¡Por España! Bueno, y por los españoles

EN 2016 UNA ACTITUD EJEMPLAR DE LOS CIUDADANOS ESPAÑOLES CONFIÓ MÁS EN LO CONSEGUIDO POR LA ANTERIOR ADMINISTRACIÓN QUE EN LAS PROMESAS IRREALIZABLES DE LA IZQUIERDA

Una de los últimos artículos de opinión que vimos en prensa en 2016 fue la tercera de ABC en la que Antonio Garrigues Walker despedía el año con unas profundas palabras. En ellas, el jurista afirmaba que “2017 puede ser una espléndida oportunidad para demostrar -como país- nuestra fuerza y nuestra capacidad de acción”. Un mensaje de futuro lleno de esperanza por ver con una determinación clara que el papel de España en el mundo puede ser crucial. Hablaba de futuro, al contrario que el -me atrevo ya a decir- intelectual Juan Ramón Rallo, quien en su columna en El Confidencial del día anterior hacia una reflexión de ese 2016 reflejo de todas las imperfecciones de la democracia.
Ambas tribunas me invitaron a la reflexión y tras algunos thoughts comprobé la doble satisfacción que tengo al contemplar tanto el agotado 16 como el prometedor 17. Si hace un año me hubieran dicho que España sería el único gran país donde el populismo no triunfaría, no me lo hubiera creído; como tampoco lo hubiera hecho si me dijeran que en Estados Unidos iba a ganar Trump o que Gran Bretaña se iba a desvincular del proyecto europeo. ¡Increíble!
Bien es cierto que nos costó sangre sudor y lágrimas formar un gobierno en España, pero finalmente se logró. No escondo mi simpatía por el actual Ejecutivo y por el presidente Rajoy, y los resultados electorales en junio mostraron a mi parecer una gran madurez en los españoles. Creí que los cantos de sirena podemitas podrían haber convencido a la sociedad para catapultarles a la segunda posición, pero una actitud ejemplar de los ciudadanos confió más en lo conseguido por la anterior administración que en las promesas irrealizables de la izquierda. ¿Voto del miedo? ¡Toma ya, claro que sí! “No quiero que mi país se arruine y voto a los que crean más de 1.500 puestos de trabajo al día a pesar de que son un partido ensuciado por la corrupción”, o en otras palabras, madurez. Y hablo de ‘madurez’ porque la diferencia entre un adulto y un niño es la correcta atribución de importancia a los problemas, y los españoles le dieron más importancia al empleo que a la renta mínima, al crecimiento que al reparto, al largo que al corto plazo. De verdad, muy orgulloso.
Al final siempre queda mermada la libertad de las personas
He de criticar aquí algunos de los gestos que ha tenido en los últimos días el gobierno del PP al tomar medidas alejadas de la libertad. Les puedo asegurar que hago todo lo posible por ponerme en la piel de Rajoy a la hora de ser un interlocutor entre Bruselas, oposición, instituciones y sociedad civil, pero me cuesta mucho entender mayores impuestos, subidas sorprendentes del SMI, o aumentos salvajes de gasto. Hay que pagar, hay que reducir, hay que ahorrar. Todo lo que tú quieras que ‘haya’ pero al final siempre queda mermado el bolsillo de las personas, su propiedad privada, su libertad.
Y con esto vuelvo al título donde reflejo un sentimiento de orgullo por nuestro país, pero también por sus ciudadanos, quienes han tenido una responsabilidad clave con su país y sin embargo ven como vuelven a ser las víctimas una vez más. No voy a ocultar que argumentos como “la subida del SMI”, “la imposición de tasas a empresas” o “el aumento de las pensiones” defienden que dichas medidas se han hecho para proteger al ciudadano. Evidentemente, a corto plazo, tal y como haría cualquier gobierno de apariencia socialdemócrata y/o comunista. Volvamos a la senda de la reforma laboral, ese gran proyecto de la X legislatura que impulsó a través de unos intentos de libertad a la economía española y al crecimiento de todas sus gentes. Si se hizo una apuesta a largo plazo y funcionó electoralmente a pesar de tener la oposición más feroz vista en España, ¿por qué no iba a resultar eficaz ahora? El año que arranca nos exige olvidar los acuerdos cortoplacistas y los grandes pactos llenos de populismo. Como podría haber dicho un tocayo mío: “futuro, futuro y futuro”.
Cierro el estreno de AOM 2.0 con las mismas palabras de AGW. “Una España fuerte descubrirá que es mucho más importante y mucho más capaz de lo que creemos. Llegó nuestro momento”.