2%, el precio de la tranquilidad

SOMOS MIEMBRO DE LAS MÁS IMPORTANTES ORGANIZACIONES INTERNACIONALES, Y NOS SUPONE UNA SERIE DE DERECHOS, PERO TAMBIÉN DE DEBERES

Nos quejamos mucho de ser siempre actores secundarios en el panorama internacional. Que si Estados Unidos hace lo que quiere, que si ellos son los que mandan, que si nosotros ni pinchamos, ni cortamos. Y es que ¿cómo vamos a hacerlo? Si no tenemos ni para tenedores. Es inadmisible que pretendamos que se nos tenga en cuenta a la hora de tomar decisiones cuando no ponemos de nuestra parte. No faltamos a ninguna reunión, estamos siempre dispuestos (a que nos manden), damos nuestras brillantes ideas, pero no se nos cae un céntimo de más del bolsillo. Que inviertan otros, que nosotros estamos en medio de una crisis. Y así vamos por la vida, siendo el tercer país de la OTAN que menos invierte en defensa. Solo nos superan Luxemburgo y Bélgica. Iguales en tamaño y población, ¿verdad?

Y luego Estados Unidos es un monstruo. Ese loco de Trump, que amenaza con cortar las ayudas en seguridad a Europa. ¡Y sólo porque no pagamos tanto! Y tan anchos que nos quedamos. Pretendemos tener el mismo poder de decisión que ellos. El dinero es poder. En la OTAN y en la UE. Espero que no sea un jarro de agua fría sobre algunos, pero esto no es bambi. Quién paga, manda. Nos puede gustar o no, pero son las reglas del juego, y quedándonos en el banquillo no conseguimos nada. Adaptarse o morir. Y ya va siendo hora de que España se adapte. En su última reunión con Mattis, Cospedal, muy acertadamente, afirmó que “si no tenemos garantizada nuestra defensa y nuestra seguridad, da igual tener garantizado el subsidio de desempleo o la sanidad pública o la mejor educación. Porque lo primero que necesita un país es seguridad.”

A día de hoy invertimos el 0,9% del PIB, para que se entienda mejor, cada español invierte al año 273€ en defensa. 8€ menos que en el año 2014. Estados Unidos invierte aproximadamente un 3,75% de su PIB, es decir, unos 184 mil millones de dólares. Lo que da más o menos a 1800$ por persona. No creo que Trump tarde mucho en alcanzar el 4% o incluso el 5% de su PIB. Cuestión de tiempo, y ganas.

Es lógico y normal que el gigante americano amenace con cerrar el chiringuito. De ahí que a medio mundo se le pongan los pelos de punta cuando empiezan a alardear de aislacionismo. Si no interviene EE.UU. en Oriente Medio, ¿quién lo va a hacer? ¿Francia? ¿Reino Unido?, ¿España?, ¿Una Europa que no se pone de acuerdo ni en migración? En fin. Que conste que personalmente, estoy totalmente en contra de esta distribución de poder, donde Estados Unidos tiene vía libre para todo, absolutamente todo. Pero mientras siga financiando la seguridad de los europeos, no podemos decir nada, o al menos, no de momento.

Además de que es inadmisible que un país como España esté a la cola en defensa. Somos miembro de las más importantes organizaciones internacionales, y nos supone una serie de derechos, pero también de deberes. La OTAN es ahora mismo la piedra angular de nuestra seguridad. Y hay que pagarla. Un 2% del PIB es el mínimo al que hay que llegar si pretendemos luchar contra la mayor amenaza a la que nos enfrentamos hoy en día. El terrorismo yihadista. Para ir más lejos hay que tener en cuenta que el gasto en defensa no es solo para evitar que haya un atentado como el de Londres, Berlín, París, Niza, San Petersburgo… sino también para garantizar la seguridad de nuestro ejército desplegado en el Líbano y en Mosul y en Raqqa y en Somalia, y en Mali… y podría seguir. Hay muchas vidas en juego, aquí, y allí.

Tema delicado y controvertido cuanto menos, pero España tiene que empezar a jugar el papel que le corresponde en el mundo, y los populismos y demagogias no deberían influir en los temas de seguridad. Lo primero es lo primero, y el 2% debe ser solo nuestro punto de partida.

