Cambiando los paradigmas de la Educación

CREO PROFUNDAMENTE QUE EN EDUCACIÓN LA BALANZA DEBE CEDER EN FAVOR DEL CRECIMIENTO TÉCNICO

Hoy quiero hablar de la educación y de empleo, de ese punto de encuentro que debería haber entre ambos. Para todo aquel que no me conozca personalmente, le cuento que trabajo en la plataforma de empleo universitario más grande de Europa y tengo la posibilidad de ver muy de cerca cómo se lleva a cabo la creación de empleo. Este es un dato que considero importante ya que me permite estar muy cerca de la realidad.

Hay una pregunta que me cuesta responder: ¿En qué dirección debe ir la educación en España? ¿Debe apostar por un conocimiento humanístico que eleve el conocimiento de nuestros jóvenes? ¿O tiene que, en cambio, dotar de habilidades técnicas que te permitan desarrollar un gran criterio en un campo? La respuesta fácil apostaría por buscar el equilibrio, pero creo que hay que tomar decisiones y mojarse. Espero explicarme bien.

Son tres los agentes que tienen aquí un papel fundamental y una gran responsabilidad: universidad, estudiante y empresa (y aquí el orden importa). Veamos.

Creo que el principal responsable de la (ponga el adjetivo que desee) situación que estamos aquí viviendo en torno al desempleo juvenil es la universidad. Y lo creo porque han perdido su identidad como centros de innovación del mundo para convertirse en un paso necesario y en ocasiones tedioso. A cualquier miembro del entorno universitario se le podría caer la cara de vergüenza al escuchar comentarios como “4 años estudiando para ir al paro” o al ver cómo cientos de miles de jóvenes no han sido capaces en equis cursos prepararse lo suficiente como para cumplir unos requisitos mínimos de prácticas. El contacto más real que puede tener la educación superior con la empresa es el de una relación tan íntima que permita ver al profesorado en qué dirección va el mercado. En ocasiones da la sensación de que los docentes buscan preparar grandes líderes olvidándose por completo que el primer paso es conseguir un puestecito en una compañía.

En segundo lugar parte de la ‘culpa’ recae sobre los hombros de los alumnos. ¡¿Cómo?! Sí sí, has leído perfectamente. El candidato que aspira a un puesto de trabajo no puede pretender que el mercado le fiche si no ofrece una solución. Cuando uno arranca su carrera universitaria debe preguntarse cómo van a estar las cosas dentro de unos años (si su objetivo es encontrar un trabajo dentro de su campo) y no pensar si en una carrera hay mayor o menor carga de estudio. A estas alturas de la película todos debemos ser mayorcitos y ya no toca rechistar exigiendo un puesto de trabajo.

Por último quiero defender al mercado y ponerme de su lado. Me refiero a que si una serie de personas están jugándose sus inversiones en una empresa y están buscando a gente joven que les ayude con un problema determinado, no pueden verse obligadas a contratar a alguien por el hecho de que tiene ‘ganas de aprender’. Como dijo en su artículo hace poco mi amigo Gonzalo Aguilar desde Hacienda y Función Pública: “El objetivo de toda empresa es ganar dinero. Un CEO que renuncie a beneficios pero mejore la sociedad a cambio, será muy loable como persona, pero un irresponsable como gestor, porque ni es su dinero, ni es su empresa, ni es la misión para la que se le ha contratado”. Aquí se ficha a gente que me ayude a crecer, y para hacer RSC ya existen una gran variedad de acciones.

¿Debemos tener en España auténticos expertos de la transformación digital que no sepan quien pintó la Capilla Sixtina o España debe ser un país de eruditos que desconozcan qué es un KPI? Creo profundamente que la balanza debe ceder en favor del crecimiento técnico y dejar de lado al conocimiento humanístico. Muchos ponen el grito en el cielo cuando se margina a la Filosofía (mil disculpas filósofos, es por poner un ejemplo) de los planes de estudio. Y sin embargo nadie (la opinión pública) dice nada cuando en miles de puestos para becas se piden una serie de conocimientos informáticos (por poner otro ejemplo) y resulta muy complicado encontrar un candidato con ese perfil.

Os confieso que me gustaría estar hablando de este tema mucho más tiempo, pero he procurado ser lo más conciso posible para transmitir mi idea: la educación debe estar enfocada al mercado de trabajo.

