Día Mundial de los Refugiados: El milagro de los 16.000

EN ESTA CRISIS NO DEBERÍAN EXISTIR IDEOLOGÍAS NI PARTIDOS, SINO UNA SOCIEDAD Y UN GOBIERNO COMPROMETIDOS CON LOS DERECHOS HUMANOS. EL PROBLEMA ES REAL. ES URGENTE. Y, ES INEVITABLE.

Según la Agencia de la ONU para los refugiados (ACNUR), el número de personas que han llegado a nuestras costas y atravesado nuestras vallas de las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla se ha incrementado en un 75% respecto al mismo período del año pasado. Las cifras son tan preocupantes como que este mes de junio ya llegaban a las costas andaluzas unas 1.300 personas y el número de muertos continúa incrementándose en la ruta del Mediterráneo Occidental. Esto lo permite un país democrático que en su Constitución dedica, nada más y nada menos, que su Título II con 45 artículos al reconocimiento de derechos y libertades, algo de lo que estar orgullosos si la comparamos con la Ley Suprema de la mayoría de democracias de nuestro continente.

El pasado día 20 de junio de 2017, fue el Día Mundial del Refugiado. Por este motivo convendría realizar una reflexión sobre una crisis que pese a concernir a toda Europa, sufre un inmovilismo bochornoso, enfermizo y crónico de los gobiernos occidentales, incluido el español, que tantos derechos reconoce y predica. De hecho, cabe resaltar que Oxfam ha expresado sus intenciones de demandar a nuestro Gobierno ante la Comisión Europea por su supuesto incumplimiento del Acuerdo con la UE celebrado en septiembre de 2015, por el que España se comprometía a acoger a 17.337 personas, de las que, hasta el momento, sólo ha dado asilo a 1.304, cifra que no llega a representar el 8% de la cuota. Pero, ¿puede España hacer frente a su acogimiento, mantenimiento e integración y todo lo que ello significa y requiere?

Antes de nada, ¿qué es el derecho de asilo? Y, ¿cuál es la definición de refugiado? Se define el derecho de asilo, reconocido en el artículo 13.4 de la Constitución Española, y desarrollado mediante Ley 12/2009, de 30 de octubre, reguladora del Derecho de Asilo y de la Protección Subsidiaria,  como la protección dispensada por España a los nacionales no comunitarios o a los apátridas a quienes se reconozca la condición de Refugiado de acuerdo con la Ley y con la Convención de Ginebra de 1951 y el Protocolo de Nueva York de 1967. Este derecho se concede a los que ostenten la condición de refugiados, es decir, “a toda persona que, debido a fundados temores de ser perseguida por motivos de raza, religión, nacionalidad, opiniones políticas, pertenencia a determinado grupo social, de género u orientación sexual, se encuentra fuera del país de su nacionalidad y no puede o, a causa de dichos temores, no quiere acogerse a la protección de tal país” o al apátrida.

Además, si no se reúnen los requisitos para obtener el asilo o la condición de Refugiado, se reconoce también el derecho a la protección subsidiaria en ciertos casos. Estos derechos deberían garantizar la no devolución ni expulsión. Preguntemos en la valla de Melilla si esto realmente se cumple o no. La realidad es que ni se están reconociendo estos derechos, ni si reconocidos, se están protegiendo a todos los refugiados que los disfrutan. ¿Negligencia? ¿Escasez de medios? ¿Pasotismo? ¿Miedo al terrorismo? ¿Egoísmo? ¿Divergencia política?

Dicen algunos que se requieren leyes. Pero, leyes hay. Otro debate sería si son suficientes, eficaces o simplemente si se están realmente implementando. De nada sirve que 17.000 refugiados lleguen a España si no existen infraestructuras para instalarlos, medios para mantenerlos y una conciencia social para integrarlos, todo ello evitando la formación de guetos que propicien la división, la radicalización, la pobreza y la inseguridad dentro de nuestras fronteras. Como relató ayer en su discurso el Alto Comisionado para el Día Mundial del Refugiado:

“La inclusión requiere que abramos nuestras mentes, nuestros corazones y comunidades a los refugiados. Requiere un esfuerzo de toda la sociedad, que reúna a estudiantes, empresarios, atletas, activistas, líderes religiosos, políticos y artistas, para compartir las responsabilidades”

Desde 2015 han pasado dos años durante los cuales podríamos haber desarrollado políticas sociales en esta dirección. Se requiere sin duda alguna una sensibilización de la sociedad con el fin de evitar el racismo y la xenofobia hacia los extranjeros que están dominando el mundo occidental. El terrorismo, por otro lado, alimenta el rechazo de las masas hacia los nuevos huéspedes. Por ello, debemos dejar de enfocar nuestras energías únicamente en mociones de censura absurdas y en desafíos independentistas y, uniendo fuerzas políticas dispares, dirigirlas también en llevar a cabo acciones solidarias conjuntas de la mano de Europa. De hecho, Bruselas ya plantea para los próximos presupuestos europeos la entrega de fondos en base a criterios relacionados con la respuesta de los Estados a la presión migratoria, ya que debido al Brexit, se buscan nuevas formas de financiación de la UE y de reparto de sus fondos. Veamos si el dinero inspira más a los gobiernos.

