Paz y pacifismo

SIEMPRE ME HA GUSTADO IR A LA RAÍZ DE LAS COSAS CREO QUE ES
IMPORTANTE QUE, EN PRIMER LUGAR, HABLEMOS DE PAZ. Y DE LO QUE NO ES PAZ

Debo reconocer que, cuando nuestro querido Presidente, Julio Wais, me ofreció participar en esta iniciativa, me sorprendió bastante el cargo para el que me propuso: Ministro de Defensa.

Se trata de un cargo complicado, porque los temas que, a priori, le corresponde abordar a un Ministro de Defensa son, por lo general, poco populares. Si existe un Ministerio de Defensa es porque hay algo de lo que defenderse o, si le damos la vuelta a la tortilla, algo (o alguien) que nos ataca. Y qué quieren que les diga: esta reflexión no es demasiado agradable…

Además, a nadie se le escapa que vivimos en una sociedad –Occidente– que, a pesar de ser cada día menos reconocible, aún mantiene ciertas señas de identidad: una de ellas es, a mi juicio, el pacifismo.

En este mi primer post, me gustaría hacer un par de reflexiones sobre paz y pacifismo. Creo que es una buena forma de comenzar mi andadura como Ministro de Defensa. 

En mi opinión, la paz es el fin hacia el que tiende cualquier orden político. Como afirma Gómez Pérez, la paz es uno de los valores esenciales de la convivencia política y social (Virtud, vicio e hipocresía, página 93). Pero… ¿Qué es la paz? No debemos confundir paz con cualquier situación de calma o tranquilidad. En efecto, tal como señala Tomás de Aquino, “si un hombre concuerda con otro, no por espontánea voluntad, sino coaccionado por el temor de algún mal inminente, tal concordia no es verdaderamente paz”. (Suma Teológica).

La verdadera paz es la que nace de la justicia. Sin justicia no hay verdadera paz. Millán-Puelles lo deja bien claro: “la verdadera paz, la que conserva el orden conveniente a los hombres, implica la justicia”. (Sobre el hombre y la sociedad)

El pacifismo, en cambio, rechaza cualquier conflicto, incluso el que pretende restaurar la justicia. En otras palabras: el pacifismo está fundado en el indiferentismo: aceptamos cualquier cosa con tal de que no haya conflicto. Nos repugna el conflicto, sea el que sea.

La verdadera paz es la que nace de la justicia
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Sin embargo, al contrario de lo que postula el pacifismo, no todo conflicto es injusto. Si se pone la justicia en entredicho, debemos luchar por restablecerla.

Un ejemplo: tras los atentados de París, cierto político de moda proponía como solución la empatía. Según el Diccionario de la Real Academia Española, la empatía es la “capacidad de identificarse con alguien y compartir sus sentimientos”. Da igual cuáles fueron los motivos que movieron a los terroristas de París o Bruselas a cometer semejante carnicería: lo que hicieron está objetivamente mal, es contrario a la justicia.

Supongo que nuestro político de moda, con muy buena intención, intentaba expresar lo siguiente: “es mejor el diálogo que cualquier enfrentamiento”. No estoy de acuerdo: no hay diálogo posible con quienes niegan la existencia de la verdad. Lo contrario –el relativismo– implica que, a la larga, acaba triunfando la verdad del más fuerte. Y es probable que, dentro de no demasiado tiempo, haya otros más fuertes que nosotros…

En el fondo, la pregunta que debemos hacernos es: ¿Existe la justicia? ¿Creemos en la justicia? Si la respuesta es negativa, el pacifismo tendría cierto sentido, porque todo –absolutamente todo– podría solucionarse por consenso. Si, por el contrario, creemos que existen actos justos e injustos, el conflicto será inevitable; eso sí: la paz será verdadera.

Ruego al lector que me perdone por esta pequeña divagación filosófica. Siempre me preferido ir a la raíz de las cosas y, si voy a escribir sobre temas de Defensa, creo que es importante que, en primer lugar, hablemos de paz. Y de lo que no es paz.

