¿A quién beneficia el salario mínimo?

UNA SUBIDA DEL SALARIO MÍNIMO TIENE EFECTOS OCULTOS SOBRE EMPLEADOS Y EMPRESARIOS

Hace poco, el presidente del gobierno Mariano Rajoy ha anunciado unas fuertes subidas del salario mínimo para los próximos ejercicios, condicionadas a una serie de objetivos económicos para el país. El salario mínimo, que actualmente es de 707 €, pasaría así hasta los 840 € en 2020, un aumento total de casi un 20%. Las reacciones a este acuerdo son las esperadas: el PSOE, que no gobierna y no está atado por lo que proponga, proponía subirlo a los 1000€, Podemos también lo consideraba insuficiente.

Los motivos por los que la izquierda suele estar a favor de subidas del salario mínimo suelen ser dos: el argumento marxista de que el empresario avaricioso se queda con los beneficios del trabajo del pobre empleado, y el argumento de que al repartir más la riqueza se activa más la economía (si el empresario gana 100€ más, como ya se supone que gana una cantidad grande es probable que esos 100 €, o un porcentaje importante de los mismos, se dediquen al ahorro, mientras que el empleado previsiblemente tendrá menor capacidad de ahorro, recirculando el dinero y activando la economía). Un tercer argumento muy utilizado es que en España es imposible sobrevivir con un sueldo de 700 € y tener una vida digna.

El primer argumento es una manipulación descarada de la realidad. El empresario debe obtener más rentabilidad de un empleado que el sueldo que le paga (o de lo contrario no le contrataría), pero es que además esta rentabilidad debe ser muy superior al sueldo para que le compense su contratación. Los 700 € de salario mínimo no incluyen las cotizaciones de la seguridad social que paga la empresa por cada empleado, que aumentan notablemente ese importe. Además, no vale con sacar unos ingresos equivalentes al coste total del trabajador que paga la empresa, porque hace falta cubrir el coste del capital y otros elementos necesarios para la empresa (sea camiones, máquinas, alimentos, instalaciones, mercancías, etc.). Una vez cubierto el coste total del trabajador y el coste total del capital, el rendimiento de los trabajadores tiene que dar todavía unos ingresos suficientes como para que el empresario saque beneficio personal, ya que nadie monta una empresa arriesgando su propio dinero (directamente o mediante préstamo) para unos beneficios pequeños. Uno no monta una tienda de ropa para ganar 700 euros al mes, porque para eso se hace dependiente de una tienda establecida, gana lo mismo y no arriesga su patrimonio. En resumen, el empresario arriesga su capital y por ese debe esperar un rendimiento mayor que el empleado, que asume un riesgo menor (principalmente, posibles impagos, a cambio de estabilidad en los ingresos). Por supuesto que hay empresarios que podrían repartir más los beneficios para sus trabajadores, pero la ecuación no es tan simple como “genero ingresos de 1.200€ y cobro 700€ por lo que sacan 500€ de beneficio al mes por mi trabajo y merezco ganar más por ello”.

El segundo argumento asume un mundo ideal en que una subida de salarios no afecta al empresario. Una subida del 20% del salario mínimo supone al menos ese incremento del coste por cada trabajador. Las empresas que tengan márgenes de beneficio altos se lo podrán permitir, aunque pueden limitar las nuevas contrataciones. Las empresas que estén en el límite de los beneficios o pérdidas posiblemente tengan que optar por reducir su plantilla de trabajadores para acomodar los nuevos costes y mantenerse a flote. Es posible que los trabajadores que se mantengan cobren más, pero también tendrán que cumplir la parte del trabajo que realizaban los despedidos. El argumento de repartir el dinero entre más personas para favorecer su circulación se cae así por su propio peso cuando por el aumento del salario mínimo disminuyen las contrataciones o se provocan despidos.

El tercer argumento tiene parte de razón, es difícil vivir en España con el salario mínimo. Sin embargo, esa dificultad se debe a la localización. En Madrid y Barcelona, incluso viviendo en compañía, es difícil no dedicar al menos la mitad del salario al alquiler/hipoteca. Sin embargo, el salario mínimo aplica a toda España, igual en un pueblo de Soria que en el Paseo de Gracia. Lo que en Madrid no da para comer, en Teruel puede proporcionar un nivel de vida que permita algún capricho. De haber un salario mínimo, sería más apropiado establecerlo por comunidades autónomas o provincias que por el total del país, porque posiblemente en determinadas partes de España haya empleos que por 500-600 € mensuales proporcionen un nivel de vida aceptable.

