Rebelión en la granja

EL LOBO ES UNA ESPECIE EMBLEMÁTICA CUYA GESTIÓN TIENE FUERTES 
IMPLICACIONES SOCIALES, ECONÓMICAS Y MEDIOAMBIENTALES

Hoy en día todos los cazadores son conscientes que la actividad de la caza no está en el mejor momento ante la opinión pública. Todas las administraciones, empresas y demás participantes lamentan, critican e intentan reconducir acciones y actitudes lamentables que se producen en el sector cinegético. Una de las mayores polémicas de nuestro tiempo es el caza del lobo, el mayor depredador en la Península Ibérica, cazado como trofeo y para proteger el ganado.

Los daños que los lobos hacen a la ganaderías, sobre todo en el norte de España (que es donde hay más densidad), no se producen por falta de presas silvestres sino por la propia vulnerabilidad fruto de la domesticación. Además, hay que sumarle la predación múltiple (matar más presas de las que puede comer) una característica habitual de la especie. Todo ello hace que la especie sea muy conflictiva en áreas pobladas y donde la ganadería constituye un importante recurso económico.

En las grandes extensiones naturales, como los Parques Nacionales, la aceptación y tolerancia de las sociedades que conviven con el lobo son fundamentales para su conservación. Está aceptación suele ser mayor en zonas urbanas o en sociedades que nada tienen que ver con el mundo rural, donde el lobo no es un problema y es visto como un animal perseguido hasta la muerte. La gente siente compasión por estos animales y se olvida del sufrimiento de las personas que cuidan su ganado como única fuente de ingreso y alimentación.

En algunas comunidades autónomas la única estrategia que hay para la conservación del lobo son los seguros. Con algunos programas de protección, los ganaderos son compensados financieramente en caso de que haya perdido ganado a causa de los lobos, aunque algunos intenten conseguirlo de forma fraudulenta. De esta forma no se tienen que matar a los lobos ya que estos programas costean todos los daños que hacen. Aunque algunos creen que esto empeora la situación pues los lobos volverán a estos lugares una y otra vez.
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Ataque de un lobo. Primer día hiere, segundo mata.

La compensación funciona de la siguiente manera: primero hay que encontrar el cadáver, luego un agente forestal tiene que certificar que ha sido un lobo, a continuación se realiza la solicitud de la subvención y se esperan tres meses. El problema reside, no en el animal que ha matado el lobo (mal pagado) sino en los daños que provoca en los que no mata: estrés traumático, dejan de dar leche, se producen abortos. Lo que suponen más pérdidas.


El exceso de simpatía con los lobos por parte de algunos ecologistas o gente ignorante, no ayudan a mejorar la relación lobo-ganadero y lo único que hace es aumentar la ignorancia y el odio, como se puede apreciar en el caso de las decapitaciones de lobos en Asturias. Otro caso, sería la pésima gestión del gobierno de Cantabria, donde la administración persigue a la especie. Se organizan cacerías autorizadas por la Consejería de Medio Rural, Pesca y Alimentación en las que se emplean cohetes, un acto denunciado por ASCEL (Asociación para la Conservación y el Estudio del Lobo Ibérico).

El lobo es una pieza clave para la biodiversidad y además favorece el equilibrio de los ecosistemas. Su exterminio tiene un efecto en cascada (da ahí que algunos hablen de cascada trófica, Sustainable Man) que afecta al entorno, como Parques Naturales o ciertas zonas de España con superpoblación de corzos, ciervos y jabalíes.

La convivencia con el lobo es posible, sólo hay que adoptar prácticas ya olvidadas como recoger el ganado o usar perros y burros para protegerlo. Además se deberían de dar las ayudas a priori, con un fin preventivo y así dotar al ganadero de las herramientas adecuadas para proteger al rebaño y no dar compensaciones por los ataques, pues en ese caso la Administración considerará que el ganadero ha debido protegerse bien con las ayudas recibidas y, si hay incidencias luego, se deben a una mala gestión de los recursos recibidos. De esta manera se evitaría cazarlo por odio y futuros fraudes en las ayudas.
Antonio Gil-Delgado

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