El mejor gol de Cristiano Ronaldo

PUEDE DUDARSE DEL GRADO DE CULPABILIDAD EN BASE A SI CRISTIANO RONALDO SABÍA BIEN LO QUE ESTABA FIRMANDO, PERO EL PORTUGUÉS, A DIFERENCIA DE MESSI, NO TIENE UN PADRE DISPUESTO A ASUMIR TODA LA CULPA E IR A LA CÁRCEL POR ÉL

Es noticia estos días la denuncia de la Fiscalía contra el portugués Cristiano Ronaldo por evasión de impuestos. Al parecer, mediante la cesión de sus derechos de imagen a empresas extranjeras (explicado aquí), el futbolista no tributaba ante la Hacienda española por este concepto. La cantidad que se estiman defraudadas por el jugador del Real Madrid es de 14,7 millones de euros y se enfrenta a una multa por el doble de ese valor, además de una condena de cárcel de entre 7 y 20 años.

Hasta aquí, todo normal. Cristiano Ronaldo no es el primer futbolista que se encuentra con problemas ante Hacienda, aunque si el que se ha encontrado con problemas más graves. En su cara a cara particular con Lionel Messi, habría defraudado unas cantidades muy superiores a las del argentino, que ya fue condenado a 21 meses de cárcel. De confirmarse los hechos, a Cristiano Ronaldo le debería caer en buena lógica una pena superior, lo que implicaría pena de prisión casi obligada.

Cristiano Ronaldo es un gran goleador, y uno de los grandes de la historia del fútbol, pero su mejor gol no le ha dado ningún título a su equipo ni le ha dado un Balón de Oro para su colección. El mejor gol de Cristiano Ronaldo es tener convencido a todo un país de que no hay manera de que vaya a la cárcel, pese a haber cometido un fraude fiscal masivo. Hasta tal punto esto es así, que los titulares de los periódicos especulan con su marcha, no con su encarcelamiento.

España es un país tan completamente dominado por el fútbol que la posible condena de Cristiano es casi una cuestión política, mereciendo hasta declaraciones de ministros. Aficionados del Real Madrid que critican los 400.000 euros defraudados de Monedero defenderán la inocencia del luso, y los que clamaban contra el palco del Bernabéu por las causas abiertas del Barcelona no verán una mano negra desde el palco del Camp Nou. La cuestión no es si se ha cometido un fraude fiscal, y con ello un perjuicio a todos los contribuyentes, la cuestión es que le conviene más a mi equipo de cara a la próxima temporada.

Esta actitud puede ser entendible en los aficionados. Después de todo, la vida del español medio se ve más afectada por los goles de Ronaldo (sea para celebrarlos o lamentarlos) de lo que se vería afectada por su condena. Donde no es permisible es en las autoridades. El señor Tebas, presidente de la Liga, ha salido defendiendo la inocencia del portugués, como en su día defendió la de Messi, lo que supone una falta de respeto a la Fiscalía. Cuando alguien está denunciado por fraude fiscal, inocente no es. Puede dudarse del grado de culpabilidad en base a si Cristiano Ronaldo sabía bien lo que estaba firmando (aunque quien cede sus derechos a una empresa de las Islas Vírgenes difícilmente puede alegar ignorancia), pero el portugués, a diferencia de Messi, no tiene un padre dispuesto a asumir toda la culpa e ir a la cárcel por él. Con la admirable labor que se ha realizado en la Liga reduciendo las deudas de los clubes con Hacienda, deberían vigilarse más este tipo de declaraciones.