Termino hablando del hombre que ven encabeza este texto. Se trata de Sir Ken Robinson. A quien le he robado el título de su famosa conferencia. Este visionario británico con su cambio de paradigma reclama una revolución en los sistemas educativos. Coincido al cien por cien con sus ideas, que por cierto, te animo a que escuches.

Julio Wais
Presidente de Gobierno de AOM

Un breve comentario (es sobre corrupción)

ESCUCHAR “ANDA QUE MENUDA TELA” CADA VEZ QUE RECONOZCO CIERTO INTERÉS EN DAR UN PASO HACIA ADELANTE POR ESPAÑA ES COMO RECIBIR UN TORTAZO DE REALIDAD

Una de las señas de identidad de El Ala Oeste de la Moncloa es la oficialidad de las palabras de sus ministros. El hecho de formar un gobierno ficticio y adquirir una identidad “oficial” nos obliga a adoptar discursos formales más propios de un responsable de cartera que de un hater twittero. Reconozco que hay que poseer mucha templanza para cada mes contar hasta diez antes de empezar a escribir unas palabras que a más de uno le sentarían mal. Hoy me toca a mí realizar dicho ejercicio y buscar los términos adecuados para desarrollar unas ideas complicadas. Procuraré no salirme del dibujo.

Quiero (¿tengo que?) hablar de la corrupción. Pero no pretendo esbozar otro artículo más de la corrupción con mayúsculas, que me parece que se está convirtiendo en un cliché demasiado previsible. Me gustaría hablar de cómo creo que la sociedad a través de la opinión pública está corrompiendo a España gracias a la corrupción. Nuestro país, cuna del chivo expiatorio, parece haber encontrado en la corrupción un discurso cómodo sobre el que lanzar todas las excusas posibles de un aparentemente débil sistema político. Por poner el ejemplo más conocido, la izquierda más radical, Podemos, construye historias con nombres comerciales (Casta y Trama son muy pegadizos) para rellenar un espacio que se inunda de críticas mientras ansía halagos. La clave pasa por presentar un futuro muy oscuro a la ciudadanía para que ésta coseche una visión lamentable de su clase política. Y no defiendo a nadie que haya cometido algún delito, ojo, pero realizar semejantes críticas sobre la clase política condicionará a cualquiera que quiera hacer algo por su país. Escuchar “anda que menuda tela” cada vez que reconozco cierto interés en dar un paso hacia adelante por España es como recibir un tortazo de realidad.

Estamos matando la política y, nosotros los ciudadanos, también estamos siendo cómplices de la corrupción al precisamente corromper el sistema y nuestro país con una ira que aunque sea totalmente razonable debe ser analizada fríamente. Y criminalizar cualquier mínima sospecha de movimiento un poco translucido lo único que genera es una inquietud constante independientemente de quien sea el líder que nos represente. Ahora con la chorrada el tema de la moción de censura presentada por los ‘purples’ la palabra que más se emplea es instrumentalizar, y en vez de instrumentalizar el parlamento lo que verdaderamente está ocurriendo en nuestro país es una auténtica instrumentalización de la corrupción como arma de ataque a cualquier ilusión política.

Pero basta ya de quejas. En AOM nos pasamos el día generando nuevas ideas para mejorar como nación. Como he comentado antes, no justifico en absoluto ninguno de los actos ilegales ni de los abusos del poder demostrados, pero ni debemos ‘condenar’ tan pronto ni ‘castigar’ tan tarde. ¿A qué me refiero? A que el modelo que me gustaría proponer como Presidente sería uno en el que se contemplara realmente la presunción de inocencia hasta las últimas instancias y que luego se dictaran condenas más duras. Sinceramente me asusta ver cómo algunas fuerzas políticas lanzan aparentes amenazas en las que a la primera de cambio ya se está advirtiendo de que una imputación es sinónimo de dimisión. ¿Qué va a ser lo siguiente? ¿Dimitir por testificar? Si bajamos radicalmente el listón lo único que lograremos será una inseguridad abismal en el mandatario de turno que temblará cada vez que su nombre aparezca con un miedo terrible por tener que renunciar, no vaya a ser que un día se salte un ceda el paso y deba cumplir 28 años de condena.

