La unión como ideal

7 LEYES ÓRGANICAS EDUCATIVAS EN MÁS DE 40 AÑOS SON MUCHAS. CAMBIARLA CADA LEGISTALTURA ES MUCHO. ES MÁS QUE MUCHO, ES INADMISIBLE

Reconozco que no soy el mayor devoto del informe PISA. Aunque la idea me parece buena, creo que los resultados de los exámenes se malinterpretan, o no reflejan toda la verdad. Al PISA se le da demasiada importancia, en mi opinión. Según el último informe, España se encuentra en el grupo de países europeos que, en materia educativa, lidera incontestablemente Finlandia, aunque con algunos peros. Los números en ciencias y matemáticas, bajan; los de lectura, aumentan. Otro día hablamos de los países asiáticos, imbatibles.

Lo que yo creo es que ni somos los más listos del cotarro, ni los tontos del pueblo. Los números de PISA no deben entenderse como los de la Champions League. Sin embargo, debajo de todo lo que mide la OECD en términos educativos creo que subyace algo de verdad. Algo que nos hace, todavía, estar por debajo de aquellos países ‘top’. Y algo que hace que sea necesario una unión, que es lo que quiero defender desde esta tribuna.

Salga a la calle y pregunte: muchos españoles piensan que la clase política va a su bola, que no piensa en el ciudadano y que lo que busca es el voto y el euro del contribuyente. Quizá sea exagerado, quizá sea cierto. Pero, al menos en la parcela educativa, quien escribe estas líneas sí comparte esa sensación. Más allá de ideologías políticas (que, entiendo, van de la mano con las ideologías educativas), el número de leyes orgánicas que han existido en España es desproporcionado. E irritante.

Los números de PISA no deben entenderse como los de la Champions League
7 leyes órganicas educativas en más de 40 años son muchas. Cambiarla cada legistaltura es mucho. Es más que mucho, es inadmisible: demuestra que existe detrás un criterio ideológico, además de que anula cualquier posibilidad de medir qué falla o qué funciona: simplemente no hay suficiente espacio muestral.

Yo apuesto por un pacto en el que todos los partidos aporten, y todos cedan. En el que todos los españoles ganemos. ¿Utópico? Puede. A mí me gustaría que toda España se uniera, más allá de partidos y de regiones. Porque esa es otra de las cosas que han copado los titulares después de este último informe: la diferencia entre algunas comunidades del norte y del sur. Sería bueno para el país que un niño que nazca en Castilla y León no tenga que recibir una educación muy diferente a la de Andalucía. En este ejemplo, la brecha es significativa: 519 puntos en ciencias para Castilla y León, 473 para Andalucía (la media es 500).

Por estos motivos, España y sus partidos deberían centrarse en lo que realmente importa: los españoles. Deseo que ese pacto educativo que se está cocinando sea, más pronto que tarde, una realidad. Ojalá, por fin, una ley educativa pensada para quienes van a estudiarla. Solo espero que los políticos abandonen sus diferencias, aunque solo sea en este ámbito. Que las habrá, por supuesto. Y habrá que ceder. Pero será ceder por el bien y el futuro de España, que de eso se trata.

Carlos Pérez

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