Al final la pregunta es la siguiente: si el salario mínimo es una medida que provoca paro, ¿por qué los sindicatos lo defiendencuando deben pensar en el interés de los trabajadores? ¿No es mejor trabajar por 600 € que estar en el paro? El motivo es bien sencillo. Los sindicatos no dejan de ser un lobby, y como todos, miran por su propio interés. Para mantenerse necesitan afiliados, y la gente se afilia si tiene trabajo y si siente que los sindicatos le sirven. El salario mínimo es una medida proteccionista pensada para el empleado que ya tiene trabajo, porque dificulta la contratación de nuevos empleados que le hagan competencia y le puede aumentar el sueldo, a costa de generar paro y aumentar el riesgo empresarial. Si los sindicatos presionan para un aumento de los costes del despido, el trabajador está contento porque mantiene su trabajo y los sindicatos cobran su afiliación. Si presionan para un aumento del salario mínimo, el beneficio es expansivo: en España no se suele pagar el salario mínimo, ya que cada sector suele tener un convenio. Ahora, estos convenios si toman al salario mínimo como base, por lo que cualquier aumento les proporciona poder en las negociaciones de cada sector, aumentando su valía a ojos de sus afiliados, y aumentado o manteniendo sus afiliaciones. El que pierde es el más desfavorecido, aquel que es despedido o no encuentra trabajo, porque no hay empresarios que puedan sacar un rendimiento suficiente de su trabajo como para contratarle, aunque él hubiese estado dispuesto a trabajar por una cantidad menor.

Gonzalo Aguilar
Ministro de Economía, Industria y Competitividad de AOM

¿El injusto Cupo Vasco?

EL MODELO FISCAL VASCO NO DEBERÍA ELIMINARSE, DEBERÍA APLICARSE EN TODA ESPAÑA

Esta semana el Congreso de los Diputados ha aprobado un nuevo cupo vasco que regule las relaciones fiscales entre Euskadi y el resto de España. En resumen, a cambio de las competencias no transferidas a la CCAA, las tres provincias vascas pagan a la Administración Central una cantidad acordada de antemano con el Estado sobre el total de los impuestos que han recaudado en su territorio. Esto marca una diferencia con el resto del país, donde la recaudación va al Estado, que es quién procede a repartirlo entre las CCAA de acuerdo con varios factores.

Hipotéticamente el cupo podría ser positivo o negativo para el País Vasco. Un año de buena recaudación le supondría obtener muchos más ingresos que la cuota que debe pagar, mientras que un mal año le dejará con deudas frente al Estado. En la práctica no es así, ya que la cuota se calcula sobre el tamaño económico que tenían las provincias vascas en 1982. Desde entonces Euskadi se ha desarrollado económicamente a un nivel superior a la media del resto del país, por lo que la cantidad que le toca pagar correspondería a una comunidad autónoma menos potente, lo que suele originar críticas por parte de los detractores del cupo, ya que argumentan que no respeta la solidaridad interterritorial que aparece en la Constitución.

¿Hasta que punto es injusto este sistema? La realidad es que es una competencia desleal con el resto de España, ya que Euskadi juega con unas reglas mucho más ventajosas. Sin embargo, el sistema, bien utilizado, puede tener mucho más sentido que el actual modelo fiscal autonómico. Establecer un cupo para cada Comunidad Autónoma cada cinco, diez o quince años en base a su nivel económico respecto al resto del país y pedirle que aporte en consecuencia, quedándose las cantidades que superen dichos importes puede estimular de verdad la economía. Si los gobiernos autonómicos tuviesen que preocuparse de generar empleo y estimular la economía veríamos esfuerzos reales por mejorar económicamente y atraer inversiones, y no la parsimonia y mantenimiento de las clientelas que se manejan en algunas Comunidades. Lo mejor de este sistema es que saldría ganando el ciudadano, porque si una Comunidad, agobiada por su bajo desarrollo económico, decidiese subir los impuestos, causaría un éxodo de inversiones al volverse menos atractiva que las Comunidades circuncidantes (por no hablar de que el partido gobernante posiblemente perdiese las elecciones), obligando de este modo a que el desarrollo económico estuviese basado en un crecimiento del poder económico y no en el aumento de la presión fiscal.

