¿Nos dejarán los árboles ver el bosque?

SI SE CUMPLEN LAS PROMESAS ELECTORALES EN ESTADOS UNIDOS, ESPAÑA VERÁ REDUCIDAS SUS OPORTUNIDADES PARA CRECER ECONÓMICAMENTE
Ayer fuimos testigos de un hecho que no ha dejado indiferente a nadie: Donald Trump ha ganado las elecciones presidenciales de los Estados Unidos de América. Ahora bien, lo que resulta más sorprendente del resultado, no es si ha ganado Trump o Hillary, no se trata del candidato. Lo realmente relevante es la profunda bipolarización de la ideología, y, sobre todo, la penetración de la “demagogia más radical” en la mente de los ciudadanos. Nunca antes se había visto de manera tan clara y contundente en unas elecciones presidenciales.
Lo cierto es que, para algunos, el ascenso de Trump significa el comienzo de un nuevo periodo en la historia americana, como si de un mesías –con tupé– se tratase. Mientras que para otros, su victoria es el primer paso para el derrumbe de la América que conocemos. 
En cualquiera de los casos, no es momento de buscar causas o analizar el por qué. Ahora es el momento de las consecuencias y los planes de contingencia. De “preparar vendajes para las posibles heridas” que se puedan producir en los países afectados por sus promesas electorales.
De entre todas las medidas, en el caso español la más relevante es la posible cancelación de las negociaciones del Tratado Transatlántico de Comercio e Inversiones (TTIP por sus siglas en inglés). Sí, ha leído correctamente. No se trata de una buena noticia, sino todo lo contrario.

Los mercados están interconectados y no hay “tupé” que los separe

Son muchos los autores e institucionesque han investigado sobre este tipo de tratados, y la mayoría concluyen que, en el largo plazo, suponen un aumento de la competitividad, de la renta, de la innovación, de la creación de empleo y en términos generales del desarrollo económico de los países firmantes.

Cancelar las negociaciones del tratado supondría que las PYMES españolas perdiesen la oportunidad de acceder a un mercado de más de 300 millones de consumidores y con un nivel de renta más que suficiente para adquirir sus productos. Cancelar el tratado implica mantener aranceles que únicamente protegen a las industrias no competitivas. Ejemplos de ello son los aranceles en el sector textil o en el agroalimentario, que alcanzan el 40% en algunos productos. En ambos casos, se trata de industrias en las que España es líder a nivel mundial y que podría serlo aún más si no compitiera con penalizaciones del 40%.
Imagine que usted compite en atletismo en los Juegos Olímpicos y que su contrincante, a igualdad de condiciones, comienza un 40% por delante, ¿no le parecería justo, verdad? Tendría que hacer un esfuerzo mucho mayor para contrarrestar esa ventaja. Eso mismo ocurre con los aranceles que Estados Unidos establece y que el TTIP busca suprimir.
En definitiva, no nos encontramos ante una situación que suponga preocuparnos por el presente de la economía, sino por su futuro. No estudiemos con lupa cómo, tras la victoria de Trump, las bolsas se desploman un 2 o un 3%, levantemos la vista un poco más allá y sepamos prevenir las consecuencias de las decisiones económicas que se van a tomar. No pensemos que el océano va a ser capaz de mantenernos aislados geográfica y económicamente, porque los mercados están interconectados y no hay “tupé” que los separe.

Gonzalo Bonelo

La Organización Ministerial (I)

SE HAN VISTO CASOS DE MINISTROS CON UNA FALTA DE PREPARACIÓN EVIDENTE,
PUES SU ÚNICO MÉRITO CONSISTÍA EN HABERSE AFILIADO AL PARTIDO DE JÓVENES