Gonzalo Aguilar

Macron: el líder que debe educar a Europa

NO DEBEMOS OLVIDAR QUE LO IMPORTANTE NO ES EL PERSONAJE, SINO LA IDEA QUE HAY DETRÁS. LA ELECCIÓN DE MACRON PONE DE MANIFIESTO QUE EXISTE UNA MAYORÍA, NO REACCIONARIA, QUE ESTÁ CONTENTA EN LA UE, QUE CREE EN ELLA Y QUE ESPERA QUE, DESPUÉS DE LAS MALAS EXPERIENCIAS DE 2016, EL PROYECTO EUROPEO SE MATERIALICE

Cuando uno lee últimamente las noticias no puede evitar sentir cierta preocupación por el devenir de la actualidad: numerosos casos de corrupción, la convocatoria del referéndum independentista catalán, los -cada vez más- frecuentes atentados terroristas, el inicio de las que parecen van a ser unas duras negociaciones del Brexit… Sin embargo, al igual que apuntaba en mi anterior artículo, los últimos acontecimientos electorales en el país vecino nos hacen albergar aún esperanza.

Tal y como señala el artículo de Ramón Marcos en el “asterisco”, la irrupción de Emmanuel Macron ha puesto de manifiesto la crisis que padece el bipartidismo en el país galo. De hecho, ninguna de las dos formaciones clásicas fue capaz de pasar a la segunda vuelta de las presidenciales. Unos, los socialistas, por la mala gestión que han hecho de la crisis económica. Los otros, los republicanos, por los numerosos casos de corrupción que afectan a varios líderes. Pero el nuevo inquilino del Palacio del Elíseo, lejos de limitarse a observar el fracaso estratégico de sus adversarios, ha tomado la inteligente decisión de acoger en sus filas a prominentes figuras de ambos partidos. Un ejemplo perfecto de esta jugada maestra es el nombramiento del Primer Ministro, el republicano Edouard Philippe, quien fuera co-portavoz de campaña de Alain Juppé. Con este nombramiento Macron busca el acercamiento del ala moderada de los republicanos y dejar sola a esa rama conservadora azotada por la corrupción. Este y otros nombramientos han tenido como resultado último que el partido político “La République en Marche” obtuviera ayer, en la segunda vuelta de las elecciones parlamentarias, 350 diputados de los 577 que componen la Asamblea Nacional.

Macron no solo ha conseguido pulverizar a sus oponentes políticos, sino que ha logrado también darle esperanzas a todos aquellos que creemos en el proyecto europeo. Su hoja de ruta está profundamente impregnada por promesas pro-europeistas, como son: Impulsar el Acuerdo económico y de comercio entre la UE y Canadá, negociar un acuerdo transversal en materia de seguridad, comercio y ecología entre China y la UE, crear la figura de un procurador comercial europeo que supervise los acuerdos comerciales, materializar definitivamente la propuesta de crear un Ministro de Finanzas europeo que lleva sobre la mesa en Bruselas desde 2013, y en definitiva, llevar a cabo una refundación de la Unión Europea que pueda suponer incluso reformar el Tratado de Lisboa de 2007.

Sin embargo, no debemos olvidar que lo importante no es el personaje, sino la idea que hay detrás. La elección de Macron pone de manifiesto que existe una mayoría, no reaccionaria, que está contenta en la UE, que cree en ella y que espera que, después de las malas experiencias de 2016, el proyecto europeo se materialice. Pero para lograr este último objetivo de unidad debemos impulsar medidas de integración que pasan por involucrar y hacer entender a la ciudadanía cuáles son las funciones de la UE. Actualmente, en palabras del eurodiputado Javier Nart, “el Parlamento Europeo supone el 70% de la normativa que se aplica en España y, sin embargo, poca gente sigue la actualidad de Estrasburgo”. Se trata de comunicar a la población que lo que ahí se discute es de vital importancia para el devenir de los países europeos, y para ello, además de campañas de información, sería necesario introducir un plan de educación enfocado al acercamiento de los jóvenes a las instituciones europeas.

En este último punto, referente a la educación, Macron pretende incorporar más docentes y mejorar las condiciones de la escuela pública. Ciertamente, aquí se encuentra la clave, no solo del porvenir galo, sino del de la UE. Sería bueno que, además de las propuestas antes mencionadas a nivel europeo, se incorporase una medida que conllevase la educación en ciudadanía y cultura europea, para lo cual Carlos Perez podría darnos su opinión al respecto. De lo que se trataría es de contrarrestar la poca información que la sociedad europea tiene de las instituciones europeas, de cuáles son sus funciones y sus valores. Hemos visto que esta técnica ha sido utilizada durante años por los nacionalistas en Cataluña y el País Vasco, donde asignaturas como Historia o Geografía contenían temarios distintos en función de la región con el fin de profundizar en el sentimiento nacionalista. Se trataría de extrapolar este mecanismo, para una función que entendemos mucho más positiva y regeneradora, al conjunto de los países de la UE.

