El rapto de Europa

TOCA AVERIGUAR CUÁL DEBE SER ESE EQUILIBRIO
DE INTERVENCIÓN DE LAS ESFERAS EUROPEAS
EN NUESTROS PAÍSES Y NUESTRAS VIDAS

Acabamos ya un 2017 que entre otras muchas cosas ha sido el sexagésimo aniversario de los Tratados de Roma que dieron lugar, tiempo después, a la Unión Europea. Aquel proyecto puesto en marcha por Alemania, Francia, Italia y Benelux forma hoy uno de los proyectos más ambiciosos de la historia de la humanidad. Los 28-1 países que lo llevan a cabo entienden el mundo en una dirección clara de cooperación, humanismo y derechos. Sin embargo creo que se ha producido un gran robo: el rapto de la idea por esencia que debe ser Europa.

Hoy quiero hablar de la Unión Europea y de lo que debe significar para todos nosotros. Respeto las opiniones que consideran que el proyecto está en declive o aquellos que aman al continente incluso suplantando la identidad del propio país. Sin embargo, aborrezco ambos discursos porque reflejan claramente una ignorancia absoluta de nuestra historia de fronteras para adentro y para afuera. Ni salirse del proyecto es la solución, ni apostar siempre por la vía “europeísta” acaba con los problemas. Europa tiene que posicionarse como un elemento supranacional que vele por los intereses de sus ciudadanos, pero sin aspirar a cambiar los marcos culturales de los países. Y lo digo tanto para aquellos que piensan en referéndums y para los cuatro pelados que hay por ahí que han colgado la bandera azul con estrellas. Si no te han convencido más de 6 siglos la historia de España, no te va a seducir así de repente los casi 32 años que lleva nuestro país como miembro.

Este detalle es importante porque verdaderamente se produce un rapto de Europa cuando en la opinión pública internacional se escuchan mensajes tan contradictorios. Cerrarse puertas y no mostrar disponibilidad –es decir, racismo irracional– al resto de países puede ser tremendamente perjudicial. Presumir por otro lado de Unión cuando ni si quiera sabes cómo se llama el italiano que preside el Parlamento Europeo refleja incoherencia.

De este modo toca dar paso a averiguar cuál debe ser ese equilibrio de intervención (siempre mínima, por supuesto) de las esferas europeas en nuestros países y nuestras vidas. Desarrollar una defensa, un sistema judicial o una economía común debe buscar siempre el beneficio del europeo y no rellenar una carencia de discurso político. Cada uno de los distintos ministros de AOM podría facilitar una visión de su materia mucho más precisa que la mía, sin embargo, a grandes rasgos creo que la UE no puede ser ni el chivo expiatorio que tanto nos gusta en España ni el papá Estado que no queremos que sea el sistema español. Ayer mismo acudí al IV Foro que organizan El Confidencial y Pimco en el que algunas de las voces que acudieron, en concreto Dan Brown y Luis de Guindos, coincidieron en que un problema debe haber en la Unión cuando la gran mayoría de estados reclaman mayor autogobierno. Por cierto, de manera acertada desde mi punto de vista, ni el invitado británico ni los protagonistas españoles contemplaron la idea de una cultura europea común tan potente como la de cualquier de sus países miembros.

La idea de Europa deberá seguir creciendo, no hay duda, pero siempre aspirando a un equilibrio institucional y cultural.

Dicho esto, aprovecho para cerrar mi artículo con unas líneas en relación al futuro de este proyecto, de El Ala Oeste de la Moncloa. Después de dos años y casi 200 artículos tocará poner fin a esta aventura el próximo 31 de diciembre. Tendremos este último mes la oportunidad de aportar una última opinión, propuesta o comentario a la realidad española en todos sus ámbitos. Esperamos que podáis disfrutar un mes más de AOM y de las palabras de sus miembros.

Julio Wais
Presidente de Gobierno de AOM

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