El impacto terrorista en Europa

A DÍA DE HOY NO SE ENTIENDE NI LA VIDA NI LA CULTURA
ESPAÑOLA SIN LA APORTACIÓN COMUNITARIA TANTO
EN MATERIA ECONÓMICA COMO EN MATERIA SOCIAL

El pasado 22 de marzo fuimos nuevamente testigos de la sinrazón que supone cualquier tipo de terrorismo, y de forma más concreta, el que últimamente está poniendo en jaque a los servicios de inteligencia de todo Europa: el Yihadista. Este nuevo episodio de terror que se vivió en la capital europea, además de la consternación e impotencia que ha provocado por las más de treinta vidas sesgadas, alguna de ellas de nacionalidad española, también pone de relieve la fragilidad que padece la Unión, no solamente con respecto a la prevención de riesgos, sino también en el ámbito puramente político.

Mucho se ha hablado y se ha comentado en los medios acerca de la ineptitud de la policía belga y sus cuerpos de inteligencia, pero querer reducir a este único elemento el problema de seguridad que está padeciendo Europa es no entender los diversos retos que afronta la Unión de cara a su futuro.

DAESH (Estado Islámico) y su maquinaria del terror, además de suponer una amenaza constante para el mantenimiento de la paz en los países de la región, ha provocado de forma directa la migración de más de cuatro millones de personas, y esto en lo referente únicamente a Siria. Este panorama, bautizado por los medios como “la crisis de los refugiados”, ha supuesto para los gobiernos de la Unión Europea un serio aviso para que estos despierten de sus aletargados sueños. Y es que, son tan numerosos los problemas que esta situación presenta, que no resulta fácil diferenciar de manera razonada cuales de los efectos producidos por esta crisis de refugiados son, además de al propio estado terrorista, claramente achacables a unos u a otros.
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Europa se sitúa, sin duda, ante una de sus mayores crisis
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De pronto nos hemos despertado de este sueño de la “Europa Unida” y se nos ha dicho que hemos estado haciendo las cosas mal desde hace mucho tiempo, y no solo en el aspecto político, al parecer en el económico tampoco se ha estado muy acertado. A estas alturas no es difícil encontrar a altos funcionarios de la Unión Europea acusando abiertamente a países miembros de no poner en práctica los consejos que se les había trasmitido desde Bruselas en materia de seguridad. Tampoco es difícil encontrar a destacados miembros de ejecutivos europeos, como es el caso del Ministro Margallo, responsabilizando a la UE de no agilizar los trámites para poder realizar el efectivo acogimiento de refugiados en suelo nacional, o las quejas de unos Estados con respecto de otros por no estar de acuerdo en la estrategia de contra-inteligencia a seguir con los propios refugiados de los que se tiene sospecha y que actualmente consiguen pasaportes en Turquía para poder entrar en Europa. Y a todo esto hay que unirle el popular “Brexit” por el cual Reino Unido puede que dé por terminada su participación en el proyecto europeo común. Sin embargo, lo más alarmante es que todas estas cuestiones pertenecen a temas diversos, como son: seguridad europea, acogimiento de refugiados (con todo lo que ello conlleva), problemas económicos, culturales, etc. o el posicionamiento geopolítico de la Unión Europea con respecto al conflicto Sirio.

Además de lo ya mencionado, los países de la Unión se han echado sobre si mismos otra pesada losa frente a la opción pública, el mal explicado pacto de los veintiocho con Erdogan, por el que acuerdan la expulsión de los refugiados que lleguen a Grecia desde Turquía. Dicho pacto no es tan simple como el titular de la propia noticia nos quiere hacer pensar. Sin embargo, hay que reconocer que una vez más el tacticismo político de los países miembros ha brillado por su ausencia. Pocos pactos podían dar una peor imagen de cara a la opinión pública, y más en un momento tan delicado como en el que nos encontramos, por no mencionar la ruptura de algunos países, como Polonia, del acuerdo acogimiento de refugiados, afirmando que cierran sus fronteras a todo refugiado.

Esta situación provoca, como ya se ha mencionado, una crisis interna, no solo desde el punto de vista de la seguridad o la cooperación, sino también en relación a los propios valores y principios sobre los que se fundó la Comunidad Europea. Si no somos capaces de priorizar las amenazas comunes frente a las propias, si no somos capaces de apoyar y posicionarnos en el lugar de otros (sean refugiados o estados miembros) y no somos capaces de presentarnos frente al resto de países como una alternativa será y responsable de gobierno, muy probablemente no seremos capaces de hacer que este proyecto perdure a largo plazo.

En lo que a España respecta, debemos de tener nítidamente claro que la participación en el proyecto europeo nos ha traído consigo los mayores años de prosperidad económica, social y política. A día de hoy no se entiende ni la vida ni la cultura española sin la aportación comunitaria tanto en materia económica como en materia social. Por ello debemos de adoptar una postura más activa en la defensa de los principios europeos, y si ello nos supone la enemistad con algún estado miembro o con la opinión pública, debemos entender que la participación en este proyecto acarrea no solo derechos, sino también responsabilidades. Por ello, seria un gran avance que España, por todo lo sufrido en materia terrorista a lo largo de su historia, encabezara las relaciones inter-institucionales de la unión y que buscara una solución a este problema que actualmente parece encontrarse anclado en los discursos internos de cada país que sin tener altura de miras están llevando al abismo lo que tanto tiempo se ha tardado en conseguir.

Luis Miguel Melián