La sociedad que hemos permitido

LOS HECHOS DEBEN SER JUZGADOS A LA LARGA PORQUE PRECIPITARSE Y LANZARSE A TOMAR DECISIONES PUEDE SER TENTADOR Y PELIGROSO A LA VEZ

Cualquiera que lea el título de mi décimo noveno artículo en AOM podrá pensar en un texto pesimista, lleno de culpas y que ataca a cualquiera que todavía mantenga algunos valores. Y nada más lejos de la realidad, hoy quiero celebrar la sociedad que hemos permitido. Llevo unos días dando vueltas al enfoque de mi pieza, aunque no ha sido hasta esta mañana cuando lo he visto claro. Repasando la prensa he llegado a un vídeo en el que el árbitro Mateu Lahoz le decía al portero del Getafe que los insultos eran reflejo de la sociedad y lo que hemos permitido. Inmediatamente he pensado en Cataluña y cómo entre todos, desde las cloacas más oscuras del Estado hasta las familias de a pie, han permitido que España evolucione hasta su situación actual, en la que los niños insultan y los políticos incumplen la ley. Pero insisto, mis palabras quieren presentar el vaso medio lleno.

Superada ya la crisis inconstitucional catalana (no la situación y la controversia de sentimientos que todavía existe) es nuestro deber darnos cuenta que todo lo acontecido ha sido posible porque España es un gran país donde se respetan las libertades y donde son sancionadas aquellas conductas que han sido ilegales. Libertad y responsabilidad al máximo nivel porque si ahora todo el Govern está en prisión (o llegando), ha sido posible porque en España uno puede intentar saltarse la ley, y eso es “bueno”. Entendedme: no alabo las conductas ilegales, sino el hecho de que exista un marco de libertad donde tanto personas como instituciones puedan avanzar. Claro está que si uno no cumple las normas, debe ser penalizado.

Sin embargo ¡qué fácil es hablar una vez que todo ha acabado! En este juego de gobierno que tenemos nos toca a los miembros del gabinete mojarnos y no quedarnos en la barrera. De cara al futuro mi apuesta como presidente del ejecutivo sería buscar a cualquier precio una mayoría “constitucional” en el Parlament, y para ello considero que la apuesta de elecciones en el 21D es muy buena. Tendrá sus pros (falta de tiempo de reacción de los partidos independentistas) y sus contras (¿lista única en favor de la secesión?) pero una situación inestable en Cataluña debe ser lo más breve posible para que se vuelva a la normalidad. Por cierto, la normalidad es el cumplimiento de las leyes.

Creo que no hay cabeza con una inteligencia suficiente como para abordar todas las posibilidades que se han debido contemplar en Moncloa. Me imagino a Mariano y a Soraya debatiendo y proponiendo cientos de escenarios en los cuales podría encontrarse España y Cataluña: “¿Qué supondría aplicar el 155 antes o después?”, “¿hasta qué punto deberíamos intervenir la autonomía?”, “¿cuándo deberíamos celebrar las elecciones?”… Un abanico amplísimo de opciones que, ahí reside la calidad política de cada uno, necesitan un gran mesura. Los hechos deben ser juzgados a la larga porque precipitarse y lanzarse a tomar decisiones puede ser tentador y peligroso a la vez. De momento parece que Rajoy ha acertado, parece.

España es un gran país, donde existe libertad (no la suficiente) y democracia en estado puro. A algunos les pesará ver cómo su país va en una dirección con la que no coinciden, pero yo creo que nos falta visión de conjunto para comprobar que en nuestro país no se castiga en absoluto las ideas políticas y los sentimientos y que estos tienen recorrido. Tal es así que, por mucho que les fastidie a algunos, tenemos una Constitución que da entrada a posibles cambios, que contempla la libertad. Vayamos por ese camino y no por los atajos. Ahora más que nunca necesitamos nuestra mejor versión como españoles y nuestros representantes debe estar a la altura.

Julio Wais
Presidente de Gobierno de AOM

Molt bé. ¿Y ahora qué?

