Reformando la reforma laboral

LAS PROPUESTAS DE LOS PARTIDOS DEBEN CENTRARSE MÁS
EN EL MODELO PRODUCTIVO Y EN CÓMO GENERAR EMPLEO


La reforma laboral del PP de 2012 ha sido uno de los principales caballos de batalla de la última legislatura y parece que lo continuará siendo en los próximos meses. No está tan claro qué país queremos ser, ni el modelo productivo en el que queremos basar nuestro futuro, pero la mayoría de los partidos y sindicatos sí que tienen ideas sobre este asunto en particular y todas pasan por derogar dicha reforma. Desde su promulgación, se han hecho enmiendas a la totalidad que adolecen de la falta de concreción clásica de las ideas que emanan de la ideología y no del razonamiento, y cómo no, de alternativas viables, más allá de volver a la ley anterior. 

De manera similar, en las últimas semanas las distintas fuerzas políticas han centrado parte de su campaña (pues en eso nos encontramos) en cambiar la reforma, compartiendo casi todas la propuesta de redactar un nuevo Estatuto de los Trabajadores. Los últimos han sido los diputados de En Comú, que esta semana han propuesto en el Congreso la derogación de las reformas de 2010 y 2012, recogida a su vez por Podemos en el documento base que debía de sustentar un pacto con el PSOE. A lo mismo se comprometió Pedro Sánchez durante las elecciones en repetidas ocasiones.


Recientemente, C’s y PSOE han incluido en su pacto diversas medidas orientadas a “equilibrar la posición de los empresarios y sindicatos”. Si la reforma del PP iba orientada a la flexibilizar la negociación colectiva en el ámbito de la empresa en detrimento de la negociación sectorial, ahora se pretende recuperar la primacía de los convenios a nivel del sector. Ello supone una abstracción de la situación particular de cada empresa y, en materia de empleo, no debería primar tanto la abstracción como la flexibilidad. En cuanto a la posición de empresarios y sindicatos, se suele afirmar que una de las grandes obsesiones de C’s es la de convertirnos en Dinamarca y, en materia de empleo y del papel de los sindicatos, hay algunos, como Paul Krugman, que comparten esta aspiración para su país. En España, sin embargo, el peso de los sindicatos, aunque lejano del de los países nórdicos, se ha mantenido cercano a la media de los países de la OCDE. Por otra parte, la principal propuesta de ambos partidos es reducir el número de contratos (aparcando, de momento, el contrato único) y la creación de la llamada “mochila austríaca”, un fondo que sirva para financiar parcialmente el coste de despedir a un trabajador, acumulándose a su jubilación si no se dispone de él, y que incentive la contratación indefinida. Esta idea sí va en la dirección de resolver una de los principales problemas de nuestro mercado laboral, que es fundamentalmente la dualidad. No estamos solos en este asunto y ha sido precisamente la Comisión Europea quien ha pedido recientemente al gobierno que profundice en la legislación laboral introducida y que se acabe con las enormes diferencias entre trabajadores indefinidos y temporales que, de acuerdo con las estadísticas de la OCDE representan casi un 70%.
.
La incertidumbre política actual no está favoreciendo el empleo

.
La incertidumbre política actual está paralizando las inversiones en nuestro país, como es lógico. Sin embargo, en esta materia en particular, la incertidumbre no solo no está favoreciendo el empleo, sino que está acarreando consecuencias negativas como la deslocalización y, en particular, la consiguiente destrucción de puestos de trabajo. Ante la posibilidad de que se derogue la reforma de 2012, hay empresas están llevando a cabo despidos que podrían resultar más costosos con una nueva legislación, lo que podría suponer, según los expertos, un cambio respecto a la tendencia a la baja del número de EREs en el último año.


Desde el año 2008, los españoles consideran el paro como el principal problema de nuestro país. En cambio, la preocupación por la situación económica ha ido perdiendo fuelle y ha cedido el segundo lugar a la corrupción y el fraude. Parece razonable, si nos atenemos al PIB en 2015 (3.2%) frente a la tasa de paro (21%), pero se trata de un hecho ciertamente ilógico en la medida en la que ambos se encuentran estrechamente unidos (como se aprecia en la gráfica siguiente) y el crecimiento en los próximos meses y años no está, en absoluto, garantizado. Desde la misma manera que el PIB de un país no crece por real decreto, resulta poco razonable pensar que el empleo se recuperará mediante una ley, por el único hecho de derogar. La reforma de 2012 era necesaria si nos atenemos a la tasa de desempleo que se alcanzó con anterioridad a su promulgación y a la destrucción de 400.000 empleos que hubiese tenido lugar en su ausencia, de acuerdo con los cálculos de la Comisión Europea. Tanto la Comisión como la OCDE coinciden en que la reforma laboral ha conseguido sobre todo reducir la pérdida de empleo, teniendo un efecto más limitado sobre las nuevas contrataciones, siendo uno de los principales problemas la cronificación del paro de larga duración, que recae principalmente sobre trabajadores poco cualificados. A su vez, la creación de contratos indefinidos está aumentando de manera lenta. Las propuestas de los partidos, en consecuencia, deberían centrarse más en el modelo productivo y en cómo generar empleo.

Fuente: Comisión Europea