Es cierto que este modelo pondría en competencia a unas CCAA frente a otras, pero visto que el modelo actual no funciona, y crea desigualdades y tensiones, quizá convendría probar con una alternativa que obligue a un esfuerzo real. En cualquier caso, el plazo de revisión del peso de cada CCAA evita que una CCAA quede hipotecada para siempre, porque si se hunde económicamente, en no más de cinco años verá reducida la cantidad que tiene que aportar.

Una de las críticas que siempre se le hace al sector público es que derrocha el dinero al no sentirlo como propio. La amenaza de una menor financiación si las cosas no se hacen bien puede ser el estímulo necesario para que las acciones económicas redunden en el beneficio de todos los ciudadanos y no sólo en el de los miembros del partido en el poder.

Gonzalo Aguilar
Ministro de Economía, Industria y Competitividad de AOM

Economía a la Deriva

EL PROCÉS FRACASA ANTE EL ABANDONO MASIVO DE LAS EMPRESAS

Tras un par de meses de alta tensión en España por la ofensiva independentista del Govern catalán, el proyecto rupturista parece haber quedado herido de muerte. El golpe definitivo no se lo han dado ni las grietas internas del bloque separatista ni el anuncio de la aplicación del artículo 155. El problema principal del independentismo ha sido que las empresas no confían en el futuro de un hipotético estado catalán, ni éste ha obtenido verdadero reconocimiento internacional.

¿Por qué se van las empresas de Cataluña? Aunque los motivos están relacionados con la independencia, las causas son muy variadas. Por citar algunas, existe inseguridad jurídica por la posibilidad de dos administraciones tributarias, la realidad de quedar fuera del mercado interno de la UE es muy preocupante y la situación económica de una Cataluña independiente sería, cuanto menos, precaria. En resumen, las empresas se mueven por sus intereses, y a día de hoy quedarse en Cataluña es arriesgarse a quemar dinero.

Una hipotética declaración de independencia sería discutida por España, que jamás la reconocería. Por tanto, a la hora de pagar el impuesto de sociedades (o cualquier otro impuesto) ambas Administraciones pretenderían la recaudación del territorio, originando graves problemas. ¿Se imaginan ser una empresa y no saber a quién tienen que pagar impuestos? El pago en sí mismo implicaría la elección de un bando, y pagar a ambas o a ninguna no es una opción. La Administración repudiada respondería con multas y sanciones, y aunque se escogiese el bando ganador, causaría muchos perjuicios internos en el camino. Ante esta situación de inseguridad, lo más cómodo es moverse fuera de Cataluña y evitar el problema.

Yendo un paso más allá, supongamos que Cataluña se constituyese en un Estado independiente. En este caso, como se ha repetido hasta la saciedad pese a las mentiras independentistasel nuevo Estado no formaría parte de la Unión Europea. Normalmente nos fijamos en la libre circulación de personas porque es lo que más nos afecta en el día a día, pero para las empresas son más clave la libre circulación de capitales y mercancías, ahora anuladas. Una Cataluña independiente reduciría sus exportaciones, porque las tasas y aduanas encarecerían el precio de sus productos en el exterior. Supongamos un ejemplo: una tasa del 10% en precios de alimentos tendría dos efectos negativos para una empresa de alimentación. El primero es que al ser un 10% más caro es probable que las ventas caigan, al haber gente que ya no pueda permitirse esos precios. El segundo, al no haber cambiado los precios de la competencia, la gente comprará otros productos. Si una pizza de Casa Tarradellas es notablemente más cara que una de La Cocinera la gente comprará la de La Cocinera aun pudiendo permitirse ambas, ya que son productos sensibles al precio por su poca diferenciación. Una vez más, esto se evita moviendo la empresa fuera de Cataluña, permaneciendo a salvo de tasas y aduanas.

Por último, siguiendo con el ejemplo de una Cataluña independiente, un escenario probable sería que el hipotético Govern estuviese constituido por un tripartito de ERC, la CUP y En Comú Podem. Ante la perspectiva de una Administración compuesta por partidos de extrema izquierda, anticapitalistas, que creen en saltarse la ley cuando les conviene y que la expropiación es democracia, es entendible que las empresas quieran huir a toda velocidad.

Es impactante como ha ido cambiando el discurso nacionalista estos años, especialmente en el último mes. De los creadores de “los bancos se van a pelear por estar en Cataluña”, vino el “no va a haber una fuga de empresas en Cataluña”, y al “no hay motivos de alarma”, pero pronto se pasó a echar culpas, a asegurar que se iban de manera temporal sabiendo que es mentira y a otras declaraciones que parecen sacadas de El Mundo Today pero que son desgraciadamente ciertas.

