Prudencia

LAS MAYORES DOSIS DE CAUTELA Y NEUTRALIDAD NO SERÁN SUFICIENTES
PARA TOREAR A ESTE BULL DESATADO AL OTRO LADO DEL CHARCO

El otro día en plena batalla con la nueva web de El Ala Oeste de la Moncloa (sí, vamos a tener nueva web y espero que sea muy pronto) estaba repasando una de las secciones y me pregunté cómo sería un AOM formado por el Gobierno oficial español. ¿Darían que hablar las palabras mensuales de Montoro? ¿Estaríamos pendientes de las declaraciones de Nadal? ¿O acaso Méndez de Vigo escribiría una tribuna digna de algún premio? Imagínense un espacio donde no hubiera ni cabeceras de periódicos ni periodistas que condicionaran el mensaje. Aunque tampoco le he dado muchas vueltas, no creo que fuera mala idea.

En esta reflexión caí en que las presiones vendrían de los stakeholders de cada ministerio y confirmé la idea en la que siempre he creído que el político, en mayor o menor medida, es continuamente un interlocutor. Desde el concejal de pueblo que tiene que dialogar entre amas de casa y el alcalde hasta todo un presidente de gobierno que se dirige a la opinión pública y a Bruselas.

En estos tiras y aflojas constantes, la futura relación de España con Estados Unidos será un asunto de una extrema delicadeza. Tras los artículos de Luis Miguel Melián (Asuntos Exteriores y Cooperación) y Miki Barañano (Defensa) en los que se hablaba de los retos a los que se tiene que enfrentar nuestro país en relación a los USA, querría hacer un comentario. Habrá que partir de algunos pilares capitales como que España no debe abandonar la formidable amistad que ha tenido con EEUU en los últimos años; como que tampoco puede olvidar que forma parte de una Unión comunitaria; y como que a su vez no se puede alejar de los importantes valores de libertad que ha conquistado. Las mayores dosis de cautela y neutralidad no serán suficientes para torear a este bull desatado al otro lado del charco. Habrá que mantener la calma para ser conscientes de que los americanos contarán con la suficiente inteligencia de sacar provecho de nuestro país, algo que nos conviene muchísimo (lean a Miki para ampliar esta idea) porque el impacto estadounidense en nuestro país sigue siendo extraordinario. Algunos ejemplos son las grandes infraestructurasque empresas españolas están construyendo en California, el hecho de que el país yankee esté a la cabeza de aprendizaje de español(esto le va a poner tenso a Donald) o que el turismo americano haya crecido en 2016 un 7%.
Trump, al igual que el toro de Wall Street, refleja optimismo, agresividad y prosperidad financiera

¿Qué debería hacer España como nación? Desde mi punto de vista mantener una neutralidad lo más discreta posible. Evidentemente sería absurdo ocultar nuestra tristeza por Latinoamérica con quien compartimos un gran vínculo histórico, pero posicionarnos en contra de la administración Trump tampoco serviría de gran ayuda. Para bien o para mal Estados Unidos podría vivir y sobrevivir con un aislamiento casi total del resto del mundo, por lo que sería muy arriesgado poner en peligro nuestra relación con ellos. Apostar por terceras vías también de corte neutral como lo es la UE sería acertado al ampararnos en, al fin y al cabo, lo que somos: parte de un gran proyecto de libertad en Europa (el lunes lo recordó el Ministro de Justicia que “en Europa creemos en esa libertad de circulación, que además de la seguridad hay que garantizar la circulación de personas y de servicios”).

Prudencia, templanza y sensatez; mucha mente fría en definitiva que nos aleje de ‘calentones’ diplomáticos cortoplacistas, aunque sea precisamente la administración americana quien esté llevando adelante este tipo de acciones.

¡Por España! Bueno, y por los españoles

 

EN 2016 UNA ACTITUD EJEMPLAR DE LOS CIUDADANOS ESPAÑOLES CONFIÓ MÁS EN LO CONSEGUIDO POR LA ANTERIOR ADMINISTRACIÓN QUE EN LAS PROMESAS IRREALIZABLES DE LA IZQUIERDA

Una de los últimos artículos de opinión que vimos en la prensa en 2016 fue la tercera de ABC en la que Antonio Garrigues Walker despedía el año con unas profundas palabras. En ellas, el jurista afirmaba que “2017 puede ser una espléndida oportunidad para demostrar -como país- nuestra fuerza y nuestra capacidad de acción”. Un mensaje de futuro lleno de esperanza por ver con una determinación clara que el papel de España en el mundo puede ser crucial. Hablaba de futuro, al contrario que el -me atrevo ya a decir- intelectual Juan Ramón Ralló, quien en su columna en El Confidencial del día anterior hacia una reflexión de ese 2016 reflejo de todas las imperfecciones de la democracia.