En esta crisis no deberían existir ideologías ni partidos, sino una sociedad y un gobierno comprometidos con los Derechos Humanos. El problema es real. Es urgente. Y, es inevitable. Toda Europa está y seguirá sumergida en esta crisis humanitaria. Seguir dándole la espalda no será sostenible por mucho tiempo. Se requiere una respuesta YA acompañada de una mejora en la aplicación del derecho de asilo, puesto que España no sólo dispone de escasos tres meses para cumplir el Acuerdo sino que el ritmo que llevamos, los defectos y lagunas de nuestro sistema jurídico y la falta de políticas de asimilación de la sociedad, se necesita de un milagro para que los 16.000 refugiados sean acogidos e integrados en nuestro país. Y, dentro de poco probablemente las cifras lleguen a los 160.000.

Marta Fernández de Córdoba
Ministra de Justicia de AOM

Cómo liberalizar un sector

UNA VEZ MÁS, ANTE LA NECESIDAD DE CUMPLIR CON EL MANDATO DESDE BRUSELAS, EL GOBIERNO SE ENFRENTA AL MONOPOLIO DE LA ESTIBA DE LA ÚNICA FORMA EN LA QUE PARECE HABER ENCONTRADO SOLUCIÓN, EL REAL DECRETO LEY.

Tiempo después, sigo sin comprender por qué el Partido Popular no atajó el problema del monopolio hace unos años cuando contaba con mayoría absoluta. Lo que está ocurriendo ahora en el Congreso me hace pensar que ningún partido político habría sido capaz de enfrentar este problema de no ser por la obligación impuesta por nuestros “superiores”, lo cual deja claro que solamente actuamos cuando nos dan donde duele, en el dinero.

Existen muchas incógnitas alrededor de la negociación, poca información sobre el contenido real de las reuniones y sobre posibles acuerdos; más allá de los rechazos públicos por ambas partes, no podremos saber cómo se está desarrollando la solución.

Según la Coordinadora Estatal de Trabajadores del Mar (CETM) y en boca de su coordinador general, Antolín Goya, se pretende “liberalizar el sector y despedir a los estibadores portuarios con fondos públicos para colocar a otros en unas condiciones mucho menos atractivas para los trabajadores y mucho más rentables para las empresas, que lo único que pretenden es obtener mayor amplitud de beneficios”. Al preguntarle sobre si la sentencia es clara, Goya acusa al Gobierno de realizar un Expediente de Regulación de Empleo encubierto financiado por la Administración. Con este segundo decreto solamente se acercan posturas en el aspecto de la formación de los trabajadores, pero no están satisfechos ya que no se garantiza el empleo de los actuales trabajadores. Seguramente yo no entienda por completo lo que significa “liberalizar un sector”, pero abogar por la continuidad de los trabajadores con las condiciones monopolísticas anteriores es, desde mi punto de vista, oponerse radicalmente a las exigencias del Tribunal de Justicia de la UE. Todavía no he conocido sector liberal en el cual el puesto de trabajo esté garantizado gubernamentalmente (y más con las condiciones laborales del sector de la estiba).

No me canso de leer noticias, pero no encuentro propuestas por parte del Coordinador, simplemente rechazos a cada uno de los decretos (a pesar de que se le haya planteado la opción de reconvertir el sector con ayudas públicas que ascenderían a 120 millones de euros). Si tu causa fuera justa nos harías ver a los demás que se está cometiendo una injusticia, pero sigo sin verla, me tendré que conformar con otra huelga.

Mientras tanto, más allá de buscar soluciones al conflicto, depositarán sus esfuerzos en pedir al resto de partidos políticos que rechacen el decreto redactado desde el Ministerio. “Nuestra prioridad no es la huelga, es la negociación”. Haciendo un acto de fe, me he sumergido en la RAE quién, en una de sus acepciones, nos enseña que negociar implica “tratar asuntos públicos o privados procurando su mejor logro”; señor Antolín, si su prioridad es realmente esa, procure realmente un mejor logro.

