Menos impuestos, menos leyes, más control y más libertad

EL SECTOR DE LOS TAXISTAS SE VE AMENAZADO POR LOS DISRUPTIVOS NEGOCIOS COMO UBER Y CABIFY. COMO YA SUCEDIERA EN CONOCIDOS CASOS COMO NAPSTER O BLABLACAR, EL NUEVO ENFRENTAMIENTO OBLIGA A LAS AUTORIDADES A TOMAR PARTIDA EN ESTE DILEMA.

Por poner en contexto el enfrentamiento se remonta a la llegada de Uber y Cabify a España. En aquel momento, el Ministerio de Fomento aseguró que el modelo de negocio que Uber había implantado en otros países no iba a ser legalizado en España. El motivo principal era que se consideraba competencia desleal ya que los costes (por licencias y seguros principalmente) eran notablemente superiores en el sector tradicional.

Uber intentó su defensa basándose en que ofrecían una solución tecnológica y no un servicio de transporte, sin embargo, se vio obligada a parar su actividad después de que fuera ordenado el cierre de su página web y se anunciaran multas por incumplimiento de la ley.

El siguiente paso fue crear y regular el número de licencias de VTC (Vehículos Turismo con Conductor) que serían exigidas a los conductores de empresas como Uber y Cabify, situando el ratio en 30 licencias de taxi por cada 1 VTC. Según los propios datos del Ministerio, este ratio se ha superado hasta llegar al 1:12 (5.400 VTC por las 67.000 de taxis). Otra de las exigencias de los taxistas es exigir mayor control a los conductores de los VTC a la hora de recoger clientes en las calles ya que, según está regulado, solamente pueden realizar los servicios que han sido previamente contratados a través de la plataforma y siempre a una distancia superior a 100 metros de las llamadas “zonas de influencia” según la Ley de Ordenación de Transportes Terrestres. Frente a esto Uber se defiende alegando que, en el caso de ser cometida esa infracción, sería responsabilidad del propio conductor y no de la empresa. Cabe recordar que estos problemas existían antes que las propias plataformas y ya hubo casos de intromisión de “taxistas pirata” en zonas concurridas como el aeropuerto de Madrid o Barcelona.

Después de la última reunión que Iñigo de la Serna ha mantenido con las CCAA y algunos ayuntamientos, el Ministro se ha reafirmado en su posición de hacer cumplir la ley y buscar una solución al problema del ratio taxis-VTC, centrando los esfuerzos en evitar el monopolio y especulación de las licencias concedidas. Unauto VTC (portavoz de Uber y Cabify) defiende que si quieren competir en las mismas condiciones deberían exigir a los taxistas que las licencias fueran personales e intransferibles para evitar que un “licenciado” pueda subarrendar la licencia y obtenga ganancias sin trabajar. Además, Eduardo Martín, presidente de Unauto, reclama que se excluya al taxi del sistema de módulos que “permite que un taxista no pague ni 1.000 euros al año en impuestos mientras que una VTC con una actividad similar paga 9.000 euros.

Leyendo recientemente sobre este tema, encontré algunos artículos serios y no tan serios sobre la cuestión. Uno de los segundos proponía defender una huelga de carteros debido al incipiente uso de otros canales de comunicación como el e-mail o WhatsApp. De nuevo, un amplio sector de nuestro país, apoyado por algunos partidos políticos, quiere luchar a favor de la igualdad de condiciones, condiciones a la baja. Si yo tengo estos problemas, lo justo es que el de al lado también; si no los tiene, los creamos.

En mi opinión esta situación es consecuencia de unas barreras de entrada tan grandes que ha impedido el acceso a nuevos competidores. El haber limitado competencia ha permitido que no hayan necesitado implementar la innovación tecnológica que ahora traen los nuevos proyectos.

Si bien no quiero alentar a los españoles a incumplir la ley, sí me gustaría proponer un cambio en la regulación. Una vez más, buscando liberalizar ambos sectores: reducir el coste de las licencias por ambas partes, que sean personales e intransferibles y fijar un seguro mínimo que debe contratar el conductor, siendo el cliente conocedor del mismo.

En un futuro no muy lejano parece que vamos a enfrentar nuevos ejemplos como los supermercados sin cajeros, las sucursales bancarias que desaparecerán, etc. Entre todos debemos trabajar para crear más y mejores puestos de trabajo en los cuales esos profesionales aporten a la cadena de valor. Siempre, desde mi punto de vista, en un contexto en el que el Ministerio legisle y el mercado decida.