Al final todo este desarrollo de los acontecimientos es bastante triste. La libertad de movimientos de las empresas es positiva, pero cuando el traslado no se corresponde a la mejora de las condiciones en la nueva sede sino a al empeoramiento de las condiciones en la antigua, todos salen perdiendo.

Gonzalo Aguilar
Ministro de Economía, Industria y Competitividad de AOM

¿Espanya ens roba?

EL PRINCIPIO QUE SIGUE LA SOLIDARIDAD INTERTERRITORIAL ES EL MISMO PRINCIPIO QUE RIGE LA PROGRESIVIDAD DE LOS IMPUESTOS

Uno de los múltiples argumentos que los independentistas de Cataluña utilizan como justificación para su referéndum ilegal es que España les roba: esto es, Cataluña contribuye con parte de sus impuestos a la financiación y el desarrollo de otras Comunidades Autónomas que no tienen su nivel de riqueza. Los independentistas hablan de expolio, y aunque las cifras no llegan ni de lejos a las que ellos argumentan, es cierto que Cataluña da más dinero del que recibe. Los partidarios de la independencia creen que si todo el dinero de Cataluña se destinase a Cataluña, en lugar de otras regiones, Cataluña sería más fuerte y próspera.

Quiero comentar dos cosas a este respecto. El primero es el hecho de que tres de los cuatro partidos que apoyan el referéndum en mayor o menor medida (Esquerra Republicana, la CUP y Podemos) no deberían, por coherencia, utilizar este argumento ni dejar que se repitiese mucho. Estos partidos apoyan subidas de impuestos a las rentas altas en aras de un aumento de la calidad de los servicios sociales y de la redistribución de la renta. A pesar de que alguna vez han comentado su desacuerdo con el lema, los cabecillas del movimiento nacionalista siempre lo han tocado muy de pasada, asegurándose que no se les vincula con él pero dejando que el argumento se use para reclutar nuevos seguidores a su causa.

¿Y por qué no deberían usar este lema? Porque el principio que sigue la solidaridad interterritorial es el mismo principio que rige la progresividad de los impuestos. Las personas que gozan de unas rentas más altas contribuyen más a las arcas del Estado que las que tienen rentas bajas, pero sin embargo tienen acceso a los mismos servicios sociales, y en ocasiones disfrutan de menos beneficios. Es decir, parte de su renta se dedica a la financiación y el desarrollo de la gente con rentas menos altas. Los mismos que exigen que Cataluña se autofinancie sin solidaridad pondrían el grito en el cielo si Cristiano Ronaldo o Messi exigiesen que en caso de necesitar un trasplante se les pusiese al frente de la lista porque pagan más impuestos que los demás.

El segundo punto que quiero comentar a este respecto es que, como comentaba Juan Ramón Rallo recientemente, la existencia del sistema de solidaridad interterritorial desincentiva a las Comunidades Autónomas a dinamizar su economía. Si Andalucía tuviese que funcionar únicamente en base a lo que recaudase desde 2020, por poner un ejemplo, y no se pudiese mantener el aparato autonómico actual, ya veríamos como se preocupa de fomentar el empleo privado y la dinamización de la economía, en vez de tener un porcentaje de empleados públicos 10 puntos superior al de la media europea, y con una jornada de 35 horas semanales, notablemente más corta que la de la mayor parte de los españoles.

El sistema de solidaridad interterritorial aunque bienintencionado, genera problemas, porque al final se tiene la sensación de que otras comunidades se aprovechan del trabajo de los territorios líderes en PIB. No comparto muchas cosas con los nacionalistas, pero reconozco que en este punto tienen razón, el Estado nos roba.

Gonzalo Aguilar
Ministro de Economía, Industria y Competitividad de AOM

Dinero para quemar

EL CAMINO AL INFIERNO ESTÁ EMPEDRADO CON BUENAS INTENCIONES

Recientemente, leí que el bolívar, moneda de Venezuela, se valora menos en el mercado negro respecto al dólar que el oro del videojuego World of Warcraft, que se consigue principalmente derrotando monstruos, generados de manera infinita. Que la moneda de un país se valore menos respecto al dólar que la moneda virtual infinitamente creciente de un videojuego da una idea de los problemas del país.

