¿Enemigos irreconciliables?

EL MERCADO LABORAL DE LA UNIÓN EUROPEA TAMBIÉN SE VE MARCADO POR LA HABITUAL DICOTOMÍA ENTRE LO POLÍTICAMENTE NECESARIO Y LO LEGALMENTE ADECUADO. ¿SON EL MERCADO INTERIOR Y EL DERECHO LABORAL INCOMPATIBLES?

Vivimos en un mundo de retos. Y precisamente por eso hoy quiero hacer una breve reflexión sobre el mercado laboral en la Unión Europea y, sobre todo, sobre sus desafíos.

Remontándonos un poco a los orígenes, encontramos que ya en el mismo Tratado de Funcionamiento de la UE aparece definida la libre circulación de trabajadores. Es algo que estaba previsto como elemento esencial del futuro mercado interior que llegaría a formarse y del que hoy todos nos beneficiamos. Es, por tanto, la primera de las libertades de circulación que encontramos.

Ya desde entonces se veían venir esas pequeñas batallas entre la defensa de la propia soberanía y el hacer realidad ese espacio común a todos los europeos por el que tanto hemos luchado. Queríamos la libre circulación de trabajadores pero, a la hora de la verdad, también queríamos proteger nuestro propio mercado.

Esto dio lugar a que ese espacio que era aparentemente tan libre presentara una serie de obstáculos frente a la llegada de los trabajadores cuando, por ejemplo, la Unión se expandió incorporando en 2004 a gran cantidad de países del centro y este de Europa. En ese momento, nuestras fronteras quisieron estar un poco más cerradas. Pero, ¿qué sentido tenía precisamente dejar que un país se incorporara a la UE con el objetivo de ampliar su mercado y tener más oportunidades y a la vez impedirle el acceso y cerrarle las puertas? Los argumentos son muchos y las visiones difieren entre unos y otros. Numerosas sentencias del Tribunal de Justicia de la Unión Europea han intentado solventar esta problemática pero, a decir verdad, sin mucho éxito. Hay una gran diferencia entre lo legalmente deseable y lo políticamente necesario y el Tribunal se ha encontrado constantemente en un “tira y afloja” para no molestar ni a unos ni a otros: cuando daba un paso a favor de la libre circulación sin obstáculos, daba a la vez otro a favor de la defensa de las fronteras de los propios estados. Eso sí, siempre con una justificación “adecuada”.

A pesar de todo, muchos consideran que se ha ido demasiado lejos: la libertad de circulación de trabajadores se ha convertido en algunos casos en algo prácticamente insostenible puesto que todo aquello que haga que un trabajador de otro país de la Unión tenga alguna dificultad para ir a otro estado es considerado un obstáculo que habrá de justificarse para no ser considerado ilegítimo (incluso el simple hecho de tú, como estado, quieras aplicar a extranjeros y nacionales por igual tu propia legislación). ¿Es esto excesivo? Las consecuencias, tanto positivas como negativas, son innumerables. Aunque a decir verdad, los estados han podido en la mayor parte de los casos justificar esos límites: “aplicamos nuestra ley a los trabajadores europeos porque es más protectora de sus derechos que la de su propio país”. Y con eso muchas veces ha sido suficiente. ¿Es este el verdadero motivo por el que aquellos estados que consideramos más ricos quieren imponer su legislación a los trabajadores que vienen de fuera? ¿Quieren protegerles? ¿O lo que realmente buscan es usar su ley para encarecer el empleo de dichos trabajadores y alcanzar un cierto proteccionismo frente al resto de ciudadanos de la Unión, especialmente de países menos prósperos? ¿Es una cuestión que debería dejarse a la entera discreción de los estados en el ejercicio de su soberanía? Esta circunstancia ha dado lugar a situaciones tan temibles como el Brexit, donde Reino Unido entendió que su propia integridad estaba en riesgo y decidió “cortar por lo sano”. Las preguntas son numerosas pero las respuestas, desde luego, no son claras.

Lo que sí que está claro es que la Unión Europea es prosperidad, con sus más y sus menos. Y que todo esto afecta de pleno a nuestro país. Y, sobre todo, que la unión hace la fuerza. Hemos de trabajar por una unidad tanto interior como exterior. Que desde España persigamos dicha unidad dentro y fuera de nuestras fronteras para así afrontar los enormes retos que se nos plantean. Tenemos grandes oportunidades por delante.

Sol Sepúlveda
Ministra de Empleo y Seguridad Social de AOM

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