Falta de lógica, exceso de egoísmo

LA AMBICIÓN POLÍTICA, ABSOLUTAMENTE CARENTE DE RACIOCINIO, HA LLEVADO A LOS REPRESENTANTES CATALANES SECESIONISTAS A CONFIGURAR UNA AUTONOMÍA VICIADA QUE ABANDONA A SU POBLACIÓN

Saber que no sabes, ya es algo, por ejemplo: no sé empezar este texto. De lo que no estoy seguro es de si sabré terminarlo como se merece. Y tanto España como Cataluña se merecen las mejores ideas. Con dicha incertidumbre abro ronda de septiembre abrazando el “tema Cataluña” al que durante los próximos 30 días los ministros y yo nos enfrentaremos aspirando a dar a entender los motivos por los que creemos que una Cataluña dentro de España es mejor para los catalanes y para los españoles.

Creo que hablar de la independencia debe ser ante todo hablar del sentido común, y por ello creo que, por ejemplo, en algunos escenarios (quizá radicales) preferiría que Cataluña fuera independiente antes que pobre. No me considero un fanático de la unidad de España a costa de cualquier precio, así que con argumentos de sentido podría entender cualquier circunstancia. El problema llega cuando las ideas sólidas desaparecen y se convierte todo en un teatro de ambición política, tal y como decía Enric González en su columna de El Mundo.

Dicha ambición política absolutamente carente de raciocinio ha llevado a los representantes catalanes secesionistas a configurar una autonomía viciada que abandona a su población. Por llevar a cabo una misión absurda desde cualquier punto de vista, algo que únicamente sirve para rellenar un discurso político sin ideas, han dejado de lado a parte de su ciudadanía que no está a favor de una ruptura con España. Resulta curioso como aquellos que se quejaban de una falta de interés y de robos por parte de la nación desprecian a aquellos catalanes que no quieren ver como sus recursos económicos (los sangrantes impuestos nuestros de cada día transformados en estudios, embajadas, consultas, etc.) sirven para llevar a Cataluña por el peor de los caminos: la soledad.

Tras el abandono llega la falta de coherencia: leer su propuesta de constitución permite ver el auténtico despropósito que visionan como Estado ideal. Uno queda sorprendido cuando comprueba que tanto el artículo 2 de este texto como el artículo 1.2 de la Carta Magna española de 1978 son idénticos:

  • La sobirania nacional rau en el poble de Catalunya, del qual emanen tots els poders de l’Estat.
  • La soberanía nacional reside en el pueblo español, del que emanan los poderes del Estado.

Echad un vistazo y comprobarlo de primera mano, importantes patas de los cimientos de ese futuro irreal cuentan con una fuerza ridícula. Y no decir nada de algunos artículos, como el 14 en el que se trata la relación con la Unión Europea, que reflejan unos disparates de gran envergadura apostando por engañar al pueblo catalán con cantos de sirena prometiendo la tierra prometida. Simplemente una irresponsabilidad nunca vista, no tiene sentido nada. Pero es más, incluso haciendo los esfuerzos más grandes por intentar comprender qué es exactamente lo que proponen, esta pantomima de independencia es una sandez terrible que olvida la lógica para instaurar un sistema totalmente deslegitimado por incumplir las leyes previas, circunstancia que cuando sea propia dará derecho repetir en sus fronteras un comportamiento idéntico. Los mandatarios catalanes demuestran una gran ignorancia, o peor, un peligroso egoísmo.

Sin embargo, me gustaría decir que, como liberal que soy, animo a cualquier organización privada de cualquier región de España a que busque sus intereses dentro del marco legal. Si un grupo de personas desean la independencia de Cataluña nada podrá impedir que, dentro de la legalidad, aspiren a llegar al Gobierno central de la Nación para disolver las Cortes generales y cambiar de nuevo la Constitución de nuestro país. Mientras sea legal, será legítimo. La cuestión es que personalmente no contemplo un futuro mejor ni para Cataluña ni para los catalanes fuera de España, de la Unión Europea y de la ONU. Y en cuestiones de mayor calado, debemos cuestionarnos si, tal y como me indican algunas fuentes, la rivalidad del futuro va a seguir enfrentando a naciones. En un mundo cada vez más globalizado las grandes luchas ya no se producirán entre Francia o Italia, sino entre Frankfurt o Madrid, Barcelona o Londres. Dibujar límites de crecimiento, es decir, fronteras, debe descartarse inmediatamente para relegar a esas líneas divisorias a un mero plano cultural. Puede que el mundo haya dejado de pensar hace ya mucho en formato nación y esté cada vez más interesado en la urbe.

Sobre España y Cataluña: ¿Mi receta para mejorar la relación entre todas las comunidades autónomas? Redistribuir las competencias, pero de esto ya hablaré en mi próximo artículo que cerrará la ronda catalana.

Julio Wais
Presidente de Gobierno de AOM

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