Una de las maneras mas comunes de organizar el gobierno de un país consiste en que el Jefe de Estado esté apoyado por una serie de colaboradores, encargado cada uno del manejo de un área funcional del Gobierno. En España, estas áreas son conocidas como Ministerios, y sus titulares son los Ministros. El número de Ministerios y los asuntos que tratarán son una decisión política del Presidente del Gobierno, que decidirá según quiera enfatizar unos u otros aspectos de su legislatura. Actualmente existen 13 Ministerios, pero han existido más en legislaturas pasadas (como los 17 de la IX legislatura).
Ahora bien, ¿cómo se organiza un Ministerio? El Ministro tiene por debajo de si una serie de órganos que le ayudarán a cumplir su gestión. Aunque los Ministerios pueden tener entes adscritos que dependan de ellos, me voy a centrar en la organización personal del mismo. La organización más normal es que existan varias Secretarias de Estado, coincidentes con las áreas temáticas del Ministerio. Así, en Hacienda y AAPP existen la Secretaría de Estado de Hacienda, la Secretaría de Estado de AAPP, y la Secretaría de Estado de Presupuestos y Gastos. A cargo de estas Secretarías están los Secretarios de Estado. Al mismo nivel de un Secretario de Estado se encuentra el Subsecretario, encargado de la Subsecretaría. La Subsecretaría se encarga de los servicios generales del Ministerio, como apoyo técnico, asesoramiento y otros.
Por debajo del Secretario de Estado se encuentran los Directores Generales, a cargo de una Dirección General, áreas que concretan aspectos de la Secretaría de Estado. Pueden tener por debajo Subdirecciones Generales. Por último, del Subsecretario puede depender un Secretario General Técnico. Por debajo de estos órganos existen otros menores, hasta completar la jerarquía con los funcionarios de menor nivel.

Aumentar la masa funcionarial en épocas de bonanza puede convertirse en un problema en épocas de crisis
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¿Cuáles son los requisitos para acceder a estos cargos? Existen dos categorías, los nombramientos políticos y los profesionalizados. El nombramiento de un Ministro o un Secretario de Estado es un acto discrecional, y se suele atender principalmente a motivos políticos. Estos puestos son los encargados de llevar a realización las ideas del Gobierno, y por ello se buscan personas afines, que no han de ser necesariamente expertos de gestión en los campos de su ministerio. Por ello, hemos visto casos de ministros con una falta de preparación evidente, pues su único mérito consistía en haberse afiliado al partido de jóvenes.
El resto de cargos (Subsecretario, Director General, Director General Técnico, Subdirector General y los que existan por debajo en la jerarquía) exigen un requisito de profesionalización. Se requiere cierto grado de profesionalización además de una carrera funcionarial, salvo el caso de los Directores Generales, que pueden provenir de la empresa privada.

Como podemos ver, un Ministerio es un ente tremendamente complejo. Encargarse de un área de administración de un país tan grande y complejo como España no es una tarea fácil. Requiere elaborar planes de actuación, coordinarse con las 17 CCAA y los demás Ministerios, obtener la financiación necesaria, y ejecutarlos. Por ello se necesita una gran cantidad de personal para conseguir efectividad en su trabajo. Sin embargo, una organización demasiado grande puede suponer una carga muy pesada para el Estado, puesto que la mayor parte de los empleados del Ministerio son funcionarios. Debido a la dificultad de despedir a un funcionario, aumentar la masa funcionarial en épocas de bonanza puede convertirse en un problema en épocas de crisis. Este tema será el objeto del que hablaré el próximo mes.
Gonzalo Aguilar

Sobre el -negro- futuro de las pensiones

CONVIENE RECORDAR LAS PALABRAS DEL PROFESOR CÉSAR MOLINAS: LA VACA 

TENDRÁ VARIAS TETILLAS, PERO SÓLO HAY UNA VACA Y UN SOLO SISTEMA TRIBUTARIO


La Seguridad Social va camino de alcanzar, y quizá superar, en este año 2016 la cifra de 17.000 millones de euros de déficit. Dicha cantidad equivale a algo más del 1,6 puntos del PIB.
Por otra parte, dicha estadística no se ve ayudada por la disminución del Fondo de Reserva, desde el pico que alcanzó en 2011 con más de 60.000 millones de euros. Según los expertos se agotará, como tarde, en 2018, después de haber sido utilizada en los últimos tiempos para pagar la extra de los funcionarios y las pensiones. Estas últimas suponen el 30% del gasto público. Entre los motivos de su disminución: la devaluación interna que ha sufrido España, con la correspondiente disminución de los salarios o la bajísima tasa de inflación, que ha hundido las cotizaciones. Las pensiones están creciendo a mayor ritmo que las cotizaciones a la Seguridad Social, lo que supone un problema que solo se seguirá agravando con el paso del tiempo si no se hace nada.