Emmanuel Macron se ha convertido en el gran adalid del proyecto europeo, cosa que reconoce incluso la revista The Economist. Y estas estupendas medidas que quiere implantar deberían ser conocidas por todos, sobre todo por los jóvenes europeos que son los que más se están sintiendo involucrados y que a la larga serán los que decidirán si la Unión Europea, como quieren algunos, se rompe, o como queremos la mayoría, sigue creciendo para mejorar la vida de todos los europeos.

Luis Miguel Melián
Ministro de Asuntos Exteriores y Cooperación de AOM

Menos impuestos, menos leyes, más control y más libertad

EL SECTOR DE LOS TAXISTAS SE VE AMENAZADO POR LOS DISRUPTIVOS NEGOCIOS COMO UBER Y CABIFY. COMO YA SUCEDIERA EN CONOCIDOS CASOS COMO NAPSTER O BLABLACAR, EL NUEVO ENFRENTAMIENTO OBLIGA A LAS AUTORIDADES A TOMAR PARTIDA EN ESTE DILEMA.

Por poner en contexto el enfrentamiento se remonta a la llegada de Uber y Cabify a España. En aquel momento, el Ministerio de Fomento aseguró que el modelo de negocio que Uber había implantado en otros países no iba a ser legalizado en España. El motivo principal era que se consideraba competencia desleal ya que los costes (por licencias y seguros principalmente) eran notablemente superiores en el sector tradicional.

Uber intentó su defensa basándose en que ofrecían una solución tecnológica y no un servicio de transporte, sin embargo, se vio obligada a parar su actividad después de que fuera ordenado el cierre de su página web y se anunciaran multas por incumplimiento de la ley.

El siguiente paso fue crear y regular el número de licencias de VTC (Vehículos Turismo con Conductor) que serían exigidas a los conductores de empresas como Uber y Cabify, situando el ratio en 30 licencias de taxi por cada 1 VTC. Según los propios datos del Ministerio, este ratio se ha superado hasta llegar al 1:12 (5.400 VTC por las 67.000 de taxis). Otra de las exigencias de los taxistas es exigir mayor control a los conductores de los VTC a la hora de recoger clientes en las calles ya que, según está regulado, solamente pueden realizar los servicios que han sido previamente contratados a través de la plataforma y siempre a una distancia superior a 100 metros de las llamadas “zonas de influencia” según la Ley de Ordenación de Transportes Terrestres. Frente a esto Uber se defiende alegando que, en el caso de ser cometida esa infracción, sería responsabilidad del propio conductor y no de la empresa. Cabe recordar que estos problemas existían antes que las propias plataformas y ya hubo casos de intromisión de “taxistas pirata” en zonas concurridas como el aeropuerto de Madrid o Barcelona.

Después de la última reunión que Iñigo de la Serna ha mantenido con las CCAA y algunos ayuntamientos, el Ministro se ha reafirmado en su posición de hacer cumplir la ley y buscar una solución al problema del ratio taxis-VTC, centrando los esfuerzos en evitar el monopolio y especulación de las licencias concedidas. Unauto VTC (portavoz de Uber y Cabify) defiende que si quieren competir en las mismas condiciones deberían exigir a los taxistas que las licencias fueran personales e intransferibles para evitar que un “licenciado” pueda subarrendar la licencia y obtenga ganancias sin trabajar. Además, Eduardo Martín, presidente de Unauto, reclama que se excluya al taxi del sistema de módulos que “permite que un taxista no pague ni 1.000 euros al año en impuestos mientras que una VTC con una actividad similar paga 9.000 euros.

