El guardián

EL COMPLIANCE, AÚN ALGO DESCONOCIDO, COMIENZA A CONVERTIRSE EN UNA LLAVE MAESTRA TANTO PARA LAS COMPAÑÍAS COMO PARA LA SOCIEDAD

“El empleo de moda entre los abogados”. Con estas palabras se refería un artículo de prensa a la novedosa figura del ‘compliance officer’. Como ocurre en contables ocasiones, este concepto que ha sido incorporado a nuestro ordenamiento en la última reforma del Código Penal está presente desde hace años en países como Reino Unido e Italia.

Se trata de una figura que surge principalmente para evitar la comisión de delitos dentro de las empresas ya que todas, pequeñas, medianas o grandes, están obligadas a contar con un compliance officer o, en su caso, a subcontratar este servicio. Se hace especialmente necesario en un momento en el que las empresas, como personas jurídicas, ya pueden ser condenadas por la comisión de determinados delitos. Un buen programa de compliance puede convertirse en la llave para que una compañía pueda atenuar su pena e incluso evitarla.

Sin embargo, el compliance no se reduce a la mera evitación de delitos. El compliance va mucho más allá. Hoy me gustaría que enfocáramos esta figura desde otro punto de vista: el compromiso de la empresa con sus trabajadores y el compromiso de la empresa con la sociedad.

En un mundo cada vez más globalizado donde las culturas, formas de trabajo y legislaciones interactúan de manera constante, el ‘compliance officer’ hace posible el crecimiento y la internacionalización. Sólo a través de una persona que se ocupe de compatibilizar las exigencias legales que hay en cada país podremos lograr que una empresa esté asentada en España, en China o en Japón, sin tener ningún tipo de consecuencia legal adversa. Todos sabemos cómo la imagen de una compañía y, por ende, su buena marcha, se puede ver empañada por infringir la ley o no cumplir con los estándares que se consideran adecuados en cada lugar; tan sólo tenemos que recordar cómo hace dos años saltaban las alarmas por una noticia que hablaba de una supuesta explotación por parte de empresas como Inditex o Primark, aunque finalmente demostraron combatir enérgicamente dichas prácticas.

Por otra parte, el mercado laboral, sometido a deberes legales muy exigentes, tiene una enorme complejidad como consecuencia de la variedad en los contratos, situaciones laborales y derechos y obligaciones. Es aquí donde se hace cada vez más necesaria una figura como el compliance, que permita hacer crecer a la empresa a la vez que ésta cumple con todos los requisitos que se le exigen.

A veces podemos tener la sensación de que este esfuerzo por cumplir estrictamente con la ley pudiera ir en contra de los intereses de la compañía. Nada más lejos de la realidad. Como siempre, es necesario buscar un equilibrio de manera que a la vez que se cumpla con la ley no se termine asfixiando a la organización. En este sentido, muchas empresas han acogido el compliance como parte de su propia cultura, como su manera de hacer las cosas; lo consideran bueno, coherente y compatible con sus intereses. Les permite velar por principios tan básicos como la igualdad de oportunidades o luchar contra situaciones deplorables como la discriminación por razón de sexo, raza y creencias o el acoso.

Por todo esto, vemos cómo el compliance no se limita simplemente a evitar una condena; el compliance pretende concienciar, construir, innovar, respetar. Es algo que incumbe a todos, a cada miembro de la compañía, a la propia dirección. Se constituye en una forma idónea para contribuir no sólo al bienestar de la empresa y de sus integrantes sino también al de toda la sociedad.

Sol Sepúlveda
Ministra de Empleo y Seguridad Social de AOM

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