España penaliza el ahorro

EL CAMINO HACÍA LA RIQUEZA DEPENDE FUNDAMENTALMENTE DE DOS PALABRAS: TRABAJO Y AHORRO

Comentaba recientemente el expresidente José María Aznar que creía necesaria una reforma completa del sistema fiscal español. La principal petición que hacía, dentro de una completa remodelización de la fiscalidad española, era la de bajar el IRPF y subir el IVA. No teniendo nada que objetar a la primera parte de su mensaje, me llamó la atención que Aznar pidiese la subida del IVA, pero bien pensado, si se adoptasen estas medidas obtendríamos un sistema fiscal más justo y libre.

El IVA es un impuesto que grava el consumo. La mayor parte de las transacciones que podemos realizar en nuestro día a día están gravadas por el IVA: desde la compra del pan por la mañana a la comida en un restaurante, desde la compra de una camiseta en Zara a una revista. Sabiendo que el IVA se paga en base a los bienes adquiridos, está claro que pagará más IVA quien consuma bienes o servicios por un valor mayor. Paga más IVA el que compra 10 entradas de cine que el que compra una, al igual que paga más el que compra un ordenador de última generación frente al que compra un portátil antiguo por liquidación de existencias.

El IRPF, por el contrario, grava la renta. Este impuesto también es progresivo, al gravar más al que más ingresa. Además, el IRPF es progresivo de dos maneras: al estar basado en porcentajes, paga más IRPF quien más ingresos declare, y este efecto se amplifica por la existencia de tramos (a partir de determinadas cifras, para todas las cantidades superiores se aplica un porcentaje más alto). Para entenderlo mejor, el sueldo medio español en 2016 fue de 26.259 euros. Este sueldo tendría una retención del 19% por los primeros 12.450 euros, una retención del 24% por la cantidad entre 12.450 euros y 20.200 euros, y una retención del 30% por la cantidad entre 20.200 euros y 26.259 euros. Estas cifras son aproximadas, dado que existen numerosas excepciones y contratos que alteran los tipos, pero este es el funcionamiento básico del impuesto.

Como se puede ver, el IRPF no depende del gasto que realice el ciudadano. Por el mero hecho de ganar dinero, el Estado recibe el impuesto. Si el ciudadano no decide consumir nada y ahorrar todo lo que pueda, seguirá pagando la misma cifra de IRPF, salvo que varíen sus ingresos. Aquí no hay discrecionalidad, no hay ninguna libertad a la hora de decidir qué cifra queremos pagar. El IVA, sin embargo, afecta sólo a aquellas personas que deciden consumir. El que no quiera consumir, porque su preferencia sea el ahorro, paga efectivamente menos impuestos que el que se gasta todo su sueldo la semana que cobra.

El IVA es un impuesto neutral para las preferencias de ahorro y consumo. Afecta a todos por igual con independencia de sus ingresos, y por eso puede verse con recelo desde algunos sectores, pero la realidad es que es tan progresivo como el IRPF, porque los mayores consumidores pagan más IVA, y los mayores consumidores suelen coincidir con los que más ingresan. Es cierto que Amancio Ortega paga el mismo IVA por una barra de pan que cualquier otro español, pero posiblemente los gustos y consumos del empresario gallego sean bastante más caros que los que se puedan permitir personas en otra situación económica.

La realidad es que un sistema fiscal basado en los ingresos o propiedades, frente a uno basado en el gasto, lo que hace es penalizar el ahorro, porque obliga a tener un gasto fijo que quizá no sea deseado por el ciudadano. Total, el que se quiera gastar todo el sueldo cada mes se lo va a gastar igual, pero el que prefiriese ahorrar la mayor parte del mismo verá como su capacidad de ahorro se reduce cuanto mayor sea el gasto fijo (las retenciones del IRPF).

Volviendo al origen de este artículo, la idea del expresidente Aznar apoya la libertad económica del ciudadano. No poseo las herramientas para hacer los cálculos que determinen que porcentajes hay que variar de los dos impuestos para que la recaudación se mantenga constante, pero suponiendo que se ajustase para que la cifra recaudada por el Estado fuese la misma, sería una distribución de la carga impositiva más justa, no pagarían ahorradores por consumidores.

Gonzalo Aguilar

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