Leyendo recientemente sobre este tema, encontré algunos artículos serios y no tan serios sobre la cuestión. Uno de los segundos proponía defender una huelga de carteros debido al incipiente uso de otros canales de comunicación como el e-mail o WhatsApp. De nuevo, un amplio sector de nuestro país, apoyado por algunos partidos políticos, quiere luchar a favor de la igualdad de condiciones, condiciones a la baja. Si yo tengo estos problemas, lo justo es que el de al lado también; si no los tiene, los creamos.

En mi opinión esta situación es consecuencia de unas barreras de entrada tan grandes que ha impedido el acceso a nuevos competidores. El haber limitado competencia ha permitido que no hayan necesitado implementar la innovación tecnológica que ahora traen los nuevos proyectos.

Si bien no quiero alentar a los españoles a incumplir la ley, sí me gustaría proponer un cambio en la regulación. Una vez más, buscando liberalizar ambos sectores: reducir el coste de las licencias por ambas partes, que sean personales e intransferibles y fijar un seguro mínimo que debe contratar el conductor, siendo el cliente conocedor del mismo.

En un futuro no muy lejano parece que vamos a enfrentar nuevos ejemplos como los supermercados sin cajeros, las sucursales bancarias que desaparecerán, etc. Entre todos debemos trabajar para crear más y mejores puestos de trabajo en los cuales esos profesionales aporten a la cadena de valor. Siempre, desde mi punto de vista, en un contexto en el que el Ministerio legisle y el mercado decida.

Juan Abascal
Ministro de Fomento de AOM

¿TUA CULPA?, ¿MEA CULPA?

LA RADICALIZACIÓN EMPIEZA EN CASA. Y DEBE ACABAR EN CASA. ESTAMOS EN MEDIO DE UN CÍRCULO VICIOSO. LOS POPULISTAS NOS PROMETEN ACABAR CON EL TERRORISMO CERRANDO LAS FRONTERAS, PERO EL TERRORISMO YA ESTÁ EN CASA. Y SE NUTRE A BASE DE INTERNET. Y ES HUMANA Y TECNOLÓGICAMENTE IMPOSIBLE CONTROLARLO. NO SÉ QUIÉN TIENE MÁS CULPA, PERO SÍ CREO QUE EUROPA NO SE ESTÁ PLANTEANDO BIEN ESTE TEMA

Nuestro querido amigo Boris Johnson pedía, y cito textualmente, “Recuperar el control de nuestras fronteras, recuperar el control de la inmigración, recuperar el control de nuestra democracia” y como era de esperar, al Daesh le ha dado exactamente igual. Creó, y es mi humilde opinión, que más que la institución que respalde a Reino Unido, al Daesh le importa su acción exterior, la presente, y no sabemos hasta qué punto la pasada. La huella del colonialismo  no ha empezado ni a diluirse, pero el señor Johnson veía más en Europa que en la intervención exterior (continua y desmesurada) la razón de tanto terrorismo.

Y me pregunto, y quiero que se entienda bien mi pregunta, ¿de quién es la culpa?, ¿de oriente?, ¿de occidente?, ¿de los dos?, ¿del Islam? ¿de las religiones extremistas? Porque tendemos a simplificar etiquetando sin cuidado. Ellos, “los malos malísimos”, nosotros, “los buenos buenísimos”. Y no aceptamos ninguna valoración entre medias.

La inmigración es un movimiento natural del hombre, desde todas partes hacia todas partes. Europa inclusive. De hecho, tengo mis más fundadas sospechas de que cuando (generosa y desinteresadamente) firmamos en Europa todas las regulaciones sobre asilo e inmigración era para cubrirnos las espaldas a nosotros mismos. Ahora, según muchos, es la causa de tanta inmigración descontrolada. Ergo, ¿tanto terrorismo?

Y es indudable que el nuevo terrorismo, como ya se le conoce académicamente (y sí, no yo también pienso que no se  han pensado mucho el nombre) es el fundamentalista, el que mata en nombre de Alá. Pero los últimos atentados muestran, y corroboran que los terroristas en su mayoría SON NACIONALES. Son hijos de inmigrantes, comúnmente conocidos como inmigrantes de segunda e incluso de tercera generación.

