Dinero para quemar

EL CAMINO AL INFIERNO ESTÁ EMPEDRADO CON BUENAS INTENCIONES

Recientemente, leí que el bolívar, moneda de Venezuela, se valora menos en el mercado negro respecto al dólar que el oro del videojuego World of Warcraft, que se consigue principalmente derrotando monstruos, generados de manera infinita. Que la moneda de un país se valore menos respecto al dólar que la moneda virtual infinitamente creciente de un videojuego da una idea de los problemas del país.

La inflación consiste en un aumento generalizado de los precios de los bienes de un país, por lo que con la misma cantidad de dinero se pueden adquirir cada vez menos bienes. La inflación en Venezuela está alcanzado un punto difícilmente sostenible, con más de un 200% acumulado en lo que va de año y con previsiones del 700% para el año que viene, según el Fondo Monetario Internacional. De pasar en España, algo tan simple como una Coca Cola de supermercado, que puede valer en torno a los 60 céntimos, superaría los 4€, precio que consideraríamos abusivo hasta en un restaurante. Aplicado al resto de la economía, un país no puede sobrevivir de esta manera (se cuenta, por ejemplo, que en la Alemania de los años 20 se calentaba más la casa quemando billetes que con la leña que podría comprarse con ellos).

¿Qué medidas ha tomado el gobierno venezolano para solucionar el problema? Subir el salario mínimo una y otra vez, para elevar la capacidad adquisitiva de los trabajadores. Esta medida, que parece intuitiva, lo único que hace es acrecentar el problema. Si los trabajadores cobran un 50% más, los costes de todas las empresas aumentan considerablemente, por lo que para evitar la ruina tendrán que incrementar los ingresos, subiendo de nuevo los precios y generando más inflación.

¿Por qué se ha dado esta inflación tan brutal? La ola de expropiaciones de los gobiernos de Chávez y Maduro, combinado con su incapacidad para seguir produciendo al nivel anterior llevó a la escasez de productos básicos, con el consiguiente aumento de su precio. Para evitar que los precios se disparasen, el gobierno estableció controles de precios limitando el precio máximo de determinados productos. Ahora bien, cuando un producto es escaso y no es fácil adquirirlo siempre habrá gente dispuesta a pagar más por obtenerlo. Si un empresario tiene 100 litros de leche y al venderlos en la tienda gana x por litro pero al venderlos de manera ilegal puede ganar 5x, apartará parte de la producción para el contrabando. Esto es lo que ocurrió en Venezuela, generando aún más escasez, y perjudicando a aquellos que actúan dentro de la legalidad. El resto de la economía, al ver la espiral de inflación de determinados bienes, aumentó los precios para no perder poder adquisitivo, llegando a los niveles de inflación actuales.

Al final, la única manera de controlar la inflación con un control de precios es establecer precios para todo el conjunto de la economía y crear un estado policial lo suficientemente poderoso como para eliminar la posibilidad de contrabando. Es decir, un estado prácticamente comunista.

No es una solución ideal, pero para controlar la inflación lo mejor es no tocar los precios. La inflación se da por la escasez, por lo que si se quiere solucionar el problema actuando en vez de dejar al mercado corregirse, lo mejor es fomentar la producción hasta que se equilibre oferta y demanda en un precio asequible (aunque se corre el riesgo de crear una burbuja). En política nada es sencillo, e incluso intentar, con la mejor intención, limitar los precios de un producto para que todos puedan permitírselo puede acabar causando el colapso en cadena de toda la economía del país si no se actúa correctamente.

Gonzalo Aguilar
Ministro de Economía, Industria y Competitividad de AOM

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