Macron: el líder que debe educar a Europa

NO DEBEMOS OLVIDAR QUE LO IMPORTANTE NO ES EL PERSONAJE, SINO LA IDEA QUE HAY DETRÁS. LA ELECCIÓN DE MACRON PONE DE MANIFIESTO QUE EXISTE UNA MAYORÍA, NO REACCIONARIA, QUE ESTÁ CONTENTA EN LA UE, QUE CREE EN ELLA Y QUE ESPERA QUE, DESPUÉS DE LAS MALAS EXPERIENCIAS DE 2016, EL PROYECTO EUROPEO SE MATERIALICE

Cuando uno lee últimamente las noticias no puede evitar sentir cierta preocupación por el devenir de la actualidad: numerosos casos de corrupción, la convocatoria del referéndum independentista catalán, los -cada vez más- frecuentes atentados terroristas, el inicio de las que parecen van a ser unas duras negociaciones del Brexit… Sin embargo, al igual que apuntaba en mi anterior artículo, los últimos acontecimientos electorales en el país vecino nos hacen albergar aún esperanza.

Tal y como señala el artículo de Ramón Marcos en el “asterisco”, la irrupción de Emmanuel Macron ha puesto de manifiesto la crisis que padece el bipartidismo en el país galo. De hecho, ninguna de las dos formaciones clásicas fue capaz de pasar a la segunda vuelta de las presidenciales. Unos, los socialistas, por la mala gestión que han hecho de la crisis económica. Los otros, los republicanos, por los numerosos casos de corrupción que afectan a varios líderes. Pero el nuevo inquilino del Palacio del Elíseo, lejos de limitarse a observar el fracaso estratégico de sus adversarios, ha tomado la inteligente decisión de acoger en sus filas a prominentes figuras de ambos partidos. Un ejemplo perfecto de esta jugada maestra es el nombramiento del Primer Ministro, el republicano Edouard Philippe, quien fuera co-portavoz de campaña de Alain Juppé. Con este nombramiento Macron busca el acercamiento del ala moderada de los republicanos y dejar sola a esa rama conservadora azotada por la corrupción. Este y otros nombramientos han tenido como resultado último que el partido político “La République en Marche” obtuviera ayer, en la segunda vuelta de las elecciones parlamentarias, 350 diputados de los 577 que componen la Asamblea Nacional.

Macron no solo ha conseguido pulverizar a sus oponentes políticos, sino que ha logrado también darle esperanzas a todos aquellos que creemos en el proyecto europeo. Su hoja de ruta está profundamente impregnada por promesas pro-europeistas, como son: Impulsar el Acuerdo económico y de comercio entre la UE y Canadá, negociar un acuerdo transversal en materia de seguridad, comercio y ecología entre China y la UE, crear la figura de un procurador comercial europeo que supervise los acuerdos comerciales, materializar definitivamente la propuesta de crear un Ministro de Finanzas europeo que lleva sobre la mesa en Bruselas desde 2013, y en definitiva, llevar a cabo una refundación de la Unión Europea que pueda suponer incluso reformar el Tratado de Lisboa de 2007.

Sin embargo, no debemos olvidar que lo importante no es el personaje, sino la idea que hay detrás. La elección de Macron pone de manifiesto que existe una mayoría, no reaccionaria, que está contenta en la UE, que cree en ella y que espera que, después de las malas experiencias de 2016, el proyecto europeo se materialice. Pero para lograr este último objetivo de unidad debemos impulsar medidas de integración que pasan por involucrar y hacer entender a la ciudadanía cuáles son las funciones de la UE. Actualmente, en palabras del eurodiputado Javier Nart, “el Parlamento Europeo supone el 70% de la normativa que se aplica en España y, sin embargo, poca gente sigue la actualidad de Estrasburgo”. Se trata de comunicar a la población que lo que ahí se discute es de vital importancia para el devenir de los países europeos, y para ello, además de campañas de información, sería necesario introducir un plan de educación enfocado al acercamiento de los jóvenes a las instituciones europeas.