EXISTEN MUCHAS FORMAS DE SER Y SENTIRSE ESPAÑOL
Y TODAS ELLAS PUEDEN SER COMPATIBLES

Hablaba ayer con mi padre y comentábamos la posibilidad de celebrar en España un referéndum pactado. Creíamos que de ser posible tendría que contar con la participación de todo el país. El gobierno central cedería en cuanto a la celebración de dicha votación y los independentistas tendrían que ceder por dejar votar a todos los españoles sobre qué debería ser España. Coincidíamos ambos en que esto último no sería aceptado, descartando así cualquier intención de diálogo por parte de los secesionistas. Y aunque fuera una anécdota, aquella broma que se le gastó a Rajoy por la radio sirvió para demostrar que el presidente del gobierno estaba dispuesto a hablar con Puigdemont. Y también estaba dispuesto a escuchar con la invitación al Congreso que se hizo al President (que también rechazó). El papel del Ejecutivo en la anterior legislatura puede ser cuestionado pero no la falta de diálogo, y es que los nacionalistas siempre han condicionado todo a la celebración de un referéndum único en Cataluña o la amenaza de la independencia.

Dicho esto toca mirar al día después.

¿Qué opciones están sobre la mesa? Sean cuales sean deberán contar con una legitimidad total y no se me ocurre ninguna otra fórmula que una convocatoria de elecciones generales. Solo con la renovación de la confianza por parte de la ciudadanía se contaría con el apoyo necesario para poder avanzar. Y a pesar de que los últimos comicios generales están muy frescos y que costó una barbaridad formar gobierno, el destino de España necesita de nuevo que sus ciudadanos vuelvan a configurar un nuevo gobierno. Y a partir de aquí que hablen las campañas electorales y que los partidos lancen apuestas, pero ya pueden ir dando por descontado que ninguna propuesta contará con el nivel de aceptación con el que contó la Constitución de 1978, el mayor punto de encuentro de la población española en todos sus siglos de vida.

¿Una nueva Carta Magna? ¿Renovar la actual? Puede que se estén pensando en alternativas inimaginables para cualquier politólogo, sin embargo la convivencia pacífica a la que se deberá aspirar tendrá que ser duradera. Y va a ser extremadamente difícil.

Mi apuesta pasaría por una clara redistribución de las competencias. Creo que de todas las legitimidades la más evidente pasa por la autogestión de los recursos económicos, pero con un precio. Incluso siendo el país más descentralizado de la OCDE, la financiación autonómica aún tiene recorrido y una gestión de las propias finanzas incentivaría una eficiencia por parte de las comunidades. Las competencias que el Gobierno central debería recuperar serían la Sanidad, la Educación, la Cultura y la Defensa, como también la representación exterior de España y la Justicia nacional. Éste podría ser un marco que sirviera como punto de partida, simplificando muchísimo un proceso largo y complejo. A todo ello debería acompañar una gran campaña de propaganda de inclusión y no de exclusión. Más allá de comités ‘Marca España’ la involucración de todos con todos debe ser total, mostrando al conjunto de la población que existen muchas formas de ser y sentirse español y todas ellas pueden ser compatibles.

Tiempos difíciles para el futuro de España. Hace casi 40 años estuvimos muy a la altura y ahora necesitamos estarlo de nuevo.

Julio Wais
Presidente de Gobierno de AOM

Cambiando los paradigmas de la Educación

CREO PROFUNDAMENTE QUE EN EDUCACIÓN LA BALANZA DEBE CEDER EN FAVOR DEL CRECIMIENTO TÉCNICO

Hoy quiero hablar de la educación y de empleo, de ese punto de encuentro que debería haber entre ambos. Para todo aquel que no me conozca personalmente, le cuento que trabajo en la plataforma de empleo universitario más grande de Europa y tengo la posibilidad de ver muy de cerca cómo se lleva a cabo la creación de empleo. Este es un dato que considero importante ya que me permite estar muy cerca de la realidad.

Hay una pregunta que me cuesta responder: ¿En qué dirección debe ir la educación en España? ¿Debe apostar por un conocimiento humanístico que eleve el conocimiento de nuestros jóvenes? ¿O tiene que, en cambio, dotar de habilidades técnicas que te permitan desarrollar un gran criterio en un campo? La respuesta fácil apostaría por buscar el equilibrio, pero creo que hay que tomar decisiones y mojarse. Espero explicarme bien.

