LA PAC II

TODA ESTA EXTRAÑA PANTOMIMA DE LOS DERECHOS CONLLEVA A UN GRAVÍSIMO PROBLEMA PARA DEFENDER LA TAN ACLAMADA POLÍTICA AGRARIA COMÚN; QUE UN AGRICULTOR DUEÑO DE SUS TIERRAS NO TIENE DERECHO A COBRAR SUBVENCIÓN SI NO LE PERTENECEN LOS “DERECHOS” (VALGA REDUNDANCIA).

Continuando con el artículo anterior donde dispuse el origen de la PAC y las desventajas que esta supone sobre la creación de riqueza, en este voy a hablar de las dificultades con las que una persona física para intentar acudir a este sistema de subsidios.

Para empezar, este ya per sé complicado tema, se complica aún más con los famosos “derechos”. Esto, como bien dice la palabra, es el derecho que tiene una persona sobre la tierra. “Aclarado” esto, el problema de estos “derechos” es que no van ligados a la tierra si no que son totalmente independientes y su comparación es igual a la de un objeto. Es decir; usted puede tener los derechos de una finca aunque no sea el dueño de esta, como quien tiene un tractor pero no tiene tierra. Es complejo de entender pero en resumidas cuentas se trata de coger el derecho (algo inmaterial) y convertirlo en algo material para que se le pueda adjudicar a un dueño físico.

Toda esta extraña pantomima de los derechos conlleva a un gravísimo problema para defender la tan aclamada Política Agraria Común; que un agricultor dueño de sus tierras no tiene derecho a cobrar subvención si no le pertenecen los “derechos” (valga redundancia). Es algo incómodo pensar que un sistema que se nos vende como un “salimos todos ganando” resulte ser un “algunos ganan”. Porque si un sistema que está ideado para los agricultores y de repente resulta que una persona compra unas tierras con la intención de labrarlas, y el que se las vende decide no ceder en estas los derechos, nos encontramos con un agricultor que está generando productos agrarios y vendiéndolos a un precio menor por el bien de todos, PERO ¿Dónde está su compensación? ¿Por qué los derechos no están ligados a la tierra? ¿Hay alguna ventaja para el agricultor medio en esto? Y si no la hay, entonces la mentira más grande viene al sostener que la PAC es un sistema justo y equitativo.

La raíz del problema está en que se genera un estado en el que todos tenemos derecho a todo, pero ¿a costa de qué?; de que otros pierdan su derecho a una vida digna (vuelva a valer el derecho a la redundancia). Me explico sin parecer un radical anti subvenciones; la agricultura es la piedra angular de la economía en Europa, de no ser porque producimos más que suficiente para abastecernos y para exportar no tendríamos una economía fuerte y sana como la que tenemos. Como he defendido y seguiré defendiendo hasta el último de mis días, los agricultores son quienes nos dan de comer y les debemos nuestra calidad de vida. Por tanto deberíamos empezar a pensar en que estamos creando un estado ilógico en el que las personas en las ciudades pagan menos por los alimentos porque es su “derecho” (en vez de un privilegio) a cambio de que otras personas malvivan; indirectamente les estamos maltratando.

En España todos nos imaginamos que vivir en el campo es una cosa dura y que es mejor vivir en la ciudad porque en el campo se “malvive”, que el agricultor medio es una persona con menos educación que la gente de la ciudad, pero si la agricultura es la piedra angular de nuestro país ¿creen que debería ser así? ¿No deberían tener ellos acaso los mismos derechos a una vida digna que el resto de ciudadanos? Habrá alguno que dirá que ellos tienen subvenciones y pueden vivir de la sopa boba, pero a la vista está que eso no es del todo así. Además ¿Y si les dijeran que tienen que cobrar siempre el mismo sueldo independientemente de lo que hagan? Tal vez muchas personas con inquietud de crecer profesionalmente o con algún tipo de aspiración en la vida (si es que todavía queda alguna) esto les malsonaría un poco y darían un puñetazo en la mesa, y a más de uno le recordaría a las políticas de hace unos años en el Este de Europa…

Para terminar y como de derechos ha ido el artículo, me gustaría concienciar un poco a las personas que leen mis palabras y poco tienen que ver con el campo. Gracias a Dios, vivimos en un mundo en el que nadie nos puede quitar nuestro derecho a la libertad, pero quizás deberíamos dejar de pensar en todos los demás derechos que tenemos y más en nuestras obligaciones. Comprar comida en el supermercado es un derecho, pero comprarla a un precio absurdo es arrebatar el derecho a aquellos que han elegido producirla. –No te preguntes qué puede hacer tu país por ti, pregúntate qué puedes hacer tú por tu país.- (John F. Kennedy).

Leopoldo Rodriguez-Jurado

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