En este último punto, referente a la educación, Macron pretende incorporar más docentes y mejorar las condiciones de la escuela pública. Ciertamente, aquí se encuentra la clave, no solo del porvenir galo, sino del de la UE. Sería bueno que, además de las propuestas antes mencionadas a nivel europeo, se incorporase una medida que conllevase la educación en ciudadanía y cultura europea, para lo cual Carlos Perez podría darnos su opinión al respecto. De lo que se trataría es de contrarrestar la poca información que la sociedad europea tiene de las instituciones europeas, de cuáles son sus funciones y sus valores. Hemos visto que esta técnica ha sido utilizada durante años por los nacionalistas en Cataluña y el País Vasco, donde asignaturas como Historia o Geografía contenían temarios distintos en función de la región con el fin de profundizar en el sentimiento nacionalista. Se trataría de extrapolar este mecanismo, para una función que entendemos mucho más positiva y regeneradora, al conjunto de los países de la UE.

Emmanuel Macron se ha convertido en el gran adalid del proyecto europeo, cosa que reconoce incluso la revista The Economist. Y estas estupendas medidas que quiere implantar deberían ser conocidas por todos, sobre todo por los jóvenes europeos que son los que más se están sintiendo involucrados y que a la larga serán los que decidirán si la Unión Europea, como quieren algunos, se rompe, o como queremos la mayoría, sigue creciendo para mejorar la vida de todos los europeos.

Luis Miguel Melián
Ministro de Asuntos Exteriores y Cooperación de AOM

¿TUA CULPA?, ¿MEA CULPA?

LA RADICALIZACIÓN EMPIEZA EN CASA. Y DEBE ACABAR EN CASA. ESTAMOS EN MEDIO DE UN CÍRCULO VICIOSO. LOS POPULISTAS NOS PROMETEN ACABAR CON EL TERRORISMO CERRANDO LAS FRONTERAS, PERO EL TERRORISMO YA ESTÁ EN CASA. Y SE NUTRE A BASE DE INTERNET. Y ES HUMANA Y TECNOLÓGICAMENTE IMPOSIBLE CONTROLARLO. NO SÉ QUIÉN TIENE MÁS CULPA, PERO SÍ CREO QUE EUROPA NO SE ESTÁ PLANTEANDO BIEN ESTE TEMA

Nuestro querido amigo Boris Johnson pedía, y cito textualmente, “Recuperar el control de nuestras fronteras, recuperar el control de la inmigración, recuperar el control de nuestra democracia” y como era de esperar, al Daesh le ha dado exactamente igual. Creó, y es mi humilde opinión, que más que la institución que respalde a Reino Unido, al Daesh le importa su acción exterior, la presente, y no sabemos hasta qué punto la pasada. La huella del colonialismo  no ha empezado ni a diluirse, pero el señor Johnson veía más en Europa que en la intervención exterior (continua y desmesurada) la razón de tanto terrorismo.

Y me pregunto, y quiero que se entienda bien mi pregunta, ¿de quién es la culpa?, ¿de oriente?, ¿de occidente?, ¿de los dos?, ¿del Islam? ¿de las religiones extremistas? Porque tendemos a simplificar etiquetando sin cuidado. Ellos, “los malos malísimos”, nosotros, “los buenos buenísimos”. Y no aceptamos ninguna valoración entre medias.

La inmigración es un movimiento natural del hombre, desde todas partes hacia todas partes. Europa inclusive. De hecho, tengo mis más fundadas sospechas de que cuando (generosa y desinteresadamente) firmamos en Europa todas las regulaciones sobre asilo e inmigración era para cubrirnos las espaldas a nosotros mismos. Ahora, según muchos, es la causa de tanta inmigración descontrolada. Ergo, ¿tanto terrorismo?

Y es indudable que el nuevo terrorismo, como ya se le conoce académicamente (y sí, no yo también pienso que no se  han pensado mucho el nombre) es el fundamentalista, el que mata en nombre de Alá. Pero los últimos atentados muestran, y corroboran que los terroristas en su mayoría SON NACIONALES. Son hijos de inmigrantes, comúnmente conocidos como inmigrantes de segunda e incluso de tercera generación.

Y vuelvo a plantear, ¿de quién es la culpa?, por qué no son inmigrantes. Los hermanos Kouachi eran de nacionalidad francesa. Salman Abedi, el terrorista del concierto de Manchester era británico. Mohamed Abrini, uno de los sospechosos de los atentados de Bélgica era belga. Hijo de. Siempre hijos de. Y aquí mi teoría: ¿hasta qué punto la actuación de un nacional es problema de un autodenominado estado?