La inflación consiste en un aumento generalizado de los precios de los bienes de un país, por lo que con la misma cantidad de dinero se pueden adquirir cada vez menos bienes. La inflación en Venezuela está alcanzado un punto difícilmente sostenible, con más de un 200% acumulado en lo que va de año y con previsiones del 700% para el año que viene, según el Fondo Monetario Internacional. De pasar en España, algo tan simple como una Coca Cola de supermercado, que puede valer en torno a los 60 céntimos, superaría los 4€, precio que consideraríamos abusivo hasta en un restaurante. Aplicado al resto de la economía, un país no puede sobrevivir de esta manera (se cuenta, por ejemplo, que en la Alemania de los años 20 se calentaba más la casa quemando billetes que con la leña que podría comprarse con ellos).

¿Qué medidas ha tomado el gobierno venezolano para solucionar el problema? Subir el salario mínimo una y otra vez, para elevar la capacidad adquisitiva de los trabajadores. Esta medida, que parece intuitiva, lo único que hace es acrecentar el problema. Si los trabajadores cobran un 50% más, los costes de todas las empresas aumentan considerablemente, por lo que para evitar la ruina tendrán que incrementar los ingresos, subiendo de nuevo los precios y generando más inflación.

¿Por qué se ha dado esta inflación tan brutal? La ola de expropiaciones de los gobiernos de Chávez y Maduro, combinado con su incapacidad para seguir produciendo al nivel anterior llevó a la escasez de productos básicos, con el consiguiente aumento de su precio. Para evitar que los precios se disparasen, el gobierno estableció controles de precios limitando el precio máximo de determinados productos. Ahora bien, cuando un producto es escaso y no es fácil adquirirlo siempre habrá gente dispuesta a pagar más por obtenerlo. Si un empresario tiene 100 litros de leche y al venderlos en la tienda gana x por litro pero al venderlos de manera ilegal puede ganar 5x, apartará parte de la producción para el contrabando. Esto es lo que ocurrió en Venezuela, generando aún más escasez, y perjudicando a aquellos que actúan dentro de la legalidad. El resto de la economía, al ver la espiral de inflación de determinados bienes, aumentó los precios para no perder poder adquisitivo, llegando a los niveles de inflación actuales.

Al final, la única manera de controlar la inflación con un control de precios es establecer precios para todo el conjunto de la economía y crear un estado policial lo suficientemente poderoso como para eliminar la posibilidad de contrabando. Es decir, un estado prácticamente comunista.

No es una solución ideal, pero para controlar la inflación lo mejor es no tocar los precios. La inflación se da por la escasez, por lo que si se quiere solucionar el problema actuando en vez de dejar al mercado corregirse, lo mejor es fomentar la producción hasta que se equilibre oferta y demanda en un precio asequible (aunque se corre el riesgo de crear una burbuja). En política nada es sencillo, e incluso intentar, con la mejor intención, limitar los precios de un producto para que todos puedan permitírselo puede acabar causando el colapso en cadena de toda la economía del país si no se actúa correctamente.

Gonzalo Aguilar
Ministro de Economía, Industria y Competitividad de AOM

¿Nos abandona la FED demasiado pronto?

LA SITUACIÓN ECONÓMICA DE EEUU PARECE PODER AGUANTAR UNA SUBIDA PAULATINA DE TIPOS, ALGO YA DESCONTADO POR EL MERCADO, MIENTRAS QUE LA VIEJA EUROPA ES MAS DEPENDIENTE DEL ECB

El pasado 14 de diciembre la FED decidió incrementar en 25 puntos básicos el rango de tipos de interés para los fondos federales de Estados Unidos (Target Federal Funds Rate) estableciendo dicho rango entre 0.50% y 0.75%. Esta tasa, que estuvo en mínimos históricos desde 2008 a 2015, regula el tipo de interés por el cual los bancos se prestan dinero entre ellos generalmente en operaciones intradía. De esta forma, los bancos obtienen financiación rápida con la que poder cumplir con sus requerimientos de capital.

Pero, ¿por qué el mercado mira con tanta atención a las políticas de los diferentes Bancos Centrales respecto a esta tasa? La FED, principalmente, utiliza esta tasa para dos objetivos: estabilización de precios (con un objetivo actual de inflación del 2.0%) y la creación de empleo. Un incremento de esta tasa desalienta a los bancos a prestarse dinero entre sí para llegar a sus requerimientos de capital al incrementar el coste del mismo y por lo tanto deben recurrir a incrementar sus reservas internamente inyectando menos dinero en el mercado o incrementando el tipo de interés de sus préstamos. Por el contrario una bajada de esta tasa incentivaría los préstamos interbancarios y maximizaría la cantidad de capital que los bancos pueden inyectar en el mercado en forma de préstamos a la vez que reduciendo su coste para el consumidor.