Ambas tribunas me invitaron a la reflexión y tras algunos thoughts comprobé la doble satisfacción que tengo al contemplar tanto el agotado 16 como el prometedor 17. Si hace un año me hubieran dicho que España sería el único gran país donde el populismo no triunfaría, no me lo hubiera creído; como tampoco lo hubiera hecho si me dijeran que en Estados Unidos iba a ganar Trump o que Gran Bretaña se iba a desvincular del proyecto europeo. ¡Increíble!

Bien es cierto que nos costó sangre sudor y lágrimas formar un gobierno en España, pero finalmente se logró. No escondo mi simpatía por el actual Ejecutivo y por el presidente Rajoy, y los resultados electorales en junio mostraron a mi parecer una gran madurez en los españoles. Creí que los cantos de sirena podemitas podrían haber convencido a la sociedad para catapultarles a la segunda posición, pero una actitud ejemplar de los ciudadanos confió más en lo conseguido por la anterior administración que en las promesas irrealizables de la izquierda. ¿Voto del miedo? ¡Toma ya, claro que sí! “No quiero que mi país se arruine y voto a los que crean más de 1.500 puestos de trabajo al día a pesar de que son un partido ensuciado por la corrupción”, o en otras palabras, madurez. Y hablo de ‘madurez’ porque la diferencia entre un adulto y un niño es la correcta atribución de importancia a los problemas, y los españoles le dieron más importancia al empleo que a la renta mínima, al crecimiento que al reparto, al corto que al largo plazo. De verdad, muy orgulloso.

He de criticar aquí algunos de los gestos que ha tenido en los últimos días el gobierno del PP al tomar medidas alejadas de la libertad. Les puedo asegurar que hago todo lo posible por ponerme en la piel de Rajoy a la hora de ser un interlocutor entre Bruselas, oposición, instituciones y sociedad civil, pero me cuesta mucho entender mayores impuestos, subidas sorprendentes del SMI, o aumentos salvajes de gasto. Hay que pagar, hay que reducir, hay que ahorrar. Todo lo que tú quieras que ‘haya’ pero al final siempre queda mermado el bolsillo de las personas, su propiedad privada, su libertad.

Y con esto vuelvo al título donde reflejo un sentimiento de orgullo por nuestro país, pero también por sus ciudadanos, quienes han tenido una responsabilidad clave con su país y sin embargo ven como vuelven a ser las víctimas una vez más. No voy a ocultar que argumentos como “la subida del SMI”, “la imposición de tasas a empresas” o “el aumento de las pensiones” defienden que dichas medidas se han hecho para proteger al ciudadano. Claro, a corto plazo, tal y como haría cualquier gobierno de apariencia socialdemócrata y/o comunista. Volvamos a la senda de la reforma laboral, ese gran proyecto de la X legislatura que impulsó a través de unos intentos de libertad a la economía española y al crecimiento de todas sus gentes. Si se hizo una apuesta a largo plazo y funcionó electoralmente a pesar de tener la oposición más feroz vista en España, ¿por qué no iba a resultar eficaz ahora? El año que arranca nos exige olvidar los acuerdos cortoplacistas y los grandes pactos llenos de populismo. Como podría haber dicho un tocayo mío: “futuro, futuro y futuro”.

Cierro el estreno de AOM 2.0 con las mismas palabras de AGW. “Una España fuerte descubrirá que es mucho más importante y mucho más capaz de lo que creemos. Llegó nuestro momento”.