El número de afiliados ha aumentado en un millón durante los últimos dos años. Esta cifra se antoja insuficiente, como demuestra la bajada experimentada este último agosto, que pone de manifiesto la estacionalidad de buena parte del empleo que se está creando. El Gobierno en funciones lo ha fiado todo a la recuperación del empleo, pero si este no crece a mayor ritmo -y no parece que vaya a hacerlo en los próximos meses- no será suficiente y habrá que pensar en otras medidas que, en ningún caso, serán populares, y que requerirán pactos entre los principales partidos.

El número de afiliados en España ha aumentado en un millón durante los últimos dos años
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Hay varias opciones sobre la mesa que van desde una subida de las cotizaciones sociales a pagar, bajar las pensiones o incluso financiarlas directamente mediante impuestos, lo que provocaría su subida de forma irremediable. Se plantea también la necesidad de financiar determinadas pensiones como la de viudedad, con cargo a presupuestos, es decir, convertirla en una pensión no contributiva. Conviene recordar, sin embargo, las palabras del profesor César Molinas: la vaca tendrá varias tetillas, pero sólo hay una vaca y un solo sistema tributario. Es aquí, o en el ajuste de 15.000 millones de euros que exige el cumplimiento del objetivo del déficit pactado con Bruselas, donde debería moverse un debate electoral adulto y responsable. Estos son, a fin de cuentas, los dos primeros retos que se va encontrar el próximo Gobierno.

Giros de timón presupuestarios

LA SITUACIÓN ECONÓMICA EXIGE DE MEDIDAS CONTUNDENTES QUE PERMITAN DEVOLVER EFICIENCIA Y COMPETITIVIDAD AL MODELO PRESUPUESTARIO ESPAÑOL. EL PRESUPUESTO DE BASE CERO PUEDE SER UN BALÓN DE OXÍGENO PARA LA ASFIXIADA ADMINISTRACIÓN PÚBLICA
En los últimos años hemos asistido a un escenario en el que, desde distintos organismos internacionales, se nos ha puesto en el punto de mira. España vuelve a ser portada, vuelve a ser objeto de recomendaciones y advertencias de Europa, de editoriales de periódicos financieros y hashtags en Twitter. ¿Qué ha pasado? Principalmente dos cosas. Primero, el destape de la clase política. Si a alguien le quedaba alguna duda de la falta de preocupación del político español por sus conciudadanos, estoy convencido de que, al igual que tuvo San Juan, usted ya ha experimentado su propia revelación. Y, segundo, la recuperación económica se nos está escapando de las manos.
De la primera cuestión no voy a narrarles hoy puesto que mucho se ha hablado y se seguirá hablando. La interesante es la segunda. La relativa a la economía y por tanto, eje fundamental de esta cartera. Por ello hoy quiero hacer especial hincapié en uno de los aspectos económicos más comentados y que más preocupan a los políticos y a las AAPP: el presupuesto.
Se suele decir que la gestión de un presupuesto es sencilla, sin embargo, ¿han pensado ustedes en la enorme cantidad de variables que intervienen en un presupuesto nacional? Por no decir las fuertes presiones de determinados lobbies por mantener su status quo. Bien, realmente no es una cuestión fácil, de acuerdo. Sin embargo, ¿usted cree que es mejorable? ¿Cómo la mejoraría usted? Desde este Ministerio se propone un giro de timón, un nuevo modelo presupuestario que suponga ahorros considerables y no requiera de
incrementos sustanciales de la carga fiscal.
La racionalización del gasto permitiría evitar el despilfarro y reducir el déficit