Juan Abascal
Ministro de Fomento de AOM

Ni blanco ni negro

EMPRESARIOS Y TRABAJADORES ESTÁN LLAMADOS A ENTENDERSE Y COOPERAR EN BENEFICIO DE AMBOS

Después de haber leído las últimas noticias sobre el caso de los estibadores sin que patronal y sindicatos hayan llegado todavía a una decisión concreta, todo invita a pensar que es una situación irresoluble. En muchos de los conflictos que se producen entre empresarios y trabajadores podría parecer que las dos partes son irreconciliables y que una trata de atacar a la otra por sistema. Y es que cuando un debate deja de estar fundamentado en argumentos objetivos y se convierte únicamente en oposición sistemática a cualquier cosa que se plantee pierde todo sentido y utilidad.

Un elemento esencial para poder empezar a debatir, dialogar y llegar a un punto común es dejar a un lado la idea de que el otro quiere ir contra ti. No, trabajadores: el empresario no vela sólo por sus intereses y a vuestra costa. Y no, empresarios: vuestros trabajadores no son unos desleales que a la mínima os van a traicionar. Debatir consiste en tratar de escuchar ya que, como decía un ensayista francés de la época napoleónica, “el objeto de toda discusión no deber ser el triunfo sino el progreso.

Solemos oír hablar de la precariedad de los empleos en España. Luchar contra ello es un objetivo básico de toda reforma laboral. ¿Son los empresarios los causantes de esta situación? ¿Deberemos aplicar el contrato único? ¿O mejor flexibilizar la contratación y el despido? Lo único que está claro es que dicha reforma se ha intentado sin éxito. Porque el empleo es una cuestión tan fundamental que se ha convertido en uno de esos asuntos que necesitan con urgencia un pacto de Estado.

El problema es que la divergencia de opiniones es amplísima y cada uno aparentemente enarbola la defensa de una bandera: unos, la de la protección de los trabajadores; otros, la de los intereses de los empresarios. Y ahí nos olvidamos de que unos y otros se necesitan mutuamente y de que sus intereses no son necesariamente contrapuestos porque juegan, al fin y al cabo, en un mismo equipo (aunque algunos se empeñen en negarlo). El empresario quiere sacar adelante su empresa; el trabajador quiere que ésta salga adelante para tener un empleo. Si a uno le va bien, al otro también. Es posible que a veces les vaya mejor a unos que a otros; es cierto y sin duda hay que luchar enérgicamente contra los abusos empresariales y garantizar la dignidad de los trabajadores. Pero ese empeño de confrontar lo no confrontable causa numerosos estragos; cuanto más enfrentemos a ambos grupos, más perjudicados se van a ver los dos. Y, como consecuencia, toda la sociedad. El empleo es uno de los motores del crecimiento y no podemos olvidar que quien lo crea son fundamentalmente las empresas. Atacarlas y tratar de hundirlas a toda costa sería una especie de suicidio colectivo.

Empresas a las que, aunque sea utilitariamente, les interesa que sus trabajadores estén satisfechos. Un trabajador satisfecho es un trabajador productivo. Así lo refleja un informe de Randstad en el que se afirma que la productividad crece hasta un 12%. De hecho, éste es precisamente uno de los motivos por los que los departamentos de RR.HH. de grandes compañías han empezado a diseñar programas para mejorar la calidad de vida de sus trabajadores. Además de un seguimiento personal, vemos que las actuales políticas que se desarrollan en el mundo empresarial son tendentes a lograr la mayor satisfacción laboral: flexibilización de horarios, creatividad, autonomía, teletrabajo…

Como ejemplo de esto podríamos considerar el EFR, un certificado otorgado a aquellas compañías “familiarmente responsables”. Entre aquellas que lo han recibido podemos encontrar a Santander, CLH, Sanitas, Pascual… Son empresas enormemente exitosas y han apostado intensamente por cuidar a sus trabajadores. Son reflejo de que cuanto más feliz vaya alguien a trabajar, más rendirá y más leal será. En conclusión, los resultados de la empresa serán mejores.

No nos olvidemos de una cosa: el trabajador representa la oferta de empleo mientras que la empresa es la que demanda, la que va en busca de dichas personas. Así, las compañías son perfectamente conscientes de que no son nada sin sus trabajadores y, si no lo son, deberían empezar a serlo. De la misma manera, los trabajadores saben que su puesto de trabajo depende de la continuidad de la compañía. Ambos se necesitan; ambos precisan entenderse y colaborar.

Sol Sepúlveda
Ministra de Empleo y Seguridad Social de AOM