Julio Wais
Presidente de Gobierno de AOM

 

¡Por España! Bueno, y por los españoles

EN 2016 UNA ACTITUD EJEMPLAR DE LOS CIUDADANOS ESPAÑOLES CONFIÓ MÁS EN LO CONSEGUIDO POR LA ANTERIOR ADMINISTRACIÓN QUE EN LAS PROMESAS IRREALIZABLES DE LA IZQUIERDA

Una de los últimos artículos de opinión que vimos en prensa en 2016 fue la tercera de ABC en la que Antonio Garrigues Walker despedía el año con unas profundas palabras. En ellas, el jurista afirmaba que “2017 puede ser una espléndida oportunidad para demostrar -como país- nuestra fuerza y nuestra capacidad de acción”. Un mensaje de futuro lleno de esperanza por ver con una determinación clara que el papel de España en el mundo puede ser crucial. Hablaba de futuro, al contrario que el -me atrevo ya a decir- intelectual Juan Ramón Rallo, quien en su columna en El Confidencial del día anterior hacia una reflexión de ese 2016 reflejo de todas las imperfecciones de la democracia.
Ambas tribunas me invitaron a la reflexión y tras algunos thoughts comprobé la doble satisfacción que tengo al contemplar tanto el agotado 16 como el prometedor 17. Si hace un año me hubieran dicho que España sería el único gran país donde el populismo no triunfaría, no me lo hubiera creído; como tampoco lo hubiera hecho si me dijeran que en Estados Unidos iba a ganar Trump o que Gran Bretaña se iba a desvincular del proyecto europeo. ¡Increíble!
Bien es cierto que nos costó sangre sudor y lágrimas formar un gobierno en España, pero finalmente se logró. No escondo mi simpatía por el actual Ejecutivo y por el presidente Rajoy, y los resultados electorales en junio mostraron a mi parecer una gran madurez en los españoles. Creí que los cantos de sirena podemitas podrían haber convencido a la sociedad para catapultarles a la segunda posición, pero una actitud ejemplar de los ciudadanos confió más en lo conseguido por la anterior administración que en las promesas irrealizables de la izquierda. ¿Voto del miedo? ¡Toma ya, claro que sí! “No quiero que mi país se arruine y voto a los que crean más de 1.500 puestos de trabajo al día a pesar de que son un partido ensuciado por la corrupción”, o en otras palabras, madurez. Y hablo de ‘madurez’ porque la diferencia entre un adulto y un niño es la correcta atribución de importancia a los problemas, y los españoles le dieron más importancia al empleo que a la renta mínima, al crecimiento que al reparto, al largo que al corto plazo. De verdad, muy orgulloso.
Al final siempre queda mermada la libertad de las personas
He de criticar aquí algunos de los gestos que ha tenido en los últimos días el gobierno del PP al tomar medidas alejadas de la libertad. Les puedo asegurar que hago todo lo posible por ponerme en la piel de Rajoy a la hora de ser un interlocutor entre Bruselas, oposición, instituciones y sociedad civil, pero me cuesta mucho entender mayores impuestos, subidas sorprendentes del SMI, o aumentos salvajes de gasto. Hay que pagar, hay que reducir, hay que ahorrar. Todo lo que tú quieras que ‘haya’ pero al final siempre queda mermado el bolsillo de las personas, su propiedad privada, su libertad.
Y con esto vuelvo al título donde reflejo un sentimiento de orgullo por nuestro país, pero también por sus ciudadanos, quienes han tenido una responsabilidad clave con su país y sin embargo ven como vuelven a ser las víctimas una vez más. No voy a ocultar que argumentos como “la subida del SMI”, “la imposición de tasas a empresas” o “el aumento de las pensiones” defienden que dichas medidas se han hecho para proteger al ciudadano. Evidentemente, a corto plazo, tal y como haría cualquier gobierno de apariencia socialdemócrata y/o comunista. Volvamos a la senda de la reforma laboral, ese gran proyecto de la X legislatura que impulsó a través de unos intentos de libertad a la economía española y al crecimiento de todas sus gentes. Si se hizo una apuesta a largo plazo y funcionó electoralmente a pesar de tener la oposición más feroz vista en España, ¿por qué no iba a resultar eficaz ahora? El año que arranca nos exige olvidar los acuerdos cortoplacistas y los grandes pactos llenos de populismo. Como podría haber dicho un tocayo mío: “futuro, futuro y futuro”.
Cierro el estreno de AOM 2.0 con las mismas palabras de AGW. “Una España fuerte descubrirá que es mucho más importante y mucho más capaz de lo que creemos. Llegó nuestro momento”.