Para entender si es el momento adecuado o no para que la FED suba tipos, si debe seguir haciéndolo y a qué ritmo es importante tener en cuenta el concepto de “Tipo de interés Natural”.  Este estado de equilibrio es aquel en el que la tasa de interés es consistente con una inflación estable y con la economía a su nivel más eficiente. Si se estableciese una tasa de interés por encima de su punto de equilibrio se podría dar una situación de falta de liquidez en el mercado ya que el coste que los bancos establecerían para financiar la economía sería excesivo para el sector productivo con la consiguiente caída económica y crecimiento de la morosidad lo que a su vez podría llevar a una caída de precios (pudiendo llegar al extremo de deflación) y además afectaría la propia solvencia de los bancos. Si la tasa de interés estuviese por debajo del punto de equilibrio se daría el caso contrario.

Por lo tanto debemos hacernos dos preguntas:

  1. ¿Se encuentra la economía de EEUU y la economía mundial suficientemente preparada para una subida de tipos?
  2. ¿Acompañaran el resto de Bancos Centrales el cambio de sentido en la política monetaria de la FED y al mismo ritmo?

Analicemos primero cual es el estado actual de los puntos cardinales sobre los que la FED y el resto de bancos centrales basan su política monetaria: la inflación y el empleo. La inflación en Estados Unidos cerro 2016 en 2.1%, su tasa más alta desde 2012, un 0.1% por encima de la inflación objetivo marcada por la FED. Los analistas esperan que si el precio del petróleo se mantiene estable la inflación americana se mantendrá entre el 2%-2.5%. Mientras que en la zona Euro la inflación ha crecido desde 0.2% en diciembre 2015 a 1.1% en diciembre 2016. Muy por debajo del target del BCE del 2.0%. Primera discrepancia entre momento macro de EEUU vs Europa, ya que mientras que EEUU llega a su target de inflación la Unión Europea está por debajo con estimaciones de analistas para los próximos años del 1%-1.6%.

En cuanto al empleo, la tasa de desempleo en EEUU a diciembre 2016 fue 4.7%, colocándose al mismo nivel que los mejores datos de desempleo en niveles pre 2008. Por el otro lado la tasa de desempleo de la zona Euro a diciembre de 2016 es de 8.3% en comparación con niveles pre 2008 de entorno al 6.5%. Aunque hay muchos matices a estos números como la creciente desigualdad de poder adquisitivo, problemas estructurales de algunos países de la zona Euro y el tipo/calidad de trabajo creado en comparación con hace una década se observa de nuevo en este dato macro cierta disparidad en la consolidación de la recuperación económica entre EEUU y Europa.

Aunque aún hay dudas sobre las políticas económicas que la administración Trump llevará a cabo las señales parecen indicar que se centrará en una reforma fiscal que sirva de estímulo a la economía previendo un crecimiento del PIB en 2017 del 2.1% vs 1.6% en 2016. Otras reformas fiscales como las llevadas a cabo bajo la administración Reagan y Bush ya tuvieron un importante éxito pero hay que tener en cuenta que en el caso de Trump el estímulo es para una economía operando ya a su máxima capacidad.

En conclusión la combinación de un crecimiento más acelerado de la economía americana como resultado en parte del posible estímulo fiscal y una inflación alineada con los objetivos de la FED contribuirán en mi opinión a más incrementos de los rangos de tipos de interés en 2017 y 2018. En esencia se está sustituyendo una política de estímulos basada en políticas monetarias de la FED (reducción de tipos de interés y Quantitative Easing) por estímulos fiscales. Por otro lado Europa y Japón no han consolidado de forma tan agresiva como EEUU su recuperación económica lo que hace pensar que los bancos centrales de estas regiones no llevaran a cabo una subida de tipos o al menos no tan rápido como la FED. De hecho, el BCE en su reunión del pasado 19 de enero no incremento los tipos aunque si rebajo la cifra del QE mensual de €80 billones a €60 billones a partir de marzo 2017.

Guillermo Mira
Ministro de Economía y Competitividad de AOM