No sé si este nuevo decreto será bien recibido en el Congreso, lo que estoy seguro es que los partidos políticos de la oposición no traerán mejores soluciones o propuestas ya que el voto negativo no exige justificación.

Juan Abascal
Ministro de Fomento de AOM

Europa por España y España por Europa

ANTE RIESGOS AISLACIONISTAS, ESPAÑA APUESTA POR MÁS INTEGRACIÓN, MÁS UNIÓN, Y MÁS ACCIÓN COMÚN. Y POR PRIMERA VEZ, DESDE DEFENSA, YA QUE SERÁ EL PILAR SOBRE EL QUE SE REALCE DE NUEVO NUESTRO PROYECTO EUROPEO. LOS ÚLTIMOS AÑOS HAN DEMOSTRADO QUE LA AMENAZA ES GLOBAL, Y UNA ACCIÓN NACIONAL, SE QUEDARÍA DEMASIADO CORTA

Hemos hablado del Brexit, y bien que si hemos hablado de ello. Día y noche. Que si lo han hecho bien, que si lo han hecho mal, que si nos dejan solos con todo el marrón. Y ahora, además, parece que la fiebre aislacionista se contagia. ¿Frexit? ¿Nexit? ¿Spexit? Le Pen amenaza con su victoria en la segunda ronda, y Francia, con todo mi respeto por Gran Bretaña, es Francia. Es uno de los países fundadores, de los países que más aportan a la unión,  la cabeza pensante de la mayor parte de los tratados. Francia no es Gran Bretaña. Francia crea, y Gran Bretaña en general, destruye. Limita. Siempre fue un poco escéptica con el proyecto europeo, y de hecho, ni el euro, ni Schengen, ni la carta social se las conseguimos vender. Nunca fueron europeos (y entenderme cuando digo europeos, se muy bien donde están situados en el mapa) de hecho, Churchill cuando habló de los famosos Estados Unidos de Europa dijo “I meant it for them, not for us” y con esto, y un agradecimiento a Churchill, mi breve aportación al famosísimo Brexit.

Pero pensareis, ¿Qué tiene esto que ver con España? Y mucho menos, ¿Qué tiene esto que ver con la defensa? Pues tiene que ver, y mucho, porque siempre vamos a contra corriente. Ante riesgos aislacionistas, España apuesta por más integración, más unión, y más acción común. Y por primera vez, desde Defensa.

La idea de Defensa Común Europea no es nueva, de hecho, es bastante más antigua de lo que se cree. Nuestro amigo Monet pensó en ella a la vez que en la CECA, pero tuvo (bastante) menos éxito. ¿El problema? A ver quien es el listo que cede soberanía en su política exterior, y aún menos en su defensa. Y sobre todo, que ya tenemos a la OTAN, no vamos a vendernos por dos lados, o eso creían. 60 años después España se aventura y afirma que la defensa será el pilar sobre el que se realce nuestro proyecto europeo.

Es indudable que la Unión Europea ha logrado el mayor periodo de paz de la historia. Pero las reglas del juego han cambiado; hemos conseguido que Francia y Alemania sean íntimos, ya nadie volverá a invadir Alsacia, y de momento, y digo de momento, Rusia se mantiene “al margen” de los países del este… pero ahora la amenaza es otra, y es incluso más global.

La amenaza de Europa es un terrorismo que no entiende de formas, que no tiene ejercito fijo, que no tiene objetivos concretos, y que se aprovecha, mejor que nadie, de las nuevas tecnologías. Ante riesgos globales, acciones globales. Un esfuerzo nacional, jamás podrá vencer a una amenaza de ese calibre. Y es verdad, os compro a todos que tenemos la OTAN, pero el papel que desempeñamos allí es irrisorio, y el blanco del Daesh es Europa, no la OTAN, y es una gran diferencia.

Europa, y por primera vez con España a la cabeza, se intenta proyectar y adaptarse al nuevo orden internacional. Estamos liderando el futuro europeo, reafirmándonos en nuestros valores, y defendiéndolos. Parece que todos pueden defender sus creencias, pero nosotros, por eso de no ofender, nos quedamos callados. Creemos en la democracia, en la ley, en los derechos humanos… y la defensa al fin y al cabo es una proyección de nuestros valores, de lo que nos ha hecho a nosotros llegar hasta donde hemos llegado. Y tenemos que creérnoslo. Hace unos pocos días Cospedal decía que nos habíamos comprometido a llegar a ese 2 por 100 del gasto en defensa, y que lo conseguiríamos. Pero que de poco nos servirá si no llenamos el 98 por 100 restante con un rearme armamentístico de valores.

