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LA DIGITALIZACIÓN HA TRAÍDO CONSIGO, EN MUCHOS CASOS, LA LIMITACIÓN DEL DERECHO DE DESCANSO DE LOS TRABAJADORES, LO QUE NOS LLEVA A AFRONTAR UN NUEVO RETO: SU REGULACIÓN

Hace un par de semanas escuchábamos cómo la ministra de Empleo, Fátima Báñez, prometía en las Cortes regular lo que comúnmente se conoce como desconexión digital.

Es una medida algo controvertida. Para algunos, es impensable; para otros, imprescindible. Los medios de comunicación ya se hicieron eco de ello a principios de este año cuando se aprobó esta disposición en nuestro país vecino, Francia. Sin duda es algo que ahora debe plantearse España: la sociedad tiene que prepararse para los desafíos de la digitalización.

Todo trabajador tiene unos derechos esenciales; y entre ellos, el de descanso. La desconexión digital ha de entenderse como una forma de velar por dicho descanso, la salud y la vida personal, especialmente en un momento en el que se lucha enérgicamente por lograr la conciliación de la vida laboral y familiar.

Hemos de cuidarnos de que la conexión permanente a la que nos lleva esta era digital no se convierta en la tesitura general y que, por sistema, el trabajador no pueda desconectar del trabajo por cuestiones que realmente no tienen tanta relevancia. Creo que sólo podremos justificar ese ‘estar pendientes’ en casos de verdadera urgencia.

Podríamos partir de un ejemplo muy básico. Todos habremos tenido que renunciar alguna vez a unas cuantas horas de sueño para aprobar un examen importante al que no se llegaba a tiempo, aunque en principio no debería ser algo habitual. En el ámbito laboral también ocurren circunstancias excepcionales: a veces es necesario quedarse en la oficina hasta altas horas de la noche para terminar un proyecto que tiene una fecha límite muy próxima. Y a veces es también necesario estar pendiente del móvil al volver a casa por una cuestión urgente que ha quedado sin resolver. ¿Es eso una vulneración del derecho al descanso? A mi parecer, no. Es, más bien, una cuestión de responsabilidad. Responsabilidad que también viene determinada por el cargo que ostente cada uno en una compañía. Tener un puesto jerárquicamente superior no justifica, ni mucho menos implica, no tener derecho a desconectar del trabajo. Pero sin duda, como pasa en las familias, a más responsabilidad, más implicación e incluso, de vez en cuando, alguna que otra renuncia.

Como en muchas ocasiones hemos mencionado, vuelve a pasar por un cambio de mentalidad. Cambio de mentalidad que no debe limitarse sólo a los trabajadores sino que habrá también de extenderse entre directivos y jefes: en España tenemos una mentalidad laboral con un marcado carácter presentista que nos lleva a asumir que ‘a más horas, más rendimiento’, cuando lo verdaderamente importante a la hora de medir la productividad deberían ser los objetivos logrados y no las horas dedicadas. Esto ya comienza a suceder en muchos países de la UE a través del teletrabajo y de otras nuevas técnicas como el smartworking.

Visto esto, la regulación de la desconexión laboral no es en absoluto descabellada. Eso sí, es necesario definir con claridad la finalidad y el alcance de dicha medida: se trata sencillamente de evitar que los trabajadores sigan TRABAJANDO tras finalizar su jornada. Como bien dijo hace unos días Báñez a unos jóvenes universitarios en la Escuela Europa, “las personas tienen que trabajar para vivir y no vivir para trabajar.” Es decir, es una medida que trata de evitar abusos desmesurados en un momento en el que la comunicación es instantánea, constante y absorbente.

Cada uno, después de cumplir con su jornada, tiene el derecho de desconexión pero, a su vez, puede elegir libremente estar conectado. Así, si uno decide desconcertarse, no podrá derivarse de ello una repercusión negativa frente a los que decidan permanecer en línea. Porque están en su derecho.

En Francia la ley no establece qué implicaciones deberá tener la desconexión laboral. Deja en manos de la negociación colectiva de cada empresa la decisión sobre lo que verdaderamente se necesita en cada sector, atendiendo a las características propias de estos. Ellos han decidido optar por el sentido común, la responsabilidad y los derechos. Como en todo, es una cuestión de proporcionalidad y razonabilidad.

Sol Sepúlveda
Ministra de Empleo y Seguridad Social de AOM

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