Es España, al igual que en otros muchos países, el establecimiento del presupuesto se realiza tomando como punto de partida las necesidades de gasto del año anterior y ese nivel de gasto se extrapola al año siguiente. Esos históricos de presupuesto son ajustados a efectos inflacionarios, añadiéndose además gastos correspondientes a la consecución de objetivos nuevos para ese año. Comienza así una espiral inflacionista que deja de ser factible en el momento en el que se ingresa menos, tal y como estamos viviendo en la actualidad. No obstante, qué ocurriría si no se tomara como modelo un año anterior, sino que se estableciese un Presupuesto de Base Cero (PBC). Es decir, que el presupuesto se planificase año a año de acuerdo con las justificaciones de cada administrador. Así, cada unidad gestora de la administración obtendría financiación según la explicación de cada uno de sus gastos, lo que sin duda eliminaría partidas obsoletas y no se financiarían programas que no se ajustasen a las necesidades de los ciudadanos. La racionalización del gasto permitiría evitar el despilfarro, reducir el déficit y aliviar la presión fiscal de los ciudadanos. Asimismo, se mejoraría la imagen que los españoles poseen de su Administración, ya que sería más eficiente y demostraría preocupación e interés por sus cuentas.
Este modelo no es nuevo, fue desarrollado por Peter A. Pyhrren 1970 y supuso una revolución en Estados Unidos, ya que estados como Georgia lo implantaron y alcanzaron importantes niveles de ahorro. Ahora bien, el modelo fue desechado por la enorme burocracia que requiere, y sobre todo, por la propia estructura del Sector Público, que fracasa en su comunicación interna, la superposición de intereses personales frente a los comunes o el constante cambio de gobierno.
No obstante, las ventajas son claramente superiores a los inconvenientes. ¿Por qué no intentarlo?Al menos, en determinados aspectos y organismos públicos, de forma que, poco a poco, se realizara una lenta, pero constante transformación de la administración que le permitiese ser más competitiva con menos presupuesto.
Gonzalo Bonelo

El forofismo en los asuntos públicos

EL FRAUDE FISCAL ES UN PROBLEMA GRAVE QUE AFECTA A
TODOS LOS QUE PAGAN IMPUESTOS, Y POR TANTO DEBERÍA
TRATARSE CON OBJETIVIDAD Y RIGOR, NO CON FOROFISMO

Rojos o fachas. Católicos o anticlericales. Centralismo o autonomías. Taurinos o antitaurinos. Tortilla hecha o poco hecha. Incluso en las cuestiones más triviales resulta sencillo dividir a España en dos bandos irreconciliables. Una de esas rencillas, puede que la más famosa, y desde luego la más internacional, es la rivalidad entre el Real Madrid y el FC Barcelona.

Esta rivalidad, que tiene una profunda base política de fondo, a veces sobrepasa los límites de la lógica, y afecta a la percepción de noticias con importancia real. Basta con ver el diferente tratamiento del caso Messi según el medio leído. Messi ha sido condenado en primera instancia por un delito de evasión fiscal, lo que le ha conllevado una fuerte multa y 21 meses de prisión, que difícilmente serán pedidos por el juez, al no haber antecedentes o riesgo de fuga. Pues bien, para un bando era culpable antes de empezar el juicio. Se puede ver una tendencia en noticias de este mismo mes, en las que parece que los jugadores de cierto club tienen una mayor proclividad a cometer fraude fiscal, pero esa misma recopilación ignora casos como los de Iker Casillas, famoso por jugar en el equipo favorito de la redacción. El caso Mascherano no ha sido tan famoso como el caso de Messi, pero siendo similar al de Xabi Alonso, ha tenido una difusión mucho mayor.

Y si todo lo demás falla, Messi siempre puede echarle la culpa al sistema. Fuente: Wallpaercrave.com
Para el otro bando, Messi ha sido prácticamente un inocente engañado por la oscura ingeniería fiscal de sus abogados. Su club, el Barcelona, incluso lanzó una campaña en una red social con el hasta #todossomosmessi. Es entendible que se quiera defender al empleado estrella, imagen del club, y actual balón de oro, pero uno no puede ignorar que el Real Madrid no ha tenido campañas de #todossomosbenzema. Es especialmente sangrante que el Barcelona defienda a un condenado por evasión fiscal cuando el club respalda la política separatista de “España ens roba”. Parece que está bien evadir impuestos si eres futbolista, pero está mal redistribuirlos si va para regiones menos desarrolladas.

Hay que saber separar las cosas. No hay que alegrarse si a Messi le absuelven, ni entristecerse si no tiene pena de cárcel. El fútbol es la cosa más importante de las menos importantes, dijo Valdano, y como algo trivial, no deberíamos juzgar los casos criminales bajo las gafas del forofismo particular. Importa bastante más el hecho de que la Hacienda Pública no sea estafada que el que Messi pueda meter un gol o dejar de jugar durante un año. El juez no es un árbitro de un partido, y la condena o absolución no es un título más para las vitrinas del club. La evasión fiscal está por encima de eso, ya que se trata de un delito que por su naturaleza afecta a todos los contribuyentes. Cuando un futbolista evade impuesto -cuando cualquier persona evade impuestos-, los perjudicados somos todos los habitantes del país. El caso Messi todavía no ha sido resuelto, ya que está en curso la apelación, pero los medios deberían informar de los contecimientos, y no incluir sus preferencias o fobias particulares en la valoración y difusión de los hechos. Messi puede ser culpable o puede ser absuelto, pero eso dependerá de la opinión del juez y de las pruebas que pueda aportar Leo a favor de su inocencia.