Máxima presunción de inocencia y máxima condena cuando corresponda, porque ni aquellos que ven sus causas retiradas deben vivir el resto de sus días con la condena pública ni los culpables por corrupción política pueden enfrentarse a causas inferiores. El poder concedido por la ciudadanía conlleva una gran responsabilidad, que si se ve mal empleada debe recibir el merecido castigo.

Julio Wais
Presidente de Gobierno de AOM

¿España sigue mereciendo la pena?

ESPAÑA ES UNA GRAN NACIÓN. QUIEN NO LO CREA SE ESTARÁ SITUANDO EN UNA POSICIÓN COBARDE QUE ESCONDERÁ UN MIEDO TREMENDO POR ENFRENTARSE AL DESTINO DE SU PAÍS.

Los que me conocen, o al menos los que me escuchan, saben perfectamente que soy una persona muy de citas. Una de mis favoritas pertenece a Séneca; si bien no hay versiones ‘oficiales’ sobre su exactitud, me atrevería a decir que sus palabras fueron “ningún viento es favorable para quien no sabe a qué puerto va”. Cuando arrancamos AOM hace ya un año (el próximo martes cumpliremos un año) ninguno de nosotros sabíamos a qué puerto íbamos. Y para desilusión de algunos, seguimos sin saberlo. ¿No está tan de moda la transparencia? Pues confieso que 361 días después desconozco nuestro horizonte. Eso no quiere decir que no hayamos avanzado, ni mucho menos. Con la publicación de este artículo pasamos el centenar de ellos y estrenamos lo que de algún modo podría llamarse El Ala Oeste de la Moncloa 2.0 (¡qué acertado estuviste con el nombre Luis Miguel!).

A pesar del comienzo de un nuevo formato digital, las dudas sobre el proyecto español siguen siendo las mismas y los ministros que forman parte de este gobierno ficticio siguen intentando avanzar en los caminos que cada cartera tiene por delante. Defender la libertad individual ha sido y será un apoyo fundamental a nuestras ideas, con una idea clara –que no única– de España nuestra aventura llegará a buen puerto.

La pregunta es: ¿Sigue mereciendo la pena luchar por este buque? Personalmente creo que sí.

España es un gran país, uno de los más viejos del viejo continente. Quien no lo crea, quien proponga una ristra de calamidades acerca de nuestra nación, no hará otra cosa que situarse en una posición cobarde llena de confort que esconderá un miedo tremendo por enfrentarse al destino de su país. Que quede claro.

Acordémonos que somos el ejemplo comunitario a la hora de sobrevivir a una crisis económica; no olvidemos que fuimos la referencia de todo el mundo al adoptar nuestro sistema democrático; recordemos que contamos con una justicia ejemplar que –a pesar de muchos– está poniendo contra las cuerdas a todas las instituciones de este país (incluida la más alta e histórica de ellas: la Monarquía). Y no solo de aspectos institucionales hablo. Me refiero también la España de Javier Fernandez, al país que visitan cada año 75 millones de turistas o al lugar donde nace la última tecnología móvil. Somos casi 50 millones de españoles, y todos somos todos: somos el Premio Pritzker 2017, somos el primer trasplante de piel con células autólogas y somos (cada vez más) luchadores de la libertad.

Mejorar la situación de bienestar en España siempre será el mayor estímulo posible. Sin embargo, a corto plazo reforzar nuestras estructuras pasará por esfuerzos casi inalcanzables en nuestros desafíos más cercanos: recuperar Cataluña y devolver la libertad al pueblo.

Sobre nuestros hermanos catalanes poco nuevo que decir. Tengo familia catalana y todas mis experiencias allí han sido únicas. Más allá de datos macroeconómicos, construir un proyecto común basado en cifras tendrá la solidez que los números aguanten; por ello precisamente toca apelar a los sentimientos para que éstos nos unan más que nunca en los momentos difíciles. La relación de esta comunidad autónoma con el resto se vería mucho más reforzada si la apuesta por la libertad y el trato entre iguales sale adelante.

La libertad al pueblo, el empoderamiento real, llegará cuando cada español sea capaz de tomar el rumbo de su vida. Un rumbo que no pasará por elegir el proyecto de la Plaza de España, ni mucho menos, sino que se reflejará en una toma de decisiones de efecto directo en su vida como la elección del colegio para unos hijos, el uso real de su auténtica propiedad privada o la capacidad de emprender un negocio.

