El terrorismo nunca está justificado

TODOS TENEMOS LA OBLIGACIÓN DE TRASMITIR QUE EL TERRORISMO
NUNCA TIENE JUSTIFICACIÓN, QUE EN ESPAÑA SE CONTEMPLA CUALQUIER 
PLANTEAMIENTO IDEOLÓGICO Y QUE NUESTRA LEY GARANTIZA ESE RESPETO

España está en pleno cambio, en todos sus planos: el social, el económico, el político e incluso el cultural. Reflejo de este cambio fue el resultado en las urnas de las pasadas elecciones del 20D, y nuestra actual situación de falta de gobierno. Independientemente de la ideología de cada uno, todos los demócratas que creemos en la libertad del individuo como principio básico de una sociedad, debemos estar orgullosos de que el debate de las ideas haya cogido de nuevo protagonismo y esté forzando al entorno político a dar lo mejor de sí, a buscar el consenso en vez de la disputa.

Si bien hace tiempo que no teníamos un resultado electoral tan reñido, el marco legal que permite la libertad de expresión y de asociación política no es nuevo. Nuestra actual democracia, casi cuarentona, ha estado caracterizada desde su nacimiento por buscar el entendimiento de los distintos polos ideológicos de nuestra sociedad. Partidos tan antagónicos como el PCE y la Falange son un clásico, elecciones tras elecciones comparten colegio electoral, con más fotos anecdóticas tomando un café que revueltas de ningún otro tipo. Este es el marco en el que España se encuentra inmersa, vivimos una época de libertad y tolerancia, donde los españoles hemos promovido la convivencia de todo tipo de planteamientos y modos de entender la vida.

Arnaldo Otegui, en una humillante entrevista para todos los españoles, pretendió normalizar y justificar la actividad criminal cometida por la banda terrorista ETA, de la cual fue –es– parte, trasmitiendo con una serenidad escalofriante una retahíla de mentiras, distorsiones de una realidad sufrida durante décadas por todos los españoles. El contenido del mensaje de la entrevista es deleznable, pero he querido centrarme en aquellos a quienes iba dirigido. Hay dos colectivos receptores del mensaje que en el futuro puede que hagan que el propio Évole se arrepienta de su entrevista.

Fuente: La Sexta
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Por un lado están los desinformados, por juventud o desinterés, o las dos en el peor de los casos. El mensaje relativista puede llegar a hacerles entender que la situación terrorífica vivida con ETA admite una escala de grises, y que la propia sociedad española no lo considera para tanto si concibe ese tipo de cobertura mediática y se le permite presentarse a elecciones y vivir del esfuerzo de todos aquellos a los que ha maltratado de una manera u otra. El drama de ETA pasa a la historia como una situación negativa pero debatible.

Luego está el grupo más preocupante, la minoría inestable, desorientada, con potencial violento, que se siente incomprendida y no encuentra un hueco en la sociedad actual. Esa minoría que hace temblar a Occidente, que es causa de los tediosos controles de seguridad, recibió un mensaje que podría llegar a tomar como alentador. Esta entrevista ha podido suponer una gota más a llenar un vaso que esperemos nunca se colme.

Pese a que un reportaje sobre la democracia pueda resultar menos rentable en cuanto a niveles de audiencia, todos tenemos la obligación de trasmitir, los medios de comunicación los primeros, que el terrorismo nunca tiene justificación, que en España se contempla cualquier planteamiento ideológico, y que nuestra ley garantiza ese respeto. Y que así ha sido a lo largo de toda nuestra democracia. Tenemos que poner en valor el enorme esfuerzo realizado por la generación de nuestros padres y la de nuestros abuelos para llegar a nuestra situación privilegiada en la que vivimos, y no trasmitir mensajes que cuestionen si la violencia indiscriminada del terrorismo ha podido estar justificada o no.

Jorge Gancedo

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