Son tres los agentes que tienen aquí un papel fundamental y una gran responsabilidad: universidad, estudiante y empresa (y aquí el orden importa). Veamos.

Creo que el principal responsable de la (ponga el adjetivo que desee) situación que estamos aquí viviendo en torno al desempleo juvenil es la universidad. Y lo creo porque han perdido su identidad como centros de innovación del mundo para convertirse en un paso necesario y en ocasiones tedioso. A cualquier miembro del entorno universitario se le podría caer la cara de vergüenza al escuchar comentarios como “4 años estudiando para ir al paro” o al ver cómo cientos de miles de jóvenes no han sido capaces en equis cursos prepararse lo suficiente como para cumplir unos requisitos mínimos de prácticas. El contacto más real que puede tener la educación superior con la empresa es el de una relación tan íntima que permita ver al profesorado en qué dirección va el mercado. En ocasiones da la sensación de que los docentes buscan preparar grandes líderes olvidándose por completo que el primer paso es conseguir un puestecito en una compañía.

En segundo lugar parte de la ‘culpa’ recae sobre los hombros de los alumnos. ¡¿Cómo?! Sí sí, has leído perfectamente. El candidato que aspira a un puesto de trabajo no puede pretender que el mercado le fiche si no ofrece una solución. Cuando uno arranca su carrera universitaria debe preguntarse cómo van a estar las cosas dentro de unos años (si su objetivo es encontrar un trabajo dentro de su campo) y no pensar si en una carrera hay mayor o menor carga de estudio. A estas alturas de la película todos debemos ser mayorcitos y ya no toca rechistar exigiendo un puesto de trabajo.

Por último quiero defender al mercado y ponerme de su lado. Me refiero a que si una serie de personas están jugándose sus inversiones en una empresa y están buscando a gente joven que les ayude con un problema determinado, no pueden verse obligadas a contratar a alguien por el hecho de que tiene ‘ganas de aprender’. Como dijo en su artículo hace poco mi amigo Gonzalo Aguilar desde Hacienda y Función Pública: “El objetivo de toda empresa es ganar dinero. Un CEO que renuncie a beneficios pero mejore la sociedad a cambio, será muy loable como persona, pero un irresponsable como gestor, porque ni es su dinero, ni es su empresa, ni es la misión para la que se le ha contratado”. Aquí se ficha a gente que me ayude a crecer, y para hacer RSC ya existen una gran variedad de acciones.

¿Debemos tener en España auténticos expertos de la transformación digital que no sepan quien pintó la Capilla Sixtina o España debe ser un país de eruditos que desconozcan qué es un KPI? Creo profundamente que la balanza debe ceder en favor del crecimiento técnico y dejar de lado al conocimiento humanístico. Muchos ponen el grito en el cielo cuando se margina a la Filosofía (mil disculpas filósofos, es por poner un ejemplo) de los planes de estudio. Y sin embargo nadie (la opinión pública) dice nada cuando en miles de puestos para becas se piden una serie de conocimientos informáticos (por poner otro ejemplo) y resulta muy complicado encontrar un candidato con ese perfil.

Os confieso que me gustaría estar hablando de este tema mucho más tiempo, pero he procurado ser lo más conciso posible para transmitir mi idea: la educación debe estar enfocada al mercado de trabajo.

Termino hablando del hombre que ven encabeza este texto. Se trata de Sir Ken Robinson. A quien le he robado el título de su famosa conferencia. Este visionario británico con su cambio de paradigma reclama una revolución en los sistemas educativos. Coincido al cien por cien con sus ideas, que por cierto, te animo a que escuches.