Por supuesto que Daesh reivindica todos los atentados, y no sé hasta qué punto realmente Daesh ha estado detrás. El término “lobo solitario” le ha venido que ni pintado. Tantas portadas, tanta repercusión mediática y tanto miedo infundido, es perfecto para ellos. Europa se está convirtiendo en la mejor empresa de marketing del terrorismo. Y no nos estamos dando ni cuenta. Y el miedo lleva al miedo, y este a la desconfianza, y es IN-E-VI-TA-BLE, que se llegue al racismo. Y, ¿entonces? El musulmán se siente poco aceptado, menospreciado, siente que la gente se cambia de sitio al sentarse en el metro, siente que sus contratos de trabajo disminuyen de manera inversamente proporcional al número de atentados. Y se refugia en su comunidad. Y se aísla. Y ahí, y solo ahí, es donde entra el Daesh, y sus procesos de radicalización.

¿De quién es la culpa? Pues creo que un poco de todos, creo que es un problema nacional que un nacional atente contra los demás nacionales. Creo que es un problema ideológico que una banda terrorista mate en nombre de su Dios. Pero la radicalización empieza en casa. Y debe acabar en casa. Estamos en medio de un círculo vicioso. Los populistas nos prometen acabar con el terrorismo cerrando las fronteras, pero el terrorismo ya está en casa. Y se nutre a base de internet. Y es humana y tecnológicamente imposible controlarlo. No sé quién tiene más culpa, pero si creo que Europa no se está planteando bien este tema.

Creo que el inmigrante no es terrorista. Creó que el refugiado no es terrorista. Creó que el DAESH, el extremismo, el fundamentalismo, la ignorancia y la desesperación son terroristas. Y etiquetar, y juzgar, y meter a todos en el mismo saco, solo hace que salgan cada vez más y más terroristas. Nacionales.

Miki Barañano
Ministra de Defensa de AOM

*Fuente imagen: Alerta Digital

Europa por España y España por Europa

ANTE RIESGOS AISLACIONISTAS, ESPAÑA APUESTA POR MÁS INTEGRACIÓN, MÁS UNIÓN, Y MÁS ACCIÓN COMÚN. Y POR PRIMERA VEZ, DESDE DEFENSA, YA QUE SERÁ EL PILAR SOBRE EL QUE SE REALCE DE NUEVO NUESTRO PROYECTO EUROPEO. LOS ÚLTIMOS AÑOS HAN DEMOSTRADO QUE LA AMENAZA ES GLOBAL, Y UNA ACCIÓN NACIONAL, SE QUEDARÍA DEMASIADO CORTA

Hemos hablado del Brexit, y bien que si hemos hablado de ello. Día y noche. Que si lo han hecho bien, que si lo han hecho mal, que si nos dejan solos con todo el marrón. Y ahora, además, parece que la fiebre aislacionista se contagia. ¿Frexit? ¿Nexit? ¿Spexit? Le Pen amenaza con su victoria en la segunda ronda, y Francia, con todo mi respeto por Gran Bretaña, es Francia. Es uno de los países fundadores, de los países que más aportan a la unión,  la cabeza pensante de la mayor parte de los tratados. Francia no es Gran Bretaña. Francia crea, y Gran Bretaña en general, destruye. Limita. Siempre fue un poco escéptica con el proyecto europeo, y de hecho, ni el euro, ni Schengen, ni la carta social se las conseguimos vender. Nunca fueron europeos (y entenderme cuando digo europeos, se muy bien donde están situados en el mapa) de hecho, Churchill cuando habló de los famosos Estados Unidos de Europa dijo “I meant it for them, not for us” y con esto, y un agradecimiento a Churchill, mi breve aportación al famosísimo Brexit.

Pero pensareis, ¿Qué tiene esto que ver con España? Y mucho menos, ¿Qué tiene esto que ver con la defensa? Pues tiene que ver, y mucho, porque siempre vamos a contra corriente. Ante riesgos aislacionistas, España apuesta por más integración, más unión, y más acción común. Y por primera vez, desde Defensa.

La idea de Defensa Común Europea no es nueva, de hecho, es bastante más antigua de lo que se cree. Nuestro amigo Monet pensó en ella a la vez que en la CECA, pero tuvo (bastante) menos éxito. ¿El problema? A ver quien es el listo que cede soberanía en su política exterior, y aún menos en su defensa. Y sobre todo, que ya tenemos a la OTAN, no vamos a vendernos por dos lados, o eso creían. 60 años después España se aventura y afirma que la defensa será el pilar sobre el que se realce nuestro proyecto europeo.

Es indudable que la Unión Europea ha logrado el mayor periodo de paz de la historia. Pero las reglas del juego han cambiado; hemos conseguido que Francia y Alemania sean íntimos, ya nadie volverá a invadir Alsacia, y de momento, y digo de momento, Rusia se mantiene “al margen” de los países del este… pero ahora la amenaza es otra, y es incluso más global.

