La orfandad política

ESPERO EQUIVOCARME, PERDER MI APUESTA Y QUE EL PARTIDO POPULAR CUMPLA CON LA RESPONSABILIDAD DE MANTENERSE COMO NEXO ENTRE ESPAÑOLES

Si el Partido Popular cotizase en bolsa, dado que parece ser un negocio multimillonario e internacional, apostaría en corto. Apostaría en corto porque están llevando a sus votantes a la desesperación. De manzana podrida en manzana podrida, el Partido Popular tiene el riesgo de convertirse en un árbol talado o peor aún, en un árbol caído.

Puede ser que a Mariano Rajoy ya no le importe el futuro del partido, dado que tiene la jubilación a la vuelta de la esquina, y gozará de esa inmunidad no escrita de la que gozan todos los Presidentes, bien lo sabe Felipe González. Pero a muchos españoles sí nos importa, pese a que cada día guste menos el Partido Popular y cada vez cueste más ver un referente dentro de él.

El Partido Popular no es solo un partido político, es un nexo social.

Los conservadores españoles, los que queremos mantener a España unida, los que sabemos que la creación de riqueza viene de la mano de la libertad económica y de la seguridad jurídica, no de subirle los impuestos a Amancio Ortega, los españoles que sabemos que la familia es la base de la sociedad, todos nosotros hemos depositado nuestra confianza en el Partido Popular.

Hemos sido traicionados por el Partido Popular, no solo por el incumplimiento de sus promesas en la pasada legislatura, en la que gozaron de una mayoría absoluta aplastante, si no por los escándalos de corrupción constantes.

La paciencia tiene un límite, y el miedo a lo desconocido también. O reacciona rápido el Partido Popular o verá como sus votantes, antes incondicionales, van poco a poco menguando. Sirva de ejemplo de caída por mediocridad el Partido Socialista, ¿quién habría pensado hace 20 años que el PSOE sería lo que es hoy…?

No sé si la solución viene de una adecuada tala, o si llegados a este punto se necesita un árbol nuevo, pero alguna solución se tiene que aplicar. Un cambio real, visible y explicado.

Llegarán las siguientes elecciones, y como muchos de los españoles me veré en la tesitura de votar azul, votar naranja o quedarme en casa. Las tres opciones son criticables, yo mismo critico las tres. Pero a día de hoy son las tres opciones que creo tenemos los conservadores.

Ignorar la gestión mediocre, basada principalmente en cambios coyunturales y no en mejoras estructurales, y la corrupción que llena las filas del Partido Popular. Dar la oportunidad al partido bisagra. O directamente mantener una rara coherencia moral y no votar al no sentirse identificado con ninguna opción, y que al menos quede reflejado un hueco político a cubrir.

Espero equivocarme, perder mi apuesta y que el Partido Popular cumpla con la responsabilidad de mantenerse como nexo entre españoles, de no permitir que la desesperación y el desamparo de los que han sido sus votantes tengan como consecuencia la división del voto conservador, división tan penalizada debido al sistema d’Hont.

Pero cabe imaginarse que con el galleguismo característico actual, el Partido Popular no hará nada… Y desgraciadamente nos veremos en otra situación de ingobernabilidad en un marco internacional cada vez menos atractivo.

Jorge Gancedo
Ministro del Interior de AOM

Tenemos un problema

EL PROBLEMA DEL TRATAMIENTO DE LA CORRUPCIÓN, CARA A LA OPINIÓN
PÚBLICA, NACE EN EL DESAJUSTE DE TIEMPOS ENTRE EL PRECOZ JUICIO
MEDIÁTICO, Y ELREALIZADO POR LA JUSTICIA, CASI SIEMPRE MUY TARDÍO

El pasado sábado noche tomaba una caña con un gran amigo. Nuestra amistad es fuerte, no cabe la menor duda, ya que si buscáramos argumentos para romperla no nos haría falta indagar mucho. Nuestras ideologías no pueden ser más opuestas: mientras que yo defiendo la libertad, él aboga por la democracia. Y en plena discusión cada uno exageraba más los planteamientos del otro en aras de ridiculizar nuestras ideas mediante una demagogia alcoholizada. Tras muchas voces, algún puñetazo sobre la mesa y varios brindis llegamos a la conclusión de que ‘in medio, virtus (la virtud está en el término medio) y que lo realmente complicado reside en la configuración de esa vara de medir justa para cada persona.

Y con esta bofetada de sinceridad llegamos a una bofetada de realidad: la corrupción que asola nuestro país. Hablé ya de este gran problema en mi última entrada, pero es un tema que no puede ser aplazado por más tiempo. Tras la semana del caso PP (Panama Papers, que nadie se alarme) la noticia del lunes fue la detención de Mario Conde, rostro de todo dentro de la sociedad española. No dejan de germinar focos de corrupción y debemos ya dar con ese medidor de justicia claro que identifique de una vez por todas cuáles deben ser los procesos adecuados para evitar todos estos escándalos. Debemos recordar que el problema del tratamiento de este fenómeno, cara a la opinión pública, nace en el desajuste de tiempos entre el precoz juicio mediático, y el realizado por la Justicia, casi siempre muy tardío.

No te pierdas la entrevista que Risto Mejide le hizo al ex-banquero

Cualquier plan anticorrupción debe pasar por la mejora urgente de los mecanismos de vigilancia, transparencia y rendición de cuentas para combatir esta lacra entre los cargos públicos. En la democracia representativa en la que vivimos nuestros políticos deben ser responsable con sus votantes y deben saber que en un sistema como este no se pasa ni una. Cierto es que en la anterior legislatura se ha reformado el marco penal aplicable a delitos de corrupción (prevaricación, cohecho, tráfico de influencias…) pero no es más que el inicio de la senda a seguir.

Por otro lado, en pleno siglo XXI se debe apostar por una estrategia a nivel nacional que refleje la realidad de la sociedad de hoy y las demandas de ciudadanos y profesionales de la justicia. Todo ello con un reajuste de la administración de la justicia agilizando y asegurando su rápida ejecución de las resoluciones. Son sorprendentes las declaracionesde Francisco Gutiérrez, magistrado de la Audiencia Provincial de Sevilla, quien defiende que “la creación entre 2004 y 2013 de las plazas de jueces y fiscales en las CC.AA no obedeció a criterios objetivos relacionados con la carga de trabajo”.

A su vez, es necesaria la implantación de una serie de medidas comunes a todos los planes de transparencia y regeneración democrática de los partidos políticos: prohibir las condonaciones de deuda de entidades a partidos; limitar subvenciones a los partidos; obligar a rendir cuentas ante el Tribunal de Cuentas; tener una financiación ligada a la variación anual del gasto de los PGE; disminuir un 20% los gastos electorales; pertenencia al partido incompatible con la corrupción; etc. No obstante, como liberal que soy, confío en que debe ser cada institución la que decida su nivel de exigencia interna a la hora de tratar asuntos propios. En lenguaje informal, que cada uno haga lo que quiera en su casa.

No querría dejar de alabar aquí el complicado trabajo que desempeñan los medios de comunicación a la hora de sacar a la luz todos estos casos. El papel que han jugado algunos periodicos españoles como El País con la difusión de los Wikileaks, El Mundo con los papeles de Bárcenas o ABC con el caso de los eres de Andalucía ha sido clave, y los españoles estamos en deuda con ellos por todo su trabajo. La Sexta y El Confidencial han demostrado recientemente su valía contando a los españoles qué ha estado ocurriendo en Panamá en los últimos años.

Julio Wais