Julio Wais
Presidente de Gobierno de AOM

Prudencia

LAS MAYORES DOSIS DE CAUTELA Y NEUTRALIDAD NO SERÁN SUFICIENTES PARA TOREAR A ESTE BULL DESATADO AL OTRO LADO DEL CHARCO

El otro día en plena batalla con la nueva web de El Ala Oeste de la Moncloa (sí, vamos a tener nueva web y espero que sea muy pronto) estaba repasando una de las secciones y me pregunté cómo sería un AOM formado por el Gobierno oficial español. ¿Darían que hablar las palabras mensuales de Montoro? ¿Estaríamos pendientes de las declaraciones de Nadal? ¿O acaso Méndez de Vigo escribiría una tribuna digna de algún premio? Imagínense un espacio donde no hubiera ni cabeceras de periódicos ni periodistas que condicionaran el mensaje. Aunque tampoco le he dado muchas vueltas, no creo que fuera mala idea.

En esta reflexión caí en que las presiones vendrían de los stakeholders de cada ministerio y confirmé la idea en la que siempre he creído que el político, en mayor o menor medida, es continuamente un interlocutor. Desde el concejal de pueblo que tiene que dialogar entre amas de casa y el alcalde hasta todo un presidente de gobierno que se dirige a la opinión pública y a Bruselas.

En estos tiras y aflojas constantes, la futura relación de España con Estados Unidos será un asunto de una extrema delicadeza. Tras los artículos de Luis Miguel Melián (Asuntos Exteriores y Cooperación) y Miki Barañano (Defensa) en los que se hablaba de los retos a los que se tiene que enfrentar nuestro país en relación a los USA, querría hacer un comentario. Habrá que partir de algunos pilares capitales como que España no debe abandonar la formidable amistad que ha tenido con EEUU en los últimos años; como que tampoco puede olvidar que forma parte de una Unión comunitaria; y como que a su vez no se puede alejar de los importantes valores de libertad que ha conquistado. Las mayores dosis de cautela y neutralidad no serán suficientes para torear a este bull desatado al otro lado del charco. Habrá que mantener la calma para ser conscientes de que los americanos contarán con la suficiente inteligencia de sacar provecho de nuestro país, algo que nos conviene muchísimo (lean a Miki para ampliar esta idea) porque el impacto estadounidense en nuestro país sigue siendo extraordinario. Algunos ejemplos son las grandes infraestructurasque empresas españolas están construyendo en California, el hecho de que el país yankee esté a la cabeza de aprendizaje de español(esto le va a poner tenso a Donald) o que el turismo americano haya crecido en 2016 un 7%.

¿Qué debería hacer España como nación? Desde mi punto de vista mantener una neutralidad lo más discreta posible. Evidentemente sería absurdo ocultar nuestra tristeza por Latinoamérica con quien compartimos un gran vínculo histórico, pero posicionarnos en contra de la administración Trump tampoco serviría de gran ayuda. Para bien o para mal Estados Unidos podría vivir y sobrevivir con un aislamiento casi total del resto del mundo, por lo que sería muy arriesgado poner en peligro nuestra relación con ellos. Apostar por terceras vías también de corte neutral como lo es la UE sería acertado al ampararnos en, al fin y al cabo, lo que somos: parte de un gran proyecto de libertad en Europa (el lunes lo recordó el Ministro de Justicia que “en Europa creemos en esa libertad de circulación, que además de la seguridad hay que garantizar la circulación de personas y de servicios”).

Prudencia, templanza y sensatez; mucha mente fría en definitiva que nos aleje de ‘calentones’ diplomáticos cortoplacistas, aunque sea precisamente la administración americana quien esté llevando adelante este tipo de acciones.

Julio Wais
Presidente de Gobierno de AOM

¡Por España! Bueno, y por los españoles

 

EN 2016 UNA ACTITUD EJEMPLAR DE LOS CIUDADANOS ESPAÑOLES CONFIÓ MÁS EN LO CONSEGUIDO POR LA ANTERIOR ADMINISTRACIÓN QUE EN LAS PROMESAS IRREALIZABLES DE LA IZQUIERDA

Una de los últimos artículos de opinión que vimos en la prensa en 2016 fue la tercera de ABC en la que Antonio Garrigues Walker despedía el año con unas profundas palabras. En ellas, el jurista afirmaba que “2017 puede ser una espléndida oportunidad para demostrar -como país- nuestra fuerza y nuestra capacidad de acción”. Un mensaje de futuro lleno de esperanza por ver con una determinación clara que el papel de España en el mundo puede ser crucial. Hablaba de futuro, al contrario que el -me atrevo ya a decir- intelectual Juan Ramón Ralló, quien en su columna en El Confidencial del día anterior hacia una reflexión de ese 2016 reflejo de todas las imperfecciones de la democracia.