Y vuelvo a plantear, ¿de quién es la culpa?, por qué no son inmigrantes. Los hermanos Kouachi eran de nacionalidad francesa. Salman Abedi, el terrorista del concierto de Manchester era británico. Mohamed Abrini, uno de los sospechosos de los atentados de Bélgica era belga. Hijo de. Siempre hijos de. Y aquí mi teoría: ¿hasta qué punto la actuación de un nacional es problema de un autodenominado estado?

Por supuesto que Daesh reivindica todos los atentados, y no sé hasta qué punto realmente Daesh ha estado detrás. El término “lobo solitario” le ha venido que ni pintado. Tantas portadas, tanta repercusión mediática y tanto miedo infundido, es perfecto para ellos. Europa se está convirtiendo en la mejor empresa de marketing del terrorismo. Y no nos estamos dando ni cuenta. Y el miedo lleva al miedo, y este a la desconfianza, y es IN-E-VI-TA-BLE, que se llegue al racismo. Y, ¿entonces? El musulmán se siente poco aceptado, menospreciado, siente que la gente se cambia de sitio al sentarse en el metro, siente que sus contratos de trabajo disminuyen de manera inversamente proporcional al número de atentados. Y se refugia en su comunidad. Y se aísla. Y ahí, y solo ahí, es donde entra el Daesh, y sus procesos de radicalización.

¿De quién es la culpa? Pues creo que un poco de todos, creo que es un problema nacional que un nacional atente contra los demás nacionales. Creo que es un problema ideológico que una banda terrorista mate en nombre de su Dios. Pero la radicalización empieza en casa. Y debe acabar en casa. Estamos en medio de un círculo vicioso. Los populistas nos prometen acabar con el terrorismo cerrando las fronteras, pero el terrorismo ya está en casa. Y se nutre a base de internet. Y es humana y tecnológicamente imposible controlarlo. No sé quién tiene más culpa, pero si creo que Europa no se está planteando bien este tema.

Creo que el inmigrante no es terrorista. Creó que el refugiado no es terrorista. Creó que el DAESH, el extremismo, el fundamentalismo, la ignorancia y la desesperación son terroristas. Y etiquetar, y juzgar, y meter a todos en el mismo saco, solo hace que salgan cada vez más y más terroristas. Nacionales.

Miki Barañano
Ministra de Defensa de AOM

*Fuente imagen: Alerta Digital

Cambiando los paradigmas de la Educación

CREO PROFUNDAMENTE QUE EN EDUCACIÓN LA BALANZA DEBE CEDER EN FAVOR DEL CRECIMIENTO TÉCNICO

Hoy quiero hablar de la educación y de empleo, de ese punto de encuentro que debería haber entre ambos. Para todo aquel que no me conozca personalmente, le cuento que trabajo en la plataforma de empleo universitario más grande de Europa y tengo la posibilidad de ver muy de cerca cómo se lleva a cabo la creación de empleo. Este es un dato que considero importante ya que me permite estar muy cerca de la realidad.

Hay una pregunta que me cuesta responder: ¿En qué dirección debe ir la educación en España? ¿Debe apostar por un conocimiento humanístico que eleve el conocimiento de nuestros jóvenes? ¿O tiene que, en cambio, dotar de habilidades técnicas que te permitan desarrollar un gran criterio en un campo? La respuesta fácil apostaría por buscar el equilibrio, pero creo que hay que tomar decisiones y mojarse. Espero explicarme bien.

Son tres los agentes que tienen aquí un papel fundamental y una gran responsabilidad: universidad, estudiante y empresa (y aquí el orden importa). Veamos.