La amenaza de Europa es un terrorismo que no entiende de formas, que no tiene ejercito fijo, que no tiene objetivos concretos, y que se aprovecha, mejor que nadie, de las nuevas tecnologías. Ante riesgos globales, acciones globales. Un esfuerzo nacional, jamás podrá vencer a una amenaza de ese calibre. Y es verdad, os compro a todos que tenemos la OTAN, pero el papel que desempeñamos allí es irrisorio, y el blanco del Daesh es Europa, no la OTAN, y es una gran diferencia.

Europa, y por primera vez con España a la cabeza, se intenta proyectar y adaptarse al nuevo orden internacional. Estamos liderando el futuro europeo, reafirmándonos en nuestros valores, y defendiéndolos. Parece que todos pueden defender sus creencias, pero nosotros, por eso de no ofender, nos quedamos callados. Creemos en la democracia, en la ley, en los derechos humanos… y la defensa al fin y al cabo es una proyección de nuestros valores, de lo que nos ha hecho a nosotros llegar hasta donde hemos llegado. Y tenemos que creérnoslo. Hace unos pocos días Cospedal decía que nos habíamos comprometido a llegar a ese 2 por 100 del gasto en defensa, y que lo conseguiríamos. Pero que de poco nos servirá si no llenamos el 98 por 100 restante con un rearme armamentístico de valores.

El proceso de integración no puede acabar en Lisboa. Cojeamos de tantas patas, que nos acabaríamos cayendo por nuestro propio peso. La defensa debe ser nuestro nuevo impulso y nuestro apoyo, porque podemos, y sobre todo porque sabemos. Una Defensa Común Europea (no merece menos que ponerse en mayúsculas) es un gran paso, es una gran concesión de soberanía, sí, pero hemos demostrado estos años que juntos estamos mejor, y como todo, la defensa se tiene que adaptar; el campo de batalla es otro, las armas son diferentes, y la respuesta nacional se queda corta. No tenemos que apostar por más defensa, sino por mejor defensa. Nada une más que un enemigo común, y es el momento de que Europa empiece a defender a Europa.

Miki Barañano
Ministra de Defensa de AOM

La unión como ideal

7 LEYES ÓRGANICAS EDUCATIVAS EN MÁS DE 40 AÑOS SON MUCHAS. CAMBIARLA CADA LEGISTALTURA ES MUCHO. ES MÁS QUE MUCHO, ES INADMISIBLE
Reconozco que no soy el mayor devoto del informe PISA. Aunque la idea me parece buena, creo que los resultados de los exámenes se malinterpretan, o no reflejan toda la verdad. Al PISA se le da demasiada importancia, en mi opinión. Según el último informe, España se encuentra en el grupo de países europeos que, en materia educativa, lidera incontestablemente Finlandia, aunque con algunos peros. Los números en ciencias y matemáticas, bajan; los de lectura, aumentan. Otro día hablamos de los países asiáticos, imbatibles.
Lo que yo creo es que ni somos los más listos del cotarro, ni los tontos del pueblo. Los números de PISA no deben entenderse como los de la Champions League. Sin embargo, debajo de todo lo que mide la OECD en términos educativos creo que subyace algo de verdad. Algo que nos hace, todavía, estar por debajo de aquellos países 'top'. Y algo que hace que sea necesario una unión, que es lo que quiero defender desde esta tribuna.

El impacto terrorista en Europa

A DÍA DE HOY NO SE ENTIENDE NI LA VIDA NI LA CULTURA
ESPAÑOLA SIN LA APORTACIÓN COMUNITARIA TANTO
EN MATERIA ECONÓMICA COMO EN MATERIA SOCIAL

El pasado 22 de marzo fuimos nuevamente testigos de la sinrazón que supone cualquier tipo de terrorismo, y de forma más concreta, el que últimamente está poniendo en jaque a los servicios de inteligencia de todo Europa: el Yihadista. Este nuevo episodio de terror que se vivió en la capital europea, además de la consternación e impotencia que ha provocado por las más de treinta vidas sesgadas, alguna de ellas de nacionalidad española, también pone de relieve la fragilidad que padece la Unión, no solamente con respecto a la prevención de riesgos, sino también en el ámbito puramente político.

