desde el año 2014 hasta el tercer trimestre de 2015 los sectores de industria y construcción crearon cerca de 400.000 puestos de trabajo (fuente INE), lo que hacía pensar que se estaba cerrando una época de crisis en este ámbito. El aumento en la contratación debido principalmente a la inversión en obras y proyectos (tanto públicos como privados) generó cierta confianza en un sector que había sufrido más que el resto los estragos de la crisis. Datos del Ministerio de Fomento muestran que el número de visados solicitados para construir nuevas viviendas se disparó un 42,5% durante 2015, que pese a ser el mejor desde 2010 se encuentra todavía lejos de los 865.561 registrados en 2006.
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El sector de la construcción será uno de los que más sufra la incertidumbre política
A pesar de este crecimiento esperanzador la caída de la inversión en obras públicas (respecto a épocas previas a la crisis) y la estrategia de internacionalización de los grupos principales (ACS, Acciona, FCC, Ferrovial, OHL y Sacyr), han derivado en que el mercado nacional represente solamente el 11% del total de sus proyectos con un valor de 9.747 millones de € al cierre de 2015, con un descenso del 17% respecto al año anterior.

En un horizonte próximo el sector de la construcción será uno de los que más sufra la incertidumbre política, ya que un gobierno en funciones no puede impulsar un aumento de gastos ni créditos extraordinarios, a lo que habría que añadir que un cambio en las carteras ministeriales podría afectar a grandes proyectos que están en marcha. La fuerte dependencia del ámbito de las infraestructuras respecto al Gobierno Central  supone, en estos momentos, una gran desventaja en relación a otros mercados menos afectados.

Todo esto debería resolverse a partir del ya mencionado 26 de Junio, pero … ¿y entre tanto qué?

Juan Abascal Alonso

Sobre el estado de la Nación (I)

LO QUE LOS ESPAÑOLES QUIEREN ES LA ESPAÑA

CONSTITUCIONAL, SOBERANA Y DEL BIENESTAR


En unos días en los que la actualidad política e informativa cambia a una velocidad vertiginosa es complicado saber en qué momento pronunciarse ya que las opiniones de uno pueden estar basadas en hechos con fecha de caducidad inmediata. Por este motivo hay que aprovechar cualquier parón para levantar la mano y hablar antes de que la rueda se ponga de nuevo a girar.


Tras 78 días desde las elecciones nos encontramos en un parón tras los pasados intentos de investidura en elque, a pesar de seguir siendo esclavos de los últimos tweets, podemos coger aire para empezar. Ahora que está tan de moda que cada uno lance sus propuestas, aquí va la mía: comentar dos arranques, dos comienzos.

El primero es el de la XI legislatura de la actual democracia española. Las fuerzas políticas no confluyen y, a parte del pacto de los toros de Guisando, no ha habido más acuerdos. Y no ha sido posible, descartando el “hipotético” egoísmo interno de los partidos, por las lecturas tan incorrectas que se han sacado de los resultados electorales. Unos hablan acerca del cambio y otros sobre los 7 millones. A pesar de toda la objetividad que puedan demostrar estos análisis, sigue sin ser el más neutral de todos. Y desde mi punto de vista ni ha ganado el Partido Popular ni ha ganado el cambio: lo que los españoles quieren es estabilidad. Ni Rajoy, ni Podemos. Estabilidad. Si tanto le gusta sumar votos al señor Sánchez, no debería perder un minuto en contar los 16.246.669 de votos que se le dio a la España constitucional, soberana y del bienestar.
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Y tenemos la inmensa suerte de que el deseo de los españoles reflejado en las urnas coincide con nuestra principal necesidad. El martes 1 de marzo el Ministro Margallo lanzó una pregunta sobre qué necesitaba España y los españoles. Sin duda a corto plazo España necesita de la estabilidad, aunque simplemente sea para resolver las cuestiones económicas más urgentes. En el largo, a los españoles nos sigue conviniendo una política asentada y fiable.

Pero estas ideas que lanzo son simples opiniones de mi visión de la realidad. Lo que resulta indudable es lo maravillosos que estos días están siendo. Ahora mismo la situación política del país está sumergida en un proceso apasionante que nos tiene a todos pendientes de la última noticia. En estos días, y más que nunca, es fundamental la participación ciudadana a través de diversos canales para que, como diría el señor Iglesias, “las personas confluyan”.

El segundo comienzo es el nacimiento a raíz de esta cuestión de El Ala Oeste de la Moncloa, un espacio virtual de ficción política en el que un gabinete formado por 12 ministros y ministras que a través del análisis, la crítica, la opinión, la propuesta, etc. busca comentar la realidad política actual y aportar nuestro granito de arena a la opinión pública. Bajo una presidencia que yo represento como Jefe de este Ejecutivo, queremos ser un nuevo foco de contenido. El blog se estará escribiendo desde 4 países (España, Estados Unidos, México y Perú) y el Gobierno lo formará gente de diversos puntos de nuestro territorio: León, Málaga, Tenerife, Palma, Córdoba, Madrid… Contamos con profesiones como abogados, economistas, médicos, periodistas, filósofos e ingenieros. Algunos están estudiando y otros en edad de trabajar. Se trata de un gran equipo de jóvenes que desde las perspectivas que ofrecen las diferentes carteras va poner de manifiesto cómo está y cómo nos gustaría que estuviera “el patio de nuestro país”.

¡Cuento, contamos con vuestro seguimiento de El Ala Oeste de la Moncloa!

Julio Wais