Creo que el principal responsable de la (ponga el adjetivo que desee) situación que estamos aquí viviendo en torno al desempleo juvenil es la universidad. Y lo creo porque han perdido su identidad como centros de innovación del mundo para convertirse en un paso necesario y en ocasiones tedioso. A cualquier miembro del entorno universitario se le podría caer la cara de vergüenza al escuchar comentarios como “4 años estudiando para ir al paro” o al ver cómo cientos de miles de jóvenes no han sido capaces en equis cursos prepararse lo suficiente como para cumplir unos requisitos mínimos de prácticas. El contacto más real que puede tener la educación superior con la empresa es el de una relación tan íntima que permita ver al profesorado en qué dirección va el mercado. En ocasiones da la sensación de que los docentes buscan preparar grandes líderes olvidándose por completo que el primer paso es conseguir un puestecito en una compañía.

En segundo lugar parte de la ‘culpa’ recae sobre los hombros de los alumnos. ¡¿Cómo?! Sí sí, has leído perfectamente. El candidato que aspira a un puesto de trabajo no puede pretender que el mercado le fiche si no ofrece una solución. Cuando uno arranca su carrera universitaria debe preguntarse cómo van a estar las cosas dentro de unos años (si su objetivo es encontrar un trabajo dentro de su campo) y no pensar si en una carrera hay mayor o menor carga de estudio. A estas alturas de la película todos debemos ser mayorcitos y ya no toca rechistar exigiendo un puesto de trabajo.

Por último quiero defender al mercado y ponerme de su lado. Me refiero a que si una serie de personas están jugándose sus inversiones en una empresa y están buscando a gente joven que les ayude con un problema determinado, no pueden verse obligadas a contratar a alguien por el hecho de que tiene ‘ganas de aprender’. Como dijo en su artículo hace poco mi amigo Gonzalo Aguilar desde Hacienda y Función Pública: “El objetivo de toda empresa es ganar dinero. Un CEO que renuncie a beneficios pero mejore la sociedad a cambio, será muy loable como persona, pero un irresponsable como gestor, porque ni es su dinero, ni es su empresa, ni es la misión para la que se le ha contratado”. Aquí se ficha a gente que me ayude a crecer, y para hacer RSC ya existen una gran variedad de acciones.

¿Debemos tener en España auténticos expertos de la transformación digital que no sepan quien pintó la Capilla Sixtina o España debe ser un país de eruditos que desconozcan qué es un KPI? Creo profundamente que la balanza debe ceder en favor del crecimiento técnico y dejar de lado al conocimiento humanístico. Muchos ponen el grito en el cielo cuando se margina a la Filosofía (mil disculpas filósofos, es por poner un ejemplo) de los planes de estudio. Y sin embargo nadie (la opinión pública) dice nada cuando en miles de puestos para becas se piden una serie de conocimientos informáticos (por poner otro ejemplo) y resulta muy complicado encontrar un candidato con ese perfil.

Os confieso que me gustaría estar hablando de este tema mucho más tiempo, pero he procurado ser lo más conciso posible para transmitir mi idea: la educación debe estar enfocada al mercado de trabajo.

Termino hablando del hombre que ven encabeza este texto. Se trata de Sir Ken Robinson. A quien le he robado el título de su famosa conferencia. Este visionario británico con su cambio de paradigma reclama una revolución en los sistemas educativos. Coincido al cien por cien con sus ideas, que por cierto, te animo a que escuches.

Julio Wais
Presidente de Gobierno de AOM

El punto de partida, la creación de empleo

UNA VEZ CONSEGUIDA LA CREACIÓN DE EMPLEO, ES HORA DE TRATAR DE AVANZAR PARA LOGRAR NO SÓLO QUE LOS ESPAÑOLES TENGAN UN TRABAJO SINO QUE, ADEMÁS, SEA DE CALIDAD

Últimamente hemos recibido advertencias de parte de importantes instituciones como la Comisión Europea sobre la necesidad de hacer frente a la excesiva temporalidad de los empleos en España. También hemos tenido muy presente en las últimas semanas la enorme controversia respecto a las prácticas de los becarios sin experiencia, en este caso a cuenta del restaurante de Jordi Cruz: ¿deben estar o no remuneradas? ¿Se trata de un abuso o de una oportunidad?