Tenemos un problema

EL PROBLEMA DEL TRATAMIENTO DE LA CORRUPCIÓN, CARA A LA OPINIÓN
PÚBLICA, NACE EN EL DESAJUSTE DE TIEMPOS ENTRE EL PRECOZ JUICIO
MEDIÁTICO, Y ELREALIZADO POR LA JUSTICIA, CASI SIEMPRE MUY TARDÍO

El pasado sábado noche tomaba una caña con un gran amigo. Nuestra amistad es fuerte, no cabe la menor duda, ya que si buscáramos argumentos para romperla no nos haría falta indagar mucho. Nuestras ideologías no pueden ser más opuestas: mientras que yo defiendo la libertad, él aboga por la democracia. Y en plena discusión cada uno exageraba más los planteamientos del otro en aras de ridiculizar nuestras ideas mediante una demagogia alcoholizada. Tras muchas voces, algún puñetazo sobre la mesa y varios brindis llegamos a la conclusión de que ‘in medio, virtus (la virtud está en el término medio) y que lo realmente complicado reside en la configuración de esa vara de medir justa para cada persona.

Y con esta bofetada de sinceridad llegamos a una bofetada de realidad: la corrupción que asola nuestro país. Hablé ya de este gran problema en mi última entrada, pero es un tema que no puede ser aplazado por más tiempo. Tras la semana del caso PP (Panama Papers, que nadie se alarme) la noticia del lunes fue la detención de Mario Conde, rostro de todo dentro de la sociedad española. No dejan de germinar focos de corrupción y debemos ya dar con ese medidor de justicia claro que identifique de una vez por todas cuáles deben ser los procesos adecuados para evitar todos estos escándalos. Debemos recordar que el problema del tratamiento de este fenómeno, cara a la opinión pública, nace en el desajuste de tiempos entre el precoz juicio mediático, y el realizado por la Justicia, casi siempre muy tardío.

No te pierdas la entrevista que Risto Mejide le hizo al ex-banquero

Cualquier plan anticorrupción debe pasar por la mejora urgente de los mecanismos de vigilancia, transparencia y rendición de cuentas para combatir esta lacra entre los cargos públicos. En la democracia representativa en la que vivimos nuestros políticos deben ser responsable con sus votantes y deben saber que en un sistema como este no se pasa ni una. Cierto es que en la anterior legislatura se ha reformado el marco penal aplicable a delitos de corrupción (prevaricación, cohecho, tráfico de influencias…) pero no es más que el inicio de la senda a seguir.

Por otro lado, en pleno siglo XXI se debe apostar por una estrategia a nivel nacional que refleje la realidad de la sociedad de hoy y las demandas de ciudadanos y profesionales de la justicia. Todo ello con un reajuste de la administración de la justicia agilizando y asegurando su rápida ejecución de las resoluciones. Son sorprendentes las declaracionesde Francisco Gutiérrez, magistrado de la Audiencia Provincial de Sevilla, quien defiende que “la creación entre 2004 y 2013 de las plazas de jueces y fiscales en las CC.AA no obedeció a criterios objetivos relacionados con la carga de trabajo”.

A su vez, es necesaria la implantación de una serie de medidas comunes a todos los planes de transparencia y regeneración democrática de los partidos políticos: prohibir las condonaciones de deuda de entidades a partidos; limitar subvenciones a los partidos; obligar a rendir cuentas ante el Tribunal de Cuentas; tener una financiación ligada a la variación anual del gasto de los PGE; disminuir un 20% los gastos electorales; pertenencia al partido incompatible con la corrupción; etc. No obstante, como liberal que soy, confío en que debe ser cada institución la que decida su nivel de exigencia interna a la hora de tratar asuntos propios. En lenguaje informal, que cada uno haga lo que quiera en su casa.

No querría dejar de alabar aquí el complicado trabajo que desempeñan los medios de comunicación a la hora de sacar a la luz todos estos casos. El papel que han jugado algunos periodicos españoles como El País con la difusión de los Wikileaks, El Mundo con los papeles de Bárcenas o ABC con el caso de los eres de Andalucía ha sido clave, y los españoles estamos en deuda con ellos por todo su trabajo. La Sexta y El Confidencial han demostrado recientemente su valía contando a los españoles qué ha estado ocurriendo en Panamá en los últimos años.

Julio Wais