La utilización del sufrimiento como negocio lucrativo, una costumbre que no pasa de moda

“PUES BIEN, LES CONTARÉ ALGO QUE PROBABLEMENTE NADIE LES DIJO Y, QUIZÁS, LO QUE DIGA SEA POLÍTICAMENTE INCORRECTO, PERO TENEMOS UNA PEQUEÑA PARTE DE RESPONSABILIDAD EN ESTE TEMA”

Hace unos días, salió en todos los medios de comunicación el caso de Paco Sanz, apodado el hombre de los “dos mil tumores”, que simuló padecer una rara enfermedad Síndrome de Cowden y por la cual estafó más de 250.000 euros a cerca de 8000 personas. Tristemente, fuimos también testigos del caso de Nadia, dónde, si consideran repugnante la actitud del primer individuo, no me gustaría saber que clase de adjetivos utilizarían para definir a un padre que utiliza a su propia hija enferma para su lucrativo beneficio.

Y de estas situaciones el ser humano tiene que aprender, porque les guste o no, es la única forma por la cual aprendemos, equivocándonos y volviéndolo a intentar. Pues bien, les contaré algo que probablemente nadie les dijo y, quizás, lo que diga sea políticamente incorrecto, pero tenemos una pequeña parte de responsabilidad en este tema. Como sociedad, estamos facilitando que éstos individuos rastreros, florezcan en un contexto, donde cada vez, somos más sentimentales. Y remarco la connotación negativa que lleva dicho adjetivo, y por la cual, quiero referirme a personas que por sus (con todas seguriad inmejorables) sentimientos (y no juzgo su voluntad) no dejan lugar a lo que vulgarmente llamamos “sentido común”

¡Quede claro! Lo vuelvo a repetir, no dudo ni dudaré de la buena voluntad de todas aquellas personas que han sido estafadas. Les honra su actitud, y nos demuestran una vez más que el ser humano siempre es capaz de lo mejor. Dicho lo cual, hago un llamamiento a una de las virtudes que tanto nos cuesta (y me incluyo) alcanzar: la prudencia y la templanza.

Cómo médico (y pasado mi largo peaje del MIR) me enfrentaré en pocos días al inicio de mi vida laboral, pero ya por los comienzos de mi andadura universitaria, una de las cosas que se preocuparon mucho de inculcarnos, es aprender a manejar situaciones extremas, a no dejarnos llevar por lo que sentimos (porque si, somos humanos y sufrimos como todos), pues en determinadas circunstancias, no nos dejan pensar con claridad. Si no fuera así, ¿Cómo creen ustedes que podría ejercer un oncólogo? Caerían en la desesperación de ver como una buena parte de sus pacientes morirá, a no ser, que manejen las situaciones con serenidad, prudencia y templanza.

¡Ayuden, ayuden y vuelvan a ayudar! Pues creo que todavía es poca la ayuda que nosotros, la propia sociedad civil, brindamos a nuestros semejantes, abandonados a la suerte de una maquinaria estatal, que en estos tiempos que corren tiene cada vez menos capacidad de hacerlo. Pero sean cautos, y estén “ojo avizor”, para que buitres como los mencionados, no hagan uso fraudulento de sus ayudas ,que tanta falta le hacen a muchos otros, pues desgraciadamente, lucrarse del sufrimiento ajeno es una costumbre que no pasará de moda.

Miguel Ángel Rojas

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