Cataluña, volver a empezar

EL DISCURSO DEL MIEDO, EL DESPRECIO A DISIDENTES Y LA CERRAZÓN
A CUALQUIER DIÁLOGO HA ALIMENTADO ESTA MOVILIZACIÓN,
COMPLETAMENTE INTOLERABLE EN TÉRMINOS DEMOCRÁTICOS

Hace unas semanas vimos en la final de Copa del Rey en la que Barcelona y Sevilla se enfrentaban, el último capítulo de la actual relación Cataluña-resto de España. Un conflicto al más puro estilo de los clásicos westerns. Más de uno nos hicimos algunas preguntas: ¿Es aquí hasta donde hemos llegado? ¿Dónde queremos llegar? ¿Es tan solo un comienzo? ¿Cuál es la solución?

En la vida no sólo existe el blanco y el negro. Algo característico y fascinante de las personas es la diversidad. La misión de cada uno no es sólo escoger el bando en el que tomar posición sino más bien analizarlos y ver qué persigue cada uno de ellos. Ver qué es lo que no funciona y cuál o cuáles pueden ser las soluciones. Es innegable que algo no está yendo bien en Cataluña, y se trata de encontrar un punto de acuerdo entre ambas posiciones. Busquemos entre el abanico de grises que tenemos a nuestra disposición.

Volviendo al terreno de juego, todos los sentimientos demostrados aquel día, no fueron nuevos ni obedecieron a una única causa clara. Es aquí donde hay que empezar a engranar las piezas. 

La defensa de la libertad de expresión –no solo en contenido– de hablar en castellano o catalán indistintamente es una idea que siempre nos debe acompañar. Ambas lenguas, hermanas e hijas del latín, son patrimonio cultural y se encuentran amparadas por la Constitución. 

Es muy difícil desempolvar estas ideas si continuamente nos vemos enfrascados en un conflicto del cual parece ya que no podemos huir. En los últimos años en algunas comunidades autónomas como Cataluña y Baleares los círculos independentistas han tratado de salir victoriosos empezando a ejercer presión desde la educación. Los más jóvenes siempre han sido usados como arma pues son ellos el presente y serán el futuro. No es banal comentar que en esta guerra absurda se le recrimine a tan sólo una niña por defender el mallorquín. ¿Por qué estamos discutiendo, si es de inteligentes cuestionar? Y por qué no: ¿No es más inteligente si cabe, plantearse dudas del sistema educativo actual?
La defensa de la libertad de expresión es una idea que siempre nos debe acompañar

Personalmente he tenido la suerte de hablar con gente que vivió en la España pre-democrática, donde lamentablemente en sitios como Mallorca aquel que hablara en catalán era duramente castigado mediante los implacables golpes de la regla que no eran más que una forma de privar de esa libertad que antaño se ansiaba. Actualmente, esta guerra se sigue produciendo pero utilizando unas armas que parecen ser mucho menos dañinas. En las Islas Baleares desde el 2004, la educación obligatoria se está ejerciendo el 70% en Catalán, es decir que si un niño de cualquier otra parte del país quiere o debe trasladarse lo deberá hacer de esta manera o acudir a algún colegio privado de carácter internacional. Y esto es así ahora, porque en cuatro años seguramente cambie, y hace cuatro fue distinto. Pero… ¿Cómo será en el futuro? La estrategia en toda guerra es la que es. No obstante, opino que no se trata ver quien dispara a la parte más vital del oponente, no. Se trata de hallar un mecanismo alejado de las armas y cuyo objetivo sea de verdad trabajar en un modelo común. 


Desde de la Transición, el Estado no ha puesto trabas a la rehabilitación de las lenguas distintas del español. Sencillamente se ha inhibido: ni ha colaborado en su recuperación ni ha puesto freno a las prácticas en menoscabo del bilingüismo de los gobiernos de signo nacionalista, dando lugar a la actual situación. Y es que lo más probable es que en este mismo momento un niño esté criticando a otro por hablar catalán y viceversa. Los niños no son más que el reflejo de nosotros mismos, y por ello se debe aspirar a una España cuyo plan educativo cubra las necesidades, sin dejar de lado al castellano (todo un orgullo que nuestro idioma sea el segundo más hablada en el mundo) y viendo a los más jóvenes enriquecerse con la cultura y lengua de cada una de las regiones españolas.

Los sentimientos nacionalistas han florecido ya que hasta ahora no hemos sabido comprender ni tratar con coherencia semejante situación. En sus inicios el independentismo catalán fue, de largo, el movimiento social más masivo y de mayor calado en nuestra historia reciente. La respuesta de las instituciones españolas no ha estado a la altura. El discurso del miedo, el desprecio a los disidentes y la cerrazón a cualquier diálogo ha alimentado esta movilización, completamente intolerable en términos democráticos y que pisotea los derechos de todos los catalanes.

Miguel Gallardo

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