Ambas tribunas me invitaron a la reflexión y tras algunos thoughts comprobé la doble satisfacción que tengo al contemplar tanto el agotado 16 como el prometedor 17. Si hace un año me hubieran dicho que España sería el único gran país donde el populismo no triunfaría, no me lo hubiera creído; como tampoco lo hubiera hecho si me dijeran que en Estados Unidos iba a ganar Trump o que Gran Bretaña se iba a desvincular del proyecto europeo. ¡Increíble!

Bien es cierto que nos costó sangre sudor y lágrimas formar un gobierno en España, pero finalmente se logró. No escondo mi simpatía por el actual Ejecutivo y por el presidente Rajoy, y los resultados electorales en junio mostraron a mi parecer una gran madurez en los españoles. Creí que los cantos de sirena podemitas podrían haber convencido a la sociedad para catapultarles a la segunda posición, pero una actitud ejemplar de los ciudadanos confió más en lo conseguido por la anterior administración que en las promesas irrealizables de la izquierda. ¿Voto del miedo? ¡Toma ya, claro que sí! “No quiero que mi país se arruine y voto a los que crean más de 1.500 puestos de trabajo al día a pesar de que son un partido ensuciado por la corrupción”, o en otras palabras, madurez. Y hablo de ‘madurez’ porque la diferencia entre un adulto y un niño es la correcta atribución de importancia a los problemas, y los españoles le dieron más importancia al empleo que a la renta mínima, al crecimiento que al reparto, al corto que al largo plazo. De verdad, muy orgulloso.

He de criticar aquí algunos de los gestos que ha tenido en los últimos días el gobierno del PP al tomar medidas alejadas de la libertad. Les puedo asegurar que hago todo lo posible por ponerme en la piel de Rajoy a la hora de ser un interlocutor entre Bruselas, oposición, instituciones y sociedad civil, pero me cuesta mucho entender mayores impuestos, subidas sorprendentes del SMI, o aumentos salvajes de gasto. Hay que pagar, hay que reducir, hay que ahorrar. Todo lo que tú quieras que ‘haya’ pero al final siempre queda mermado el bolsillo de las personas, su propiedad privada, su libertad.

Y con esto vuelvo al título donde reflejo un sentimiento de orgullo por nuestro país, pero también por sus ciudadanos, quienes han tenido una responsabilidad clave con su país y sin embargo ven como vuelven a ser las víctimas una vez más. No voy a ocultar que argumentos como “la subida del SMI”, “la imposición de tasas a empresas” o “el aumento de las pensiones” defienden que dichas medidas se han hecho para proteger al ciudadano. Claro, a corto plazo, tal y como haría cualquier gobierno de apariencia socialdemócrata y/o comunista. Volvamos a la senda de la reforma laboral, ese gran proyecto de la X legislatura que impulsó a través de unos intentos de libertad a la economía española y al crecimiento de todas sus gentes. Si se hizo una apuesta a largo plazo y funcionó electoralmente a pesar de tener la oposición más feroz vista en España, ¿por qué no iba a resultar eficaz ahora? El año que arranca nos exige olvidar los acuerdos cortoplacistas y los grandes pactos llenos de populismo. Como podría haber dicho un tocayo mío: “futuro, futuro y futuro”.

Cierro el estreno de AOM 2.0 con las mismas palabras de AGW. “Una España fuerte descubrirá que es mucho más importante y mucho más capaz de lo que creemos. Llegó nuestro momento”.