Aunque aparentemente estos asuntos no tengan una clara conexión entre sí, la esencia del debate inherente a los mismos es similar: ¿en qué condiciones han de prestar sus servicios los trabajadores? ¿Vale el trabajo “a toda costa”?

En primer lugar, me sorprende la reacción desmesurada contra el famoso chef dado que existen mecanismos tanto administrativos como, en su caso, judiciales para valorar aquellos casos en los que verdaderamente se den abusos e ilegalidades y hacerles frente. Y, de no ser una ilegalidad, no podemos atacar a una persona por hacer lo que la ley le permite hacer. Podremos estar más o menos conformes con dicha legislación y, de no estarlo, tendremos que emplear los instrumentos adecuados para hacerla cambiar. Sin embargo, mientras la ley esté vigente, ésta habrá de cumplirse y no será reprochable la decisión de quien opte por cumplirla estrictamente, por mucho que éticamente estemos o no de acuerdo.

En este sentido, prefiero dejarlo en manos de cada uno: ¿son las prácticas un privilegio, una oportunidad para aprender? ¿Son, en cambio, una relación laboral que, como tal, debería ser remunerada? ¿Debería darse, al menos, alguna compensación?

Un debate similar surge en torno a los empleos temporales. Es cierto que es mejor tener un puesto de trabajo, aunque sea temporal, que no tenerlo. Ahora bien, debe tratarse únicamente de casos en los que verdaderamente exista una causa que justifique la temporalidad o bien de circunstancias excepcionales como la actual, donde la crisis obliga en muchos casos a los empresarios a elegir entre emplear temporalmente o no emplear. Y ante eso, creo que todos estaremos de acuerdo en la necesidad de cierta flexibilidad. Sin embargo, es precisamente en este momento donde se debe dar el salto.

Hemos conseguido el primer objetivo: crear empleo. La situación económica va mejorando. Las empresas van poco a poco recuperándose. El reto ahora es lograr que ese empleo temporal, justificado por la situación de crisis, se transforme en uno de calidad y evitar que no permanezca, de manera indefinida, como una situación que provoca precariedad y que nos coloca a la cola en la UE. Para ello tendrán que valorarse diversas medidas (que sin duda merecen ser tratadas detenidamente en otro momento): algunos abogan por la reducción de las indemnizaciones de los contratos indefinidos para que las empresas no se vean limitadas a la hora de contratar por los enormes costes de un posible despido; otros, en cambio, prefieren optar por dar mayores incentivos directos a la contratación indefinida.

Para finalizar, podemos pensar en aquellos casos de personas paradas que, tras recibir una oferta de empleo, deciden rechazarla. Según una encuesta de mayo de Hays, el 40% de los que lo rechazaron lo hicieron porque el sueldo ofrecido estaba por debajo de lo esperado; otros, porque las funciones que debían desempeñar eran inferiores a su cualificación o por la imposibilidad de conciliar la vida laboral y familiar. En menor medida, aunque también con cierta relevancia, el tipo de contrato y la escasa estabilidad marcaron su decisión de rechazar la oferta. En este caso la pregunta vuelve a ser: ¿es mejor tener un empleo en condiciones diferentes a las idóneas o no tenerlo? Sin duda vuelve a tratarse de una cuestión de proporcionalidad y que debería estar marcada por la especificidad del momento actual de crisis: no debe bajo ningún concepto convertirse en un abuso y en algo habitual. La generalidad debe ser otra, puesto que no puede permitirse que se trabaje a toda costa y existen algunos principios infranqueables que han de respetarse siempre.

La sociedad, las empresas y el Estado deben sin duda colaborar para que los ciudadanos puedan hacer efectivo el derecho a conseguir un empleo y sueldo adecuados a su formación y experiencia, que les permita conciliar su vida laboral y personal; un contrato con seguridad y estabilidad. En conclusión: tener un empleo digno, adecuado a sus circunstancias.

Sol Sepúlveda
Ministra de Empleo y Seguridad Social de AOM