Yago Fernández

Reformando la reforma laboral

LAS PROPUESTAS DE LOS PARTIDOS DEBEN CENTRARSE MÁS
EN EL MODELO PRODUCTIVO Y EN CÓMO GENERAR EMPLEO


La reforma laboral del PP de 2012 ha sido uno de los principales caballos de batalla de la última legislatura y parece que lo continuará siendo en los próximos meses. No está tan claro qué país queremos ser, ni el modelo productivo en el que queremos basar nuestro futuro, pero la mayoría de los partidos y sindicatos sí que tienen ideas sobre este asunto en particular y todas pasan por derogar dicha reforma. Desde su promulgación, se han hecho enmiendas a la totalidad que adolecen de la falta de concreción clásica de las ideas que emanan de la ideología y no del razonamiento, y cómo no, de alternativas viables, más allá de volver a la ley anterior. 

De manera similar, en las últimas semanas las distintas fuerzas políticas han centrado parte de su campaña (pues en eso nos encontramos) en cambiar la reforma, compartiendo casi todas la propuesta de redactar un nuevo Estatuto de los Trabajadores. Los últimos han sido los diputados de En Comú, que esta semana han propuesto en el Congreso la derogación de las reformas de 2010 y 2012, recogida a su vez por Podemos en el documento base que debía de sustentar un pacto con el PSOE. A lo mismo se comprometió Pedro Sánchez durante las elecciones en repetidas ocasiones.


Recientemente, C’s y PSOE han incluido en su pacto diversas medidas orientadas a “equilibrar la posición de los empresarios y sindicatos”. Si la reforma del PP iba orientada a la flexibilizar la negociación colectiva en el ámbito de la empresa en detrimento de la negociación sectorial, ahora se pretende recuperar la primacía de los convenios a nivel del sector. Ello supone una abstracción de la situación particular de cada empresa y, en materia de empleo, no debería primar tanto la abstracción como la flexibilidad. En cuanto a la posición de empresarios y sindicatos, se suele afirmar que una de las grandes obsesiones de C’s es la de convertirnos en Dinamarca y, en materia de empleo y del papel de los sindicatos, hay algunos, como Paul Krugman, que comparten esta aspiración para su país. En España, sin embargo, el peso de los sindicatos, aunque lejano del de los países nórdicos, se ha mantenido cercano a la media de los países de la OCDE. Por otra parte, la principal propuesta de ambos partidos es reducir el número de contratos (aparcando, de momento, el contrato único) y la creación de la llamada “mochila austríaca”, un fondo que sirva para financiar parcialmente el coste de despedir a un trabajador, acumulándose a su jubilación si no se dispone de él, y que incentive la contratación indefinida. Esta idea sí va en la dirección de resolver una de los principales problemas de nuestro mercado laboral, que es fundamentalmente la dualidad. No estamos solos en este asunto y ha sido precisamente la Comisión Europea quien ha pedido recientemente al gobierno que profundice en la legislación laboral introducida y que se acabe con las enormes diferencias entre trabajadores indefinidos y temporales que, de acuerdo con las estadísticas de la OCDE representan casi un 70%.
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La incertidumbre política actual no está favoreciendo el empleo

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La incertidumbre política actual está paralizando las inversiones en nuestro país, como es lógico. Sin embargo, en esta materia en particular, la incertidumbre no solo no está favoreciendo el empleo, sino que está acarreando consecuencias negativas como la deslocalización y, en particular, la consiguiente destrucción de puestos de trabajo. Ante la posibilidad de que se derogue la reforma de 2012, hay empresas están llevando a cabo despidos que podrían resultar más costosos con una nueva legislación, lo que podría suponer, según los expertos, un cambio respecto a la tendencia a la baja del número de EREs en el último año.


Desde el año 2008, los españoles consideran el paro como el principal problema de nuestro país. En cambio, la preocupación por la situación económica ha ido perdiendo fuelle y ha cedido el segundo lugar a la corrupción y el fraude. Parece razonable, si nos atenemos al PIB en 2015 (3.2%) frente a la tasa de paro (21%), pero se trata de un hecho ciertamente ilógico en la medida en la que ambos se encuentran estrechamente unidos (como se aprecia en la gráfica siguiente) y el crecimiento en los próximos meses y años no está, en absoluto, garantizado. Desde la misma manera que el PIB de un país no crece por real decreto, resulta poco razonable pensar que el empleo se recuperará mediante una ley, por el único hecho de derogar. La reforma de 2012 era necesaria si nos atenemos a la tasa de desempleo que se alcanzó con anterioridad a su promulgación y a la destrucción de 400.000 empleos que hubiese tenido lugar en su ausencia, de acuerdo con los cálculos de la Comisión Europea. Tanto la Comisión como la OCDE coinciden en que la reforma laboral ha conseguido sobre todo reducir la pérdida de empleo, teniendo un efecto más limitado sobre las nuevas contrataciones, siendo uno de los principales problemas la cronificación del paro de larga duración, que recae principalmente sobre trabajadores poco cualificados. A su vez, la creación de contratos indefinidos está aumentando de manera lenta. Las propuestas de los partidos, en consecuencia, deberían centrarse más en el modelo productivo y en cómo generar empleo.