Julio Wais
Presidente de Gobierno de AOM

 

¡Por España! Bueno, y por los españoles

EN 2016 UNA ACTITUD EJEMPLAR DE LOS CIUDADANOS ESPAÑOLES CONFIÓ MÁS EN LO CONSEGUIDO POR LA ANTERIOR ADMINISTRACIÓN QUE EN LAS PROMESAS IRREALIZABLES DE LA IZQUIERDA

Una de los últimos artículos de opinión que vimos en prensa en 2016 fue la tercera de ABC en la que Antonio Garrigues Walker despedía el año con unas profundas palabras. En ellas, el jurista afirmaba que “2017 puede ser una espléndida oportunidad para demostrar -como país- nuestra fuerza y nuestra capacidad de acción”. Un mensaje de futuro lleno de esperanza por ver con una determinación clara que el papel de España en el mundo puede ser crucial. Hablaba de futuro, al contrario que el -me atrevo ya a decir- intelectual Juan Ramón Rallo, quien en su columna en El Confidencial del día anterior hacia una reflexión de ese 2016 reflejo de todas las imperfecciones de la democracia.
Ambas tribunas me invitaron a la reflexión y tras algunos thoughts comprobé la doble satisfacción que tengo al contemplar tanto el agotado 16 como el prometedor 17. Si hace un año me hubieran dicho que España sería el único gran país donde el populismo no triunfaría, no me lo hubiera creído; como tampoco lo hubiera hecho si me dijeran que en Estados Unidos iba a ganar Trump o que Gran Bretaña se iba a desvincular del proyecto europeo. ¡Increíble!
Bien es cierto que nos costó sangre sudor y lágrimas formar un gobierno en España, pero finalmente se logró. No escondo mi simpatía por el actual Ejecutivo y por el presidente Rajoy, y los resultados electorales en junio mostraron a mi parecer una gran madurez en los españoles. Creí que los cantos de sirena podemitas podrían haber convencido a la sociedad para catapultarles a la segunda posición, pero una actitud ejemplar de los ciudadanos confió más en lo conseguido por la anterior administración que en las promesas irrealizables de la izquierda. ¿Voto del miedo? ¡Toma ya, claro que sí! “No quiero que mi país se arruine y voto a los que crean más de 1.500 puestos de trabajo al día a pesar de que son un partido ensuciado por la corrupción”, o en otras palabras, madurez. Y hablo de ‘madurez’ porque la diferencia entre un adulto y un niño es la correcta atribución de importancia a los problemas, y los españoles le dieron más importancia al empleo que a la renta mínima, al crecimiento que al reparto, al largo que al corto plazo. De verdad, muy orgulloso.
Al final siempre queda mermada la libertad de las personas
He de criticar aquí algunos de los gestos que ha tenido en los últimos días el gobierno del PP al tomar medidas alejadas de la libertad. Les puedo asegurar que hago todo lo posible por ponerme en la piel de Rajoy a la hora de ser un interlocutor entre Bruselas, oposición, instituciones y sociedad civil, pero me cuesta mucho entender mayores impuestos, subidas sorprendentes del SMI, o aumentos salvajes de gasto. Hay que pagar, hay que reducir, hay que ahorrar. Todo lo que tú quieras que ‘haya’ pero al final siempre queda mermado el bolsillo de las personas, su propiedad privada, su libertad.
Y con esto vuelvo al título donde reflejo un sentimiento de orgullo por nuestro país, pero también por sus ciudadanos, quienes han tenido una responsabilidad clave con su país y sin embargo ven como vuelven a ser las víctimas una vez más. No voy a ocultar que argumentos como “la subida del SMI”, “la imposición de tasas a empresas” o “el aumento de las pensiones” defienden que dichas medidas se han hecho para proteger al ciudadano. Evidentemente, a corto plazo, tal y como haría cualquier gobierno de apariencia socialdemócrata y/o comunista. Volvamos a la senda de la reforma laboral, ese gran proyecto de la X legislatura que impulsó a través de unos intentos de libertad a la economía española y al crecimiento de todas sus gentes. Si se hizo una apuesta a largo plazo y funcionó electoralmente a pesar de tener la oposición más feroz vista en España, ¿por qué no iba a resultar eficaz ahora? El año que arranca nos exige olvidar los acuerdos cortoplacistas y los grandes pactos llenos de populismo. Como podría haber dicho un tocayo mío: “futuro, futuro y futuro”.
Cierro el estreno de AOM 2.0 con las mismas palabras de AGW. “Una España fuerte descubrirá que es mucho más importante y mucho más capaz de lo que creemos. Llegó nuestro momento”.