Y si todo lo demás falla, Messi siempre puede echarle la culpa al sistema.

A vueltas con el IVA

ES HORA DE BAJAR EL IVA E INCENTIVAR EL CONSUMO.
SOBRECARGARLO DE COSTES ES MATAR LA RECUPERACIÓN
El IVA es el principal impuesto indirecto en España. Los impuestos indirectos gravan la demostración de riqueza. Esto quiere decir que, en este impuesto, el Estado no recauda en base a los ingresos (como el IRPF o el IS) o en base al patrimonio, sino que el hecho imponible ocurreal adquirir algún bien o servicio, al consumir. Los que deben soportar el impuesto son los consumidores finales, aunque las encargadas de su liquidación serán las empresas que ejercen de intermediarias en el proceso.

El IVA tiene tres tipos: el tipo normal, el reducido, y el superreducido. Los dos últimos sólo se pueden aplicar a determinados bienes y prestaciones de servicios, pero el Gobierno tiene una potestad amplia a la hora de fijar la cuota de cada tipo. La Unión Europea pone unos mínimos del 15% para el tipo normal y del 5% para el tipo reducido, siendo el tipo superreducido una especialidad de España.

El tipo general del IVA ha subido de manera constante desde su introducción en España en 1986. Comenzando en un 12%, en 2010 se produjo la primera subida en 14 años, pasando al 18%. En 2012 este porcentaje volvió a aumentar hasta el 21%. Es decir, en un espacio de poco más de dos años se aumentó el IVA en un 5% en su tipo general y un 2% en su tipo reducido (hasta el 10%). Estas subidas fueron causadas por la caída de la recaudación consecuencia de la crisis económica.
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Recaudación del IVA según la base de datos del Ministerio

¿Cómo afectaron estas subidas a la recaudación del impuesto? En 2010, ante una subida del 2% del tipo general, aumentó en 16.000 millones, pero en 2012 ante una subida mayor (3%) apenas aumentó en 1.500 millones. La subida entre 2011 y 2012 ya había sido de 1.100 millones, por lo que apenas tuvo efecto más allá del crecimiento interanual. Con la recuperación del PIB la recaudación ha aumentado, pero ya nos situamos en niveles de recaudación superiores a los anteriores a la crisis, y a pesar de ello los tipos no se han reducido. El PIB de 2015 está en un nivel similar al de 2007, y sin embargo la recaudación del IVA ha crecido en casi 4.500 millones de euros.
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Sobrecargar de costes el consumo es matar la recuperación
¿Qué efecto tiene mantener tipos altos del IVA? El IVA encarece los precios del consumo. Un bien o servicio sujeto al régimen general ve aumentado su precio en un 21%. Esto tiene tres posibles consecuencias: que los ciudadanos paguen más por consumir (disminuyendo su renta disponible para otros bienes o servicios), que las empresas abaraten sus productos para mantener el precio final para el consumidor (disminuyendo su margen de beneficios y empeorando el resultado de la compañía), o una combinación de ambas, en que la empresa no traslade toda la carga del IVA a los ciudadanos, sólo una parte ella.
Una bajada del IVA al 18% (nivel que ya proporcionaba una amplia recaudación en consonancia con el PIB español) podría producir un efecto muy positivo sobre el consumo, especialmente en un momento de incertidumbre con la salida del Reino Unido de la Unión Europea. Es injustificable mantener una presión fiscal elevada cuando el país está en plena recuperación. En estos momentos lo que el Gobierno debe hacer es relajar la presión fiscal y fomentar la creación de riqueza, y para ello debe fomentar el consumo. El incumplimiento del déficit no puede servir de excusa para no rebajar el tipo, cuando el efecto de la subida al 21% apenas ha supuesto un aumento de la recaudación.
La recuperación de un país comienza por las empresas privadas, y para que estas funcionen es necesario que se consuman sus bienes y servicios. Sobrecargar de costes el consumo es matar la recuperación, y por ello el Gobierno debe tener especial sensibilidad en este tema, fomentando el intercambio de bienes y servicios sin poner trabas al consumo.

Gonzalo Aguilar