Economía a la Deriva

EL PROCÉS FRACASA ANTE EL ABANDONO MASIVO DE LAS EMPRESAS

Tras un par de meses de alta tensión en España por la ofensiva independentista del Govern catalán, el proyecto rupturista parece haber quedado herido de muerte. El golpe definitivo no se lo han dado ni las grietas internas del bloque separatista ni el anuncio de la aplicación del artículo 155. El problema principal del independentismo ha sido que las empresas no confían en el futuro de un hipotético estado catalán, ni éste ha obtenido verdadero reconocimiento internacional.

¿Por qué se van las empresas de Cataluña? Aunque los motivos están relacionados con la independencia, las causas son muy variadas. Por citar algunas, existe inseguridad jurídica por la posibilidad de dos administraciones tributarias, la realidad de quedar fuera del mercado interno de la UE es muy preocupante y la situación económica de una Cataluña independiente sería, cuanto menos, precaria. En resumen, las empresas se mueven por sus intereses, y a día de hoy quedarse en Cataluña es arriesgarse a quemar dinero.

Una hipotética declaración de independencia sería discutida por España, que jamás la reconocería. Por tanto, a la hora de pagar el impuesto de sociedades (o cualquier otro impuesto) ambas Administraciones pretenderían la recaudación del territorio, originando graves problemas. ¿Se imaginan ser una empresa y no saber a quién tienen que pagar impuestos? El pago en sí mismo implicaría la elección de un bando, y pagar a ambas o a ninguna no es una opción. La Administración repudiada respondería con multas y sanciones, y aunque se escogiese el bando ganador, causaría muchos perjuicios internos en el camino. Ante esta situación de inseguridad, lo más cómodo es moverse fuera de Cataluña y evitar el problema.

Yendo un paso más allá, supongamos que Cataluña se constituyese en un Estado independiente. En este caso, como se ha repetido hasta la saciedad pese a las mentiras independentistasel nuevo Estado no formaría parte de la Unión Europea. Normalmente nos fijamos en la libre circulación de personas porque es lo que más nos afecta en el día a día, pero para las empresas son más clave la libre circulación de capitales y mercancías, ahora anuladas. Una Cataluña independiente reduciría sus exportaciones, porque las tasas y aduanas encarecerían el precio de sus productos en el exterior. Supongamos un ejemplo: una tasa del 10% en precios de alimentos tendría dos efectos negativos para una empresa de alimentación. El primero es que al ser un 10% más caro es probable que las ventas caigan, al haber gente que ya no pueda permitirse esos precios. El segundo, al no haber cambiado los precios de la competencia, la gente comprará otros productos. Si una pizza de Casa Tarradellas es notablemente más cara que una de La Cocinera la gente comprará la de La Cocinera aun pudiendo permitirse ambas, ya que son productos sensibles al precio por su poca diferenciación. Una vez más, esto se evita moviendo la empresa fuera de Cataluña, permaneciendo a salvo de tasas y aduanas.

Por último, siguiendo con el ejemplo de una Cataluña independiente, un escenario probable sería que el hipotético Govern estuviese constituido por un tripartito de ERC, la CUP y En Comú Podem. Ante la perspectiva de una Administración compuesta por partidos de extrema izquierda, anticapitalistas, que creen en saltarse la ley cuando les conviene y que la expropiación es democracia, es entendible que las empresas quieran huir a toda velocidad.

Es impactante como ha ido cambiando el discurso nacionalista estos años, especialmente en el último mes. De los creadores de “los bancos se van a pelear por estar en Cataluña”, vino el “no va a haber una fuga de empresas en Cataluña”, y al “no hay motivos de alarma”, pero pronto se pasó a echar culpas, a asegurar que se iban de manera temporal sabiendo que es mentira y a otras declaraciones que parecen sacadas de El Mundo Today pero que son desgraciadamente ciertas.

Al final todo este desarrollo de los acontecimientos es bastante triste. La libertad de movimientos de las empresas es positiva, pero cuando el traslado no se corresponde a la mejora de las condiciones en la nueva sede sino a al empeoramiento de las condiciones en la antigua, todos salen perdiendo.

Gonzalo Aguilar
Ministro de Economía, Industria y Competitividad de AOM

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