El proceso de integración no puede acabar en Lisboa. Cojeamos de tantas patas, que nos acabaríamos cayendo por nuestro propio peso. La defensa debe ser nuestro nuevo impulso y nuestro apoyo, porque podemos, y sobre todo porque sabemos. Una Defensa Común Europea (no merece menos que ponerse en mayúsculas) es un gran paso, es una gran concesión de soberanía, sí, pero hemos demostrado estos años que juntos estamos mejor, y como todo, la defensa se tiene que adaptar; el campo de batalla es otro, las armas son diferentes, y la respuesta nacional se queda corta. No tenemos que apostar por más defensa, sino por mejor defensa. Nada une más que un enemigo común, y es el momento de que Europa empiece a defender a Europa.

Miki Barañano
Ministra de Defensa de AOM

Democracia y Unión Europea: ¿ideas irreconciliables?

NO ESTÁ NADA CLARO QUE EL ESTADO-NACIÓN SEA UNA CONDITIO
SINE QUA NON DE LA DEMOCRACIA. EL ESTADO SOBERANO NO ES
MÁS QUE UN FENÓMENO HISTÓRICO.

Últimamente no dejamos de oír hablar sobre el déficit democráticode la Unión Europea[1]. Cada vez hay más políticas europeas intrusivas(es decir, decisiones que anteriormente correspondían a los Estados) que no resultan fácilmente comprensibles para la opinión pública. Este es, sin duda, uno de los problemas cruciales a los que debe enfrentarse la Unión Europea, tan cuestionada últimamente por movimientos de corte populista.

¿Es verdaderamente posible hablar de democracia en la Unión Europea o, por el contrario, se trata de dos conceptos por completo indisolubles?
La democracia es, sin duda, un concepto complejo, difícil de definir. Pero parece claro que todos compartimos una misma idea básica de democracia: el gobierno del pueblo (o demos).
Así, para hablar de democracia hay que identificar primero a un cuerpo ciudadano, a un demos. Se dice a veces que una determinada comunidad política es deficiente democráticamente precisamente porque su demos no cumple las características que harían de él “un auténtico demos”. ¿Cuáles son estas características?

Una teoría bastante extendida sostiene que un demos propiamente dicho exige que sus miembros tengan un sentimiento de verdadera identificación común. En palabras de Bayón, «lo que exigiría un demos en el sentido material sería primordialmente (…) una creencia compartida entre los miembros del demos formal de que el “pueblo” en el que desde un punto de vista normativo ideal debería desarrollarse el gobierno democrático coincide a grandes rasgos con la circunscripción existente»[2]. Si este acuerdo no existiese, las decisiones mayoritarias serían percibidas por quienes pierdan la votación y no se sientan auténticos miembros de la comunidad política como una imposición ajena y, por tanto, injustificada.

Se dice a menudo que no puede haber un demos en el sentido material sin una homogeneidad cultural y lingüística. Dicho de otra forma: cualquier demos tiene que descansar sobre la base de un ethnos común.

El rapto de Europa, de Jean-François de Troy (1716). The National Gallery of Art, Washington, D.C.
.
De acuerdo con esta teoría, existe una estrechísima relación entre democracia y estado-nación. Así, los estados plurinacionales con agudas divisiones lingüístico-culturales no serían otra cosa que comunidades democráticas endebles, escasamente integradas y difícilmente duraderas (como decía Stuart Mill, «las instituciones libres son casi imposibles en un país compuesto por nacionalidades diferentes»[3]). Por esta razón, sería improbable que sistemas de gobierno supranacional como la Unión Europea lleguen a convertirse en un superestadosoberano (ni siquiera federal).

No obstante, son varias las objeciones que pueden oponerse a la anterior idea. En primer lugar, es históricamente incorrecto considerar la identificación cultural y lingüística como algo ya dado, ajeno por completo al proceso político. Por el contrario, muchas naciones son el resultado de procesos de construcción nacional (nation-building)[4].

En segundo lugar, se ha llegado a decir que la identificación cultural y lingüística es por completo innecesaria para que exista un demos en sentido material. Conforme a esta postura (conocida como patriotismo constitucional), lo único necesario para lograr la cohesión en una comunidad política democrática es la lealtad compartida a un orden constitucional apreciado. Dado que la formación de un auténtico demos no depende de lazos prepolíticos, sino del reconocimiento voluntario de un orden constitucional, nada impediría que pudieran constituirse comunidades políticas democráticas de carácter estable y duradero a cualquier nivel (aun cuando este fuera superior al