España, en definitiva, sigue mereciendo la pena.

Julio Wais
Presidente de Gobierno de AOM

 

Prudencia

LAS MAYORES DOSIS DE CAUTELA Y NEUTRALIDAD NO SERÁN SUFICIENTES
PARA TOREAR A ESTE BULL DESATADO AL OTRO LADO DEL CHARCO

El otro día en plena batalla con la nueva web de El Ala Oeste de la Moncloa (sí, vamos a tener nueva web y espero que sea muy pronto) estaba repasando una de las secciones y me pregunté cómo sería un AOM formado por el Gobierno oficial español. ¿Darían que hablar las palabras mensuales de Montoro? ¿Estaríamos pendientes de las declaraciones de Nadal? ¿O acaso Méndez de Vigo escribiría una tribuna digna de algún premio? Imagínense un espacio donde no hubiera ni cabeceras de periódicos ni periodistas que condicionaran el mensaje. Aunque tampoco le he dado muchas vueltas, no creo que fuera mala idea.

En esta reflexión caí en que las presiones vendrían de los stakeholders de cada ministerio y confirmé la idea en la que siempre he creído que el político, en mayor o menor medida, es continuamente un interlocutor. Desde el concejal de pueblo que tiene que dialogar entre amas de casa y el alcalde hasta todo un presidente de gobierno que se dirige a la opinión pública y a Bruselas.

En estos tiras y aflojas constantes, la futura relación de España con Estados Unidos será un asunto de una extrema delicadeza. Tras los artículos de Luis Miguel Melián (Asuntos Exteriores y Cooperación) y Miki Barañano (Defensa) en los que se hablaba de los retos a los que se tiene que enfrentar nuestro país en relación a los USA, querría hacer un comentario. Habrá que partir de algunos pilares capitales como que España no debe abandonar la formidable amistad que ha tenido con EEUU en los últimos años; como que tampoco puede olvidar que forma parte de una Unión comunitaria; y como que a su vez no se puede alejar de los importantes valores de libertad que ha conquistado. Las mayores dosis de cautela y neutralidad no serán suficientes para torear a este bull desatado al otro lado del charco. Habrá que mantener la calma para ser conscientes de que los americanos contarán con la suficiente inteligencia de sacar provecho de nuestro país, algo que nos conviene muchísimo (lean a Miki para ampliar esta idea) porque el impacto estadounidense en nuestro país sigue siendo extraordinario. Algunos ejemplos son las grandes infraestructurasque empresas españolas están construyendo en California, el hecho de que el país yankee esté a la cabeza de aprendizaje de español(esto le va a poner tenso a Donald) o que el turismo americano haya crecido en 2016 un 7%.
Trump, al igual que el toro de Wall Street, refleja optimismo, agresividad y prosperidad financiera

¿Qué debería hacer España como nación? Desde mi punto de vista mantener una neutralidad lo más discreta posible. Evidentemente sería absurdo ocultar nuestra tristeza por Latinoamérica con quien compartimos un gran vínculo histórico, pero posicionarnos en contra de la administración Trump tampoco serviría de gran ayuda. Para bien o para mal Estados Unidos podría vivir y sobrevivir con un aislamiento casi total del resto del mundo, por lo que sería muy arriesgado poner en peligro nuestra relación con ellos. Apostar por terceras vías también de corte neutral como lo es la UE sería acertado al ampararnos en, al fin y al cabo, lo que somos: parte de un gran proyecto de libertad en Europa (el lunes lo recordó el Ministro de Justicia que “en Europa creemos en esa libertad de circulación, que además de la seguridad hay que garantizar la circulación de personas y de servicios”).

Prudencia, templanza y sensatez; mucha mente fría en definitiva que nos aleje de ‘calentones’ diplomáticos cortoplacistas, aunque sea precisamente la administración americana quien esté llevando adelante este tipo de acciones.