Fuente: Comisión Europea

El impacto terrorista en Europa

A DÍA DE HOY NO SE ENTIENDE NI LA VIDA NI LA CULTURA
ESPAÑOLA SIN LA APORTACIÓN COMUNITARIA TANTO
EN MATERIA ECONÓMICA COMO EN MATERIA SOCIAL

El pasado 22 de marzo fuimos nuevamente testigos de la sinrazón que supone cualquier tipo de terrorismo, y de forma más concreta, el que últimamente está poniendo en jaque a los servicios de inteligencia de todo Europa: el Yihadista. Este nuevo episodio de terror que se vivió en la capital europea, además de la consternación e impotencia que ha provocado por las más de treinta vidas sesgadas, alguna de ellas de nacionalidad española, también pone de relieve la fragilidad que padece la Unión, no solamente con respecto a la prevención de riesgos, sino también en el ámbito puramente político.

Mucho se ha hablado y se ha comentado en los medios acerca de la ineptitud de la policía belga y sus cuerpos de inteligencia, pero querer reducir a este único elemento el problema de seguridad que está padeciendo Europa es no entender los diversos retos que afronta la Unión de cara a su futuro.

DAESH (Estado Islámico) y su maquinaria del terror, además de suponer una amenaza constante para el mantenimiento de la paz en los países de la región, ha provocado de forma directa la migración de más de cuatro millones de personas, y esto en lo referente únicamente a Siria. Este panorama, bautizado por los medios como “la crisis de los refugiados”, ha supuesto para los gobiernos de la Unión Europea un serio aviso para que estos despierten de sus aletargados sueños. Y es que, son tan numerosos los problemas que esta situación presenta, que no resulta fácil diferenciar de manera razonada cuales de los efectos producidos por esta crisis de refugiados son, además de al propio estado terrorista, claramente achacables a unos u a otros.
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Europa se sitúa, sin duda, ante una de sus mayores crisis
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De pronto nos hemos despertado de este sueño de la “Europa Unida” y se nos ha dicho que hemos estado haciendo las cosas mal desde hace mucho tiempo, y no solo en el aspecto político, al parecer en el económico tampoco se ha estado muy acertado. A estas alturas no es difícil encontrar a altos funcionarios de la Unión Europea acusando abiertamente a países miembros de no poner en práctica los consejos que se les había trasmitido desde Bruselas en materia de seguridad. Tampoco es difícil encontrar a destacados miembros de ejecutivos europeos, como es el caso del Ministro Margallo, responsabilizando a la UE de no agilizar los trámites para poder realizar el efectivo acogimiento de refugiados en suelo nacional, o las quejas de unos Estados con respecto de otros por no estar de acuerdo en la estrategia de contra-inteligencia a seguir con los propios refugiados de los que se tiene sospecha y que actualmente consiguen pasaportes en Turquía para poder entrar en Europa. Y a todo esto hay que unirle el popular “Brexit” por el cual Reino Unido puede que dé por terminada su participación en el proyecto europeo común. Sin embargo, lo más alarmante es que todas estas cuestiones pertenecen a temas diversos, como son: seguridad europea, acogimiento de refugiados (con todo lo que ello conlleva), problemas económicos, culturales, etc. o el posicionamiento geopolítico de la Unión Europea con respecto al conflicto Sirio.

Además de lo ya mencionado, los países de la Unión se han echado sobre si mismos otra pesada losa frente a la opción pública, el mal explicado pacto de los veintiocho con Erdogan, por el que acuerdan la expulsión de los refugiados que lleguen a Grecia desde Turquía. Dicho pacto no es tan simple como el titular de la propia noticia nos quiere hacer pensar. Sin embargo, hay que reconocer que una vez más el tacticismo político de los países miembros ha brillado por su ausencia. Pocos pactos podían dar una peor imagen de cara a la opinión pública, y más en un momento tan delicado como en el que nos encontramos, por no mencionar la ruptura de algunos países, como Polonia, del acuerdo acogimiento de refugiados, afirmando que cierran sus fronteras a todo refugiado.

