Renovarse o morir

AL FINAL, EL MOTIVO POR EL QUE SE HAYA GENERADO SEMEJANTE POLÉMICA, Y POR EL QUE LOS TAXISTAS SE SIENTEN TAN ATACADOS, ES PRECISAMENTE PORQUE SABEN QUE SE TRATA DE UN PRODUCTO MEJOR QUE EL SUYO

Corren tiempos frenéticos en nuestra sociedad hoy en día, y una gran parte de la culpa podríamos achacársela al mundo tecnológico y sus cambios fulgurantes. Dónde hoy una persona tiene el último modelo de telefonía móvil, mañana ya es una reliquia, una obsolescencia más, producida por este mercado tecnológico que devora modelos y productos, versiones y actualizaciones, softwares y hardwares. A pesar de ello, vemos como la sociedad se adapta con una inusitada facilidad a estos cambios, no solamente no los rechaza, sino que los acoge con alegría y expectación.

Como han cambiado los tiempos en un solo relevo generacional. Siempre suelo divagar en la gran revolución que debieron de suponer en su momento las computadoras personales u ordenadores. A raíz de la popular película de 2014 “El Código Enigma” muchos ya sabrán que el prestigioso matemático, científico y criptoanalista británico Alan Turing es considerado el precursor y padre del ordenador moderno como lo conocemos hoy en día, gracias a la máquina que ideó y construyó en 1942 para descifrar el código Enigma, el cual era usado por los nazis para encriptar todas sus comunicaciones durante la II Guerra Mundial; pero no fue hasta 1977 que se introdujo en el mercado la computadora personal de uso masivo. ¿Se imaginan el cambio estructural que debió de suponer? ¿Se imaginan la cantidad de empleos que se debieron de eliminar, la cantidad de asistentes, transcriptores, secretarios; que de la noche a la mañana vieron como todo su trabajo de redacción, de las cuentas, de la información corporativa; era capaz de hacerlo una sola máquina? Esta revolución hubiera tenido lugar hoy en día y habríamos sido todos testigos de hogueras de San Juan a las puertas de cada sede podemita. Pero a día de hoy, ¿hay alguien que tenga la menor duda de que fue un gran avance para la humanidad en general? ¿Hay alguien para el que el ordenador no sea una herramienta imprescindible, tanto en lo personal como en lo profesional? Por supuesto que no, porque eso es PROGRESO.

La razón de que haya sacado este tema a coalición son las recientes protestas que hemos visto en Madrid contra Uber y Cabify. Empresas tecnológicas, que, mediante la misma, conectan a un conductor en búsqueda de pasajero, y a un pasajero en búsqueda de conductor; es decir, aplican la tecnología al concepto más básico de cualquier economía: juntan la oferta con la demanda. Vaya por delante que en ningún momento en la redacción de este artículo quiero sonar frívolo o insensible con los problemas coyunturales del gremio de taxistas español, pero si algo nos enseña la historia es que no hay que ponerle piedras al progreso, al contrario, hay que buscarlo y acogerlo. Al final, el motivo de que se haya generado semejante polémica, y los taxistas se sientan tan atacados, es precisamente porque saben que es un producto mejor que el suyo. Coches más modernos y con la discreción de ser un coche particular; costes asociados a la operación infinitesimales; y una facilidad de uso y accesibilidad al alcance de cualquier Smartphone. ¿Entonces por qué entramos a debate cuando el progreso está claramente llamando a nuestras puertas? Demasiado miedo político a enfurecer a cualquier gremio o extracto de la sociedad, como pudimos comprobar ante el reciente y bochornoso caso de la estiba que mi compañero Juan Abascal repasó. Pero no nos olvidemos nunca y pongamos las cosas en perspectiva: “El progreso y el desarrollo son imposibles si uno sigue haciendo las cosas tal como siempre las ha hecho”. Wayne W. Dyer, escritor estadounidense.

Guillermo González
Ministro de Energía, Turismo y Agenda digital de AOM