Mucho se ha hablado y se ha comentado en los medios acerca de la ineptitud de la policía belga y sus cuerpos de inteligencia, pero querer reducir a este único elemento el problema de seguridad que está padeciendo Europa es no entender los diversos retos que afronta la Unión de cara a su futuro.

DAESH (Estado Islámico) y su maquinaria del terror, además de suponer una amenaza constante para el mantenimiento de la paz en los países de la región, ha provocado de forma directa la migración de más de cuatro millones de personas, y esto en lo referente únicamente a Siria. Este panorama, bautizado por los medios como “la crisis de los refugiados”, ha supuesto para los gobiernos de la Unión Europea un serio aviso para que estos despierten de sus aletargados sueños. Y es que, son tan numerosos los problemas que esta situación presenta, que no resulta fácil diferenciar de manera razonada cuales de los efectos producidos por esta crisis de refugiados son, además de al propio estado terrorista, claramente achacables a unos u a otros.
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Europa se sitúa, sin duda, ante una de sus mayores crisis
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De pronto nos hemos despertado de este sueño de la “Europa Unida” y se nos ha dicho que hemos estado haciendo las cosas mal desde hace mucho tiempo, y no solo en el aspecto político, al parecer en el económico tampoco se ha estado muy acertado. A estas alturas no es difícil encontrar a altos funcionarios de la Unión Europea acusando abiertamente a países miembros de no poner en práctica los consejos que se les había trasmitido desde Bruselas en materia de seguridad. Tampoco es difícil encontrar a destacados miembros de ejecutivos europeos, como es el caso del Ministro Margallo, responsabilizando a la UE de no agilizar los trámites para poder realizar el efectivo acogimiento de refugiados en suelo nacional, o las quejas de unos Estados con respecto de otros por no estar de acuerdo en la estrategia de contra-inteligencia a seguir con los propios refugiados de los que se tiene sospecha y que actualmente consiguen pasaportes en Turquía para poder entrar en Europa. Y a todo esto hay que unirle el popular “Brexit” por el cual Reino Unido puede que dé por terminada su participación en el proyecto europeo común. Sin embargo, lo más alarmante es que todas estas cuestiones pertenecen a temas diversos, como son: seguridad europea, acogimiento de refugiados (con todo lo que ello conlleva), problemas económicos, culturales, etc. o el posicionamiento geopolítico de la Unión Europea con respecto al conflicto Sirio.

Además de lo ya mencionado, los países de la Unión se han echado sobre si mismos otra pesada losa frente a la opción pública, el mal explicado pacto de los veintiocho con Erdogan, por el que acuerdan la expulsión de los refugiados que lleguen a Grecia desde Turquía. Dicho pacto no es tan simple como el titular de la propia noticia nos quiere hacer pensar. Sin embargo, hay que reconocer que una vez más el tacticismo político de los países miembros ha brillado por su ausencia. Pocos pactos podían dar una peor imagen de cara a la opinión pública, y más en un momento tan delicado como en el que nos encontramos, por no mencionar la ruptura de algunos países, como Polonia, del acuerdo acogimiento de refugiados, afirmando que cierran sus fronteras a todo refugiado.

Esta situación provoca, como ya se ha mencionado, una crisis interna, no solo desde el punto de vista de la seguridad o la cooperación, sino también en relación a los propios valores y principios sobre los que se fundó la Comunidad Europea. Si no somos capaces de priorizar las amenazas comunes frente a las propias, si no somos capaces de apoyar y posicionarnos en el lugar de otros (sean refugiados o estados miembros) y no somos capaces de presentarnos frente al resto de países como una alternativa será y responsable de gobierno, muy probablemente no seremos capaces de hacer que este proyecto perdure a largo plazo.

En lo que a España respecta, debemos de tener nítidamente claro que la participación en el proyecto europeo nos ha traído consigo los mayores años de prosperidad económica, social y política. A día de hoy no se entiende ni la vida ni la cultura española sin la aportación comunitaria tanto en materia económica como en materia social. Por ello debemos de adoptar una postura más activa en la defensa de los principios europeos, y si ello nos supone la enemistad con algún estado miembro o con la opinión pública, debemos entender que la participación en este proyecto acarrea no solo derechos, sino también responsabilidades. Por ello, seria un gran avance que España, por todo lo sufrido en materia terrorista a lo largo de su historia, encabezara las relaciones inter-institucionales de la unión y que buscara una solución a este problema que actualmente parece encontrarse anclado en los discursos internos de cada país que sin tener altura de miras están llevando al abismo lo que tanto tiempo se ha tardado en conseguir.

Luis Miguel Melián