¡Por España! Bueno, y por los españoles

 

EN 2016 UNA ACTITUD EJEMPLAR DE LOS CIUDADANOS ESPAÑOLES CONFIÓ MÁS EN LO CONSEGUIDO POR LA ANTERIOR ADMINISTRACIÓN QUE EN LAS PROMESAS IRREALIZABLES DE LA IZQUIERDA

Una de los últimos artículos de opinión que vimos en la prensa en 2016 fue la tercera de ABC en la que Antonio Garrigues Walker despedía el año con unas profundas palabras. En ellas, el jurista afirmaba que “2017 puede ser una espléndida oportunidad para demostrar -como país- nuestra fuerza y nuestra capacidad de acción”. Un mensaje de futuro lleno de esperanza por ver con una determinación clara que el papel de España en el mundo puede ser crucial. Hablaba de futuro, al contrario que el -me atrevo ya a decir- intelectual Juan Ramón Ralló, quien en su columna en El Confidencial del día anterior hacia una reflexión de ese 2016 reflejo de todas las imperfecciones de la democracia.

Ambas tribunas me invitaron a la reflexión y tras algunos thoughts comprobé la doble satisfacción que tengo al contemplar tanto el agotado 16 como el prometedor 17. Si hace un año me hubieran dicho que España sería el único gran país donde el populismo no triunfaría, no me lo hubiera creído; como tampoco lo hubiera hecho si me dijeran que en Estados Unidos iba a ganar Trump o que Gran Bretaña se iba a desvincular del proyecto europeo. ¡Increíble!

Bien es cierto que nos costó sangre sudor y lágrimas formar un gobierno en España, pero finalmente se logró. No escondo mi simpatía por el actual Ejecutivo y por el presidente Rajoy, y los resultados electorales en junio mostraron a mi parecer una gran madurez en los españoles. Creí que los cantos de sirena podemitas podrían haber convencido a la sociedad para catapultarles a la segunda posición, pero una actitud ejemplar de los ciudadanos confió más en lo conseguido por la anterior administración que en las promesas irrealizables de la izquierda. ¿Voto del miedo? ¡Toma ya, claro que sí! “No quiero que mi país se arruine y voto a los que crean más de 1.500 puestos de trabajo al día a pesar de que son un partido ensuciado por la corrupción”, o en otras palabras, madurez. Y hablo de ‘madurez’ porque la diferencia entre un adulto y un niño es la correcta atribución de importancia a los problemas, y los españoles le dieron más importancia al empleo que a la renta mínima, al crecimiento que al reparto, al corto que al largo plazo. De verdad, muy orgulloso.

He de criticar aquí algunos de los gestos que ha tenido en los últimos días el gobierno del PP al tomar medidas alejadas de la libertad. Les puedo asegurar que hago todo lo posible por ponerme en la piel de Rajoy a la hora de ser un interlocutor entre Bruselas, oposición, instituciones y sociedad civil, pero me cuesta mucho entender mayores impuestos, subidas sorprendentes del SMI, o aumentos salvajes de gasto. Hay que pagar, hay que reducir, hay que ahorrar. Todo lo que tú quieras que ‘haya’ pero al final siempre queda mermado el bolsillo de las personas, su propiedad privada, su libertad.

Y con esto vuelvo al título donde reflejo un sentimiento de orgullo por nuestro país, pero también por sus ciudadanos, quienes han tenido una responsabilidad clave con su país y sin embargo ven como vuelven a ser las víctimas una vez más. No voy a ocultar que argumentos como “la subida del SMI”, “la imposición de tasas a empresas” o “el aumento de las pensiones” defienden que dichas medidas se han hecho para proteger al ciudadano. Claro, a corto plazo, tal y como haría cualquier gobierno de apariencia socialdemócrata y/o comunista. Volvamos a la senda de la reforma laboral, ese gran proyecto de la X legislatura que impulsó a través de unos intentos de libertad a la economía española y al crecimiento de todas sus gentes. Si se hizo una apuesta a largo plazo y funcionó electoralmente a pesar de tener la oposición más feroz vista en España, ¿por qué no iba a resultar eficaz ahora? El año que arranca nos exige olvidar los acuerdos cortoplacistas y los grandes pactos llenos de populismo. Como podría haber dicho un tocayo mío: “futuro, futuro y futuro”.

Cierro el estreno de AOM 2.0 con las mismas palabras de AGW. “Una España fuerte descubrirá que es mucho más importante y mucho más capaz de lo que creemos. Llegó nuestro momento”.

Julio Wais
Presidente de Gobierno de AOM

 

¡Por España! Bueno, y por los españoles

EN 2016 UNA ACTITUD EJEMPLAR DE LOS CIUDADANOS ESPAÑOLES CONFIÓ MÁS EN LO CONSEGUIDO POR LA ANTERIOR ADMINISTRACIÓN QUE EN LAS PROMESAS IRREALIZABLES DE LA IZQUIERDA

Una de los últimos artículos de opinión que vimos en prensa en 2016 fue la tercera de ABC en la que Antonio Garrigues Walker despedía el año con unas profundas palabras. En ellas, el jurista afirmaba que “2017 puede ser una espléndida oportunidad para demostrar -como país- nuestra fuerza y nuestra capacidad de acción”. Un mensaje de futuro lleno de esperanza por ver con una determinación clara que el papel de España en el mundo puede ser crucial. Hablaba de futuro, al contrario que el -me atrevo ya a decir- intelectual Juan Ramón Rallo, quien en su columna en El Confidencial del día anterior hacia una reflexión de ese 2016 reflejo de todas las imperfecciones de la democracia.
Ambas tribunas me invitaron a la reflexión y tras algunos thoughts comprobé la doble satisfacción que tengo al contemplar tanto el agotado 16 como el prometedor 17. Si hace un año me hubieran dicho que España sería el único gran país donde el populismo no triunfaría, no me lo hubiera creído; como tampoco lo hubiera hecho si me dijeran que en Estados Unidos iba a ganar Trump o que Gran Bretaña se iba a desvincular del proyecto europeo. ¡Increíble!
Bien es cierto que nos costó sangre sudor y lágrimas formar un gobierno en España, pero finalmente se logró. No escondo mi simpatía por el actual Ejecutivo y por el presidente Rajoy, y los resultados electorales en junio mostraron a mi parecer una gran madurez en los españoles. Creí que los cantos de sirena podemitas podrían haber convencido a la sociedad para catapultarles a la segunda posición, pero una actitud ejemplar de los ciudadanos confió más en lo conseguido por la anterior administración que en las promesas irrealizables de la izquierda. ¿Voto del miedo? ¡Toma ya, claro que sí! “No quiero que mi país se arruine y voto a los que crean más de 1.500 puestos de trabajo al día a pesar de que son un partido ensuciado por la corrupción”, o en otras palabras, madurez. Y hablo de ‘madurez’ porque la diferencia entre un adulto y un niño es la correcta atribución de importancia a los problemas, y los españoles le dieron más importancia al empleo que a la renta mínima, al crecimiento que al reparto, al largo que al corto plazo. De verdad, muy orgulloso.
Al final siempre queda mermada la libertad de las personas
He de criticar aquí algunos de los gestos que ha tenido en los últimos días el gobierno del PP al tomar medidas alejadas de la libertad. Les puedo asegurar que hago todo lo posible por ponerme en la piel de Rajoy a la hora de ser un interlocutor entre Bruselas, oposición, instituciones y sociedad civil, pero me cuesta mucho entender mayores impuestos, subidas sorprendentes del SMI, o aumentos salvajes de gasto. Hay que pagar, hay que reducir, hay que ahorrar. Todo lo que tú quieras que ‘haya’ pero al final siempre queda mermado el bolsillo de las personas, su propiedad privada, su libertad.
Y con esto vuelvo al título donde reflejo un sentimiento de orgullo por nuestro país, pero también por sus ciudadanos, quienes han tenido una responsabilidad clave con su país y sin embargo ven como vuelven a ser las víctimas una vez más. No voy a ocultar que argumentos como “la subida del SMI”, “la imposición de tasas a empresas” o “el aumento de las pensiones” defienden que dichas medidas se han hecho para proteger al ciudadano. Evidentemente, a corto plazo, tal y como haría cualquier gobierno de apariencia socialdemócrata y/o comunista. Volvamos a la senda de la reforma laboral, ese gran proyecto de la X legislatura que impulsó a través de unos intentos de libertad a la economía española y al crecimiento de todas sus gentes. Si se hizo una apuesta a largo plazo y funcionó electoralmente a pesar de tener la oposición más feroz vista en España, ¿por qué no iba a resultar eficaz ahora? El año que arranca nos exige olvidar los acuerdos cortoplacistas y los grandes pactos llenos de populismo. Como podría haber dicho un tocayo mío: “futuro, futuro y futuro”.
Cierro el estreno de AOM 2.0 con las mismas palabras de AGW. “Una España fuerte descubrirá que es mucho más importante y mucho más capaz de lo que creemos. Llegó nuestro momento”.