Miki Barañano
Ministra de Defensa de AOM

Inestabilidad e indefinición; dos elementos que no podemos permitirnos

TURQUÍA HASTA HACE POCO ERA NUESTRO “AMIGO MUSULMÁN”,
ESE QUE NOS HACÍA CREER QUE LA RAMA MODERADA DE LOS
HERMANOS MUSULMANES ERA UN SOCIO DE CONFIANZA

Ayer, jueves 21 de julio, el excéntrico y polémico magnate Donald Trump era nombrado oficialmente candidato republicano a la presidencia de los Estados Unidos. El jueves 23 de junio se confirmaban los peores augurios y Reino Unido tomaba la decisión de abandonar la Unión Europea. El 14 de julio Franciavolvía a sufrir uno de sus peores atentados terroristas donde perdían la vida casi cien personas. Ayer conocíamos la noticia de la desarticulación de un grupo que pretendía atentar en los Juegos de Rio. En clave interna, el 26 de junio tuvieron lugar las segundas elecciones generales en nuestro país en un plazo de seis meses, y casi cuatro semanas después nos encontramos en la misma situación de bloqueo institucional en de hace menos de un año. Todo esto ha ayudado a crear un ambiente de inestabilidad política como pocas veces se recuerda, pero el centro de toda esta incertidumbre, a día de hoy, se encuentra en Ankara, Turquía.

Turquía es un país de una complejidad y riqueza cultural a partes iguales. Históricamente siempre ha sido un país clave para entender la geopolítica. Desde que en el 331 a.C. el Imperio Persa de Darío III cayera finalmente en la batalla de Gaugamela a manos de Alejandro Magno este territorio siempre ha supuesto la unión cultural, militar y comercial entre Occidente y Oriente. La participación del Imperio Otomano continuó siendo clave en varios escenarios de política internacional, así como en la Primera Guerra Mundial, o en la Guerra Fría, aliándose con los occidentales para hacer caer al Telón de Acero.

A día de hoy Turquía es un país muy distinto a todos estos, e incluso a lo que fue hace no tanto tiempo; sin embargo, sigue siendo una de las principales potencias a nivel mundial. Actualmente no solo es el segundo ejército más importante de la OTAN, es el principal aliado de Estados Unidos en Oriente Próximo, después de Israel, y esa condición de supuesto colaborador, en el área más complicada a día de hoy para los intereses de los yanquis, es lo que la convierte en un auténtico quebradero de cabeza para el resto de occidente, y en concreto para la Unión Europea.

 O adoptamos una postura más definida o al final no sabremos quienes son nuestros enemigos ni nuestros aliados
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El pasado 15 de Julio una facción del ejército turco llevo a cabo una sublevación con el fin de derrocar al gobierno de Tayyip Erdogan e instalar un gobierno de carácter “secular”. Finalmente estos militares no triunfaron en sus pretensiones, y en una maniobra de inesperada urgencia por parte del actual presidente turco, se ha llevado a cabo una de las mayores purgas políticas de los últimos tiempos. Lo cual nos invita a replantearnos la total credibilidad, inicialmente admitida, de este golpe de estado fallido. A esta hora ya se ha producido la destitución de 262 jueces y fiscales y el procesamiento de 99 generales, y además se estima que indirectamente la purga ha afectado aproximadamente a 60.000 personas.

Al margen de creernos o no el supuesto golpe de estado, la pasividad con la que están actuando las instituciones europeas y americanas al respecto de este conflicto, es cuanto menos vergonzosa, pues pone de manifiesto la profunda contradicción en la que nuestros líderes caen con preocupante frecuencia. Turquía hasta hace poco era el gran aliado de Europa como muro de contención de las milicias yihadistas al norte de Siria. Era nuestro “amigo musulmán”, ese que nos hacía creer que la rama moderada de los Hermanos Musulmanes era un socio de confianza, tanto que nos hemos estado planteando todos estos años si le permitimos o no la entrada en la Unión Europea. Sin embargo, la tendente radicalizaciónmusulmana a la que Erdogan ha sometido a su pueblo, y sobre todo las demostradas conexiones políticas y económicas del gobierno de este con el ISISno han supuesto un cambio de discurso por parte de ningún líder político occidental.

Es cierto que en estos casos la diplomacia y la tranquilidad deben imperar, sin embargo, no es menos cierto que Erdogan es cada vez más una amenaza para las libertades de Occidente, y mientras tenemos en la Casa Blanca al peor estadista político de las últimas décadas, que condena la Guerra de Irak contra Sadam pero que no tiene miramientos en apoyar un ataque de la OTAN contra Gadafi, que no actúa contra al-Assadcuando gasea a su pueblo por miedo a la radicalización de la oposición pero que arma y financia al frente Al-Nusraal norte de Siria. Y al mismo tiempo que vemos como resurgen posturas populistas en varios países, es hora de que España asuma de una vez un papel clarificador en todas estas materias y comience a posicionarse, ya que ello puede conllevar indirectamente un posicionamiento de toda la comunidad occidental. O adoptamos una postura más definida o al final no sabremos quienes son nuestros enemigos ni nuestros aliados, ni que principios o valores queremos defender.

Luis Miguel Melián