Fronteras con Derechos: Lecciones del Ejército español

EL “QUÉ” A VECES NO ES TAN IMPORTANTE COMO EL “CÓMO”, Y EN EL “CÓMO” ES DONDE NUESTRO EJÉRCITO MARCA LA DIFERENCIA. DEFIENDE LAS FRONTERAS, Y ES QUE LAS FRONTERAS SON NECESARIAS, PERO LAS DEFIENDE CON DERECHOS. LOS DERECHOS HUMANOS SON INCLUSO MÁS INVIOLABLES QUE LAS FRONTERAS. POR ESO LA VIRTUD ESTÁ EN EL PUNTO MEDIO, DEFENDIENDO UNAS FRONTERAS IMPREGNADAS DE DERECHOS. AÚN NOS QUEDA MUCHO POR MEJORAR, PERO ESPAÑA VIRA EN BUENA DIRECCIÓN.

Las fronteras existen desde que existe el hombre. Viene en nuestra propia naturaleza, querer limitar lo nuestro, querer defenderlo. Ayuda a controlar y el control es seguridad. Nos hace sentir parte de un ente mayor. La frontera delimita al Estado, pero también lo crea. America for the americans, os suena, ¿no? La situación española nos hace ser el único país europeo con territorio en África, y esto abre una puerta a los africanos, y eso que España se empeña en poner cerrojos. Europa además, actúa de portero aunque últimamente solo media jornada. Sus fronteras en el este le requieren más atención, y dinero.

Desde que empezó el 2017, más de 1000 migrantes han intentado cruzar la valla que separa España y Marruecos. Esta vez, la mayoría lo consiguieron. A principios de febrero, Rabat hizo un comunicado bastante alarmante sobre las posibles consecuencias que tendrá si se siguen poniendo trabas al Acuerdo de Agricultura firmado en 2012 con la Unión Europea. Hace unas semanas, más de 300 subsaharianos saltaron la valla de Ceuta. El mundo está lleno de casualidades, ¿verdad? Rajoy, impregnado del principio de buena fe, agradeció la colaboración del Magreb y, es que tampoco debemos ser injustos. Ambos ejércitos han colaborado conjuntamente más años de los que yo llevo viviendo. Y les debemos agradecer mucho. Quizás el país cojee un poco (bastante) en lo que a derechos humanos se refiere, no obstante, las relaciones, sobre todo en temas de migración entre ambos países, son muy buenas.

Podemos estar a favor o en contra de las vallas, podemos abogar por un mundo sin fronteras, o podemos hacerlo por un mundo bien delimitado. Pero la realidad no es la que nosotros queremos. La realidad es la que es, y España tiene unos bonitos 20 kilómetros de valla que han dado mucho de qué hablar. Me gustaría reflexionar sobre qué puede hacer España en su frontera sur y más concretamente, qué puede hacer nuestro ejército allí desplegado. La realidad es que el ejército debe actuar conforme al Estado de Derecho que presumimos de ser. Actuar conforme a los derechos humanos, de los que tanto nos llenamos la boca hablando en las cumbres internacionales.

Creo que la cuestión no está en el “qué” porque el “qué” no lo elige el ejército, lo elige la ley, y si la ley dice que se repatría al inmigrante irregular, se le repatría. Si la ley dice que se les puede dar la nacionalidad, se les da. Si la ley dice que las fronteras de un estado son inviolables, lo son. El ejército no se mete ahí, y yo menos. La ley está para cumplirla, y el ejército para defenderla, como lo ha hecho en todos estos años. Creo que la cuestión está en el “cómo”, en el  cómo se trata al inmigrante (que no está disfrutando precisamente de un viaje de placer por las turísticas tierras de Ceuta).

Y de nuevo, nos deberíamos quitar todos el sombrero ante nuestro ejército, que trata a las personas como personas, que ayuda a construir tiendas de campaña, a repartir alimentos, ropa, mantas, que da asistencia sanitaria si está en sus manos… Lo que no significa que luego no se cumpla la ley, lo que no quita que defienda al máximo la frontera. Pero si hablamos de poner  y quitar,  lo que el ejército no quita a nadie es su condición humana, y su dignidad. No quiero señalar a ningún país, pero parece que vivimos en un mundo donde la dignidad parece venir ligada a la nacionalidad. Los derechos parecen cada día más exclusivos. Para nosotros sí, para los demás nos cuesta un poquito más reconocerlos. Por eso, de nuevo, creo que España vuelve a ser un ejemplo, cumpliendo el derecho, pero el derecho entero. No solo el que más nos conviene. El ejército defiende las fronteras, pero trata a las personas como eso, personas. Ojalá esto fuera una obviedad, ojalá fuera algo tan común y tan extendido  que no hubiera necesidad de alabarlo. Ojalá fuera un “qué menos” (qué menos que se trate a las personas como personas), pero la realidad, tristemente, demuestra que no lo es.

Por lo tanto, no me quiero centrar en qué hace o qué deja de hacer el ejército en Ceuta y Melilla, quiero aplaudir el cómo lo hace. Creo que, de nuevo, podemos estar orgullosos de nuestro ejército, más humano cada día. Y de España, defensora de los Derechos Humanos, que no parece olvidarse que están dirigidos a ellos, los humanos. ¿Demasiado obvio? Ojalá.

Miki Barañano
Ministra de Defensa de AOM

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