Esta situación provoca, como ya se ha mencionado, una crisis interna, no solo desde el punto de vista de la seguridad o la cooperación, sino también en relación a los propios valores y principios sobre los que se fundó la Comunidad Europea. Si no somos capaces de priorizar las amenazas comunes frente a las propias, si no somos capaces de apoyar y posicionarnos en el lugar de otros (sean refugiados o estados miembros) y no somos capaces de presentarnos frente al resto de países como una alternativa será y responsable de gobierno, muy probablemente no seremos capaces de hacer que este proyecto perdure a largo plazo.

En lo que a España respecta, debemos de tener nítidamente claro que la participación en el proyecto europeo nos ha traído consigo los mayores años de prosperidad económica, social y política. A día de hoy no se entiende ni la vida ni la cultura española sin la aportación comunitaria tanto en materia económica como en materia social. Por ello debemos de adoptar una postura más activa en la defensa de los principios europeos, y si ello nos supone la enemistad con algún estado miembro o con la opinión pública, debemos entender que la participación en este proyecto acarrea no solo derechos, sino también responsabilidades. Por ello, seria un gran avance que España, por todo lo sufrido en materia terrorista a lo largo de su historia, encabezara las relaciones inter-institucionales de la unión y que buscara una solución a este problema que actualmente parece encontrarse anclado en los discursos internos de cada país que sin tener altura de miras están llevando al abismo lo que tanto tiempo se ha tardado en conseguir.

Luis Miguel Melián

El turismo como salvavidas

CUANDO ALGUIEN MENCIONE “VACACIONES” EN CUALQUIER PARTE
DEL MUNDO, LA MENTE DE LAS PERSONAS DEBERÁ EVOCAR ESPAÑA

El pasado 20 de Enero tuvo lugar un acontecimiento muy significativo que, sin embargo, pasó un tanto desapercibido. Durante 4 días concurrieron a la Feria de Madrid más de 232.000 profesionales de la industria turística (un 60% más que el año pasado) provenientes de lo largo y ancho del globo, llegando a una cifra de 165 países. Hablamos de FITUR, la Feria Internacional del Turismo, considerada a nivel mundial el segundo mejor evento de este sector tan importante y especial para nuestra nación.

Durante estos difíciles años que hemos sufrido de crisis, el turismo ha sido un salvavidas para muchos de nosotros, un sector que siempre ha ofrecido trabajo y oportunidades en unos tiempos donde eran difíciles de encontrar. No cabe duda de que en las últimas décadas el motor principal de nuestra economía ha sido el sector de servicios y España ha adquirido una fama mundial como lugar de preferencia para disfrutar de las vacaciones. Marbella, Benidorm, Ibiza, Santander o Sanxenxo son solo algunos de los numerosos puntos concurridos por millones de personas tanto nacionales como extranjeros en épocas estivales. 
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La playa del Sardinero es una de las más populares del norte de España
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Esto por supuesto debería ser un motivo de orgullo para nosotros, pero no nos podemos quedar ahí. Hemos logrado ser un referente global enseñando al mundo todo lo que nuestro maravilloso país es capaz de ofrecerles. Ahora es el momento de consolidar ese liderazgo obtenido a través de muchos años de esfuerzo y sacrificio. No nos podemos quedar en ser una moda pasajera, sino que cuando alguien mencione “vacaciones” en cualquier parte del mundo, la mente de las personas evoque ese verano recorriendo las playas del Cantábrico, ese invierno bajando las cumbres de los Pirineos, o esa gran primavera soleada en Mallorca.

Para que esto sea posible, todos tenemos que aportar nuestro granito de arena. Gran parte de la población española vive directa o indirectamente del turismo, lo que conlleva la responsabilidad de sacar todo ese encanto, esa magia y ese arte inherentes a nuestro pueblo, ya que como popularmente se dice “los lugares los hacen la gente”.

Guillermo González

Día 96: Seguimos sin Gobierno

LAS TAREAS DEL PRIMER DÍA DE LEGISLATURA SERÁN CON TOTAL 
SEGURIDAD LAS MISMAS HASTA EL ÚLTIMO DÍA DE GOBIERNO

Es curioso ver cómo surgen infinidad de opiniones acerca de lo que va a ocurrir de aquí a, digamos, que se forme Gobierno, por no insinuar una repetición de elecciones. Que si Podemos subirá, que si el PSOE terminará de hundirse, que si Ciudadanos se convertirá en tercera fuerza, etc. Cada medio, cada periodista, cada político ve el futuro de una manera distinta, pero nadie parece que tenga mucha seguridad de sus propias palabras. Lo que creo que sí se puede decir con total confianza es que los objetivos más importantes del próximo presidente van a ser la economía y la unidad de España. Si esto peligra, peligra todo.

La realidad del país es tremendamente delicada. La situación económica necesita una consolidación definitiva no solo en la creación de empleo con reformas profundas en políticas activas (simplificando la legislación para reducir la incertidumbre entre los empresarios), sino también en la generación de un ambiente de mercado libre. Eliminar trabas administrativas, mejorar la financiación para proyectos empresariales o crear incentivos de índole financiera y fiscal para promover el emprendimiento son medidas urgentes de cara a conseguir una liberalización del mercado necesaria que ya ha traído sus primeros beneficios. Como indica el economista Daniel Lacalle “a pesar de las mejoras de los últimos años, seguimos siendo uno de los países donde es más lento y caro empezar una actividad empresarial“. La competitividad del país debe crecer y conseguir con ello una recuperación total de la economía que permita a España y a los españoles encarar el medio y largo plazo con unas perspectivas fiables. Expansión muestra varias ideas cruciales que permitirán un avance claro.
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Fuente: Vanity Fair
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Por otro lado la soberanía del país se presenta como uno de los peores dolores de cabeza que va a tener el presidente de la XI legislatura. España es ella y sus 17 circunstancias.

Querría aquí hacer un pequeño paréntesis para explicar un poco de pizarra, un poco de teoría. Personalmente me gusta examinar la gestión de los mandatarios públicos comparando la situación de su entorno (ya sea concejalía, diputación, ministerio, etc.) en el momento en el que lo recoge y en el que lo delega. Por este motivo creo que Artur Mas ha sido uno de los peores presidentes de la Generalitat de Cataluña porque si uno analiza el resultado de su gestión lo primero que ve es la ruptura y separación de su pueblo. En las últimas elecciones regionales el voto independentista obtuvo el 48% los votos mientras que aquel que defendía la unidad del territorio nacional recogió el 52% de las intenciones.

Sea como sea, la principal labor del próximo Jefe del Ejecutivo pasa por estrechar los lazos que unen a todos los españoles. Dentro de la legalidad se deben emplear todas las herramientas posibles por establecer unos cauces de unión definitiva que no peligre con una simple propaganda fácil. Y no me estoy mostrando aquí favorable a la celebración de un referéndum, por muy legal que fuera o por mucho que este obtuviera un 90% de voto constitucional, sino por la implantación de un sistema autonómico (sí, autonomías y no federaciones) que nos una como país.

Por último añadiría la lucha contra la corrupción a las principales tareas del próximo presidente, planteándolo en un formato 2+1: economía y soberanía + corrupción. Para ello haría una triple propuesta:
  1. La mejora con carácter de urgencia de los mecanismos de vigilancia, transparencia y rendición de cuentas para combatir la corrupción entre los cargos públicos.
  2. El reajuste de la administración de la justicia agilizando y asegurando su rápida ejecución de las resoluciones.
  3. La implantación de una serie de medidas comunes a todos los planes de transparencia y regeneración democrática de los partidos políticos. Sin embargo, debe ser cada institución la que decida su nivel de exigencia interna a la hora de tratar asuntos propios.
Son tareas del primer día de legislatura, pero con total seguridad lo sigan siendo hasta el último día antes de la formación de nuevo gobierno. Trabajemos en ello sin olvidar que España y los españoles tenemos la oportunidad –y la propia obligación– de salir reforzados de la crisis económica, territorial e institucional de los últimos años.

Julio Wais

La tasa impositiva y la recaudación estatal

AUNQUE UNA SUBIDA DE IMPUESTOS PUEDA TRAER UN AUMENTO DE LA RECAUDACIÓN,
LO HACE A CAMBIO DE DESINCENTIVAR LA ACTIVIDAD ECONÓMICA DEL PAÍS.

Los impuestos son una de las principales fuentes de recaudación del Estado. Su idea original es simple: el ciudadano, a cambio de gozar de una serie de bienes y servicios públicos, como el transporte, las carreteras, la sanidad, la justicia o la educación, entrega al Estado un porcentaje de cada transacción económica. Los impuestos actúan como una fuente de financiación para que el Estado pueda proveer y mantener dichos servicios, y como una fuente de redistribución de riqueza, para reducir las desigualdades económicas. Podríamos decir que los impuestos son el precio a pagar por disfrutar del marco económico y social que ofrece el Estado.

¿Cómo puede el Estado recaudar más mediante los impuestos? A primera vista, lo lógico es aumentar la tasa impositiva, es decir, el porcentaje que se queda el Estado del bien gravado. Si el Impuesto de Sociedades se encuentra fijado al 25% del resultado de la empresa, de fijarse al 30% el Estado debería recaudar más dinero. Pablo Iglesias, con su plan de aumentar en 96.000 millones de euros el gasto público sigue esta idea. Su plan requiere conseguir un tercio de esa cantidad mediante el aumento de los impuestos, pero parte de una consideración equivocada

Las personas cambian su actividad económica en función de la tasa impositiva. Si la tasa impositiva está al 0%, el Estado no recaudará un céntimo, pero tampoco lo hará si se fija al 100%, porque nadie trabajaría. Cuando una persona va a realizar un negocio, lo hace porque cree que le va a ser rentable. Si el Estado sube los impuestos, todas aquellas actividades que estaban al borde de la rentabilidad necesaria para llevarse a cabo, dejan de ser rentables. Mientras la recaudación extra supere a la recaudación pérdida, el Estado tendrá ganancia, pero si se suben los impuestos lo suficiente llegará un momento de pérdida
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EEUU en los 80 recortó mucho sus impuestos, pero dobló la recaudación total
Una pregunta previa a la subida de impuestos es qué efectos puede traer. La subida de impuestos, bien utilizada, puede traer beneficios en forma de mayores servicios sociales. Sin embargo, en casos de corrupción gubernamental, o de mala utilización de fondos, se está ahogando la economía, no ayudando a la sociedad. ¿Por qué se ahoga a la economía? Porque ante una subida del Impuesto de Sociedades, una empresa puede reaccionar de cuatro maneras. Asumir la pérdida en su cuenta de resultados; pasar la pérdida al ciudadano, aumentando sus precios para mantener su rentabilidad; disminuir su inversión, eligiendo opciones más rentables para su capital como una inversión en otro país con menores impuestos; y retirarse por completo del mercado. Todas son perjudiciales.

Tenemos ejemplos de ambos casos. Los países nórdicos de Europa, con tasas impositivas muy elevadas, suelen liderar las listas de calidad de vida a nivel mundial. Por otra parte, Estados Unidos en los años 80 recortó muchísimo los impuestos, pero dobló la recaudación total. Es cierto que la recaudación aumentó menos de lo que aumentó el PIB, pero también lo es que el PIB podría no haber aumentado tanto de no habérsele dado ese aire a las empresas. El resultado fue una ganancia tanto para el Estado como para la sociedad.

La idea que quiero dejar clara aquí es que el Ministerio de Hacienda debe saber que la tasa impositiva es una herramienta de doble filo. Aunque una subida de impuestos puede traer un aumento de la recaudación (a corto plazo), lo hace a cambio de desincentivar la actividad económica del país (en el largo). Para fijar el nivel de impuestos, el plan de mi Ministerio sería realizar un estudio que fijase lo siguiente: cuál es el nivel de recaudación que permite la realización de los servicios sociales mínimos, cuál es el nivel de impuestos que desincentiva la actividad económica más de lo que puede producir, y en que nivel de esa recta conviene situarse para maximizar la producción y la calidad de vida del país. En épocas de bonanza,  puede convenir subir los impuestos para ayudar a los más pobres, si permite mantener suficiente actividad económica. En épocas de recuperación, como la actual, conviene fomentar la economía, y subir los impuestos puede constituir un golpe mortal.

Gonzalo Aguilar