¿Despejar la X de la Iglesia?

SOBRE LA CASILLA DE LA IGLESIA EN EL IRPF Y SU EXTENSIÓN A OTRAS CONFESIONES
 
La casilla de la Iglesia. Una vez al año, cuando se acerca la declaración de la renta, nos vemos inundados de información y opiniones al respecto. Por un lado, anuncios televisivos pidiendo que marquemos la x, recordando la labor social de la Iglesia; por otro, artículos y campañas clamando contra la financiación de la religión por parte de un estado supuestamente aconfesional.
 
¿De dónde viene este debate? ¿Por qué la Iglesia tiene este privilegio? A muchos les sorprenderá saber que esta asignación tributaria no es una concesión del legislador, sino que se trata de un tratado internacional entre dos estados. Como resultado de los Acuerdos con la Santa Sede de 1979, el Estado español pone a disposición del contribuyente la posibilidad de apoyar con sus impuestos al sostenimiento de la Iglesia Católica. El funcionamiento es simple: en la declaración de la renta se posibilita marcar una casilla con una x para que el 0,7% de nuestro IRPF vaya a las arcas de la Iglesia. La declaración de la renta sólo admite otra posibilidad, dedicar el 0’7% a fines sociales. Estas dos casillas son compatibles entre sí, de tal manera que se puede marcar una, ninguna, o ambas, en cuyo caso dedicaremos el 1,4% de nuestros impuestos a estos fines.
 
La Iglesia Católica es la única confesión que goza de este privilegio, pero no la única que lo desea. Otras confesiones, como la Federación de Entidades Religiosas Evangélicas de España (Federe), ya han solicitado disponer de una casilla propia, aunque el Ministerio de Hacienda ha denegado dicha posibilidad, basándose en la falta de un acuerdo que lo posibilite. No se deniega la casilla por razón de la religión, sino porque no hay una base legislativa que lo permita. No hay que olvidar que la asignación tributaria a la Iglesia Católica es un acuerdo internacional con otro estado soberano, el Vaticano. Aparte de permitir la existencia de la asignación, el Acuerdo también proporciona cierto blindaje a la Iglesia, ya que romper un Acuerdo Internacional no es tan sencillo como revocar un decreto, y puede dañar la credibilidad del país en el escenario internacional.
 
No hay que olvidar que la asignación tributaria a la Iglesia Católica
es un acuerdo internacional con otro estado soberano, el Vaticano
El Ministerio de Justicia ha propuesto ampliar la casilla a las confesiones de notorio arraigo en España (un estatus jurídico que se puede solicitar, paso necesario y previo a la posible firma de acuerdos). No puedo estar más de acuerdo con esta decisión. Siempre que se respeten los trámites legales necesarios, lo que hace la casilla es dar más libertad al contribuyente. Nadie obliga a marcar la casilla y contribuir a la financiación de una confesión religiosa. El que no esté de acuerdo con financiar a la Iglesia lo tiene fácil, basta con no marcar la x. Ni un céntimo de su dinero se dedicará a financiar a la Iglesia. Los críticos de la medida se retratan en su anticlericalismo al reclamar la eliminación de la casilla (no les vale con no dar, exigen que nadie pueda tener la posibilidad de hacerlo), en vez de reclamar su extensión a otros conceptos (por ejemplo, la posibilidad de que ese 0,7% vaya a labores humanitarias en zonas de guerra, I+D+i, cooperación internacional, atención a refugiados, o la financiación de escuelas en países del tercer mundo, por citar unos cuantos que se me ocurren).
 
Es muy raro encontrar una persona que esté satisfecha con los impuestos que paga (y las que lo están, rara vez están satisfechas con los impuestos que pagan los demás), pero personalmente estaría más contento si tuviese alguna libertad en cuanto a los conceptos a los que va dirigido mi dinero. Igual que a otras personas no les gusta la posibilidad de financiar a la Iglesia, a mí no me gusta laobligación de financiar el iPad con el Candy Crush de los diputados, las obras de titiriteros enalteciendo al terrorismo, cabalgatas (ya sean de reyes o del orgullo gay), cursos de masturbación,  subvenciones a sectores ineficientes o la televisión pública (cuya labor ya cumple sobradamente la televisión privada). Para todos estos conceptos no existe una x, y los estamos financiando todos los españoles lo queramos o no.
 
Preferiría que este dinero se emplease en otras labores, como una mayor asignación a sueldos de profesores y médicos, fomento del arte, restauración de los monumentos públicos, subvenciones a la compra de vehículos eléctricos o, simplemente, recortes de impuestos y que cada ciudadano se gaste su dinero como le dé la gana. Lamentablemente, no tengo una x que marcar que me permita esta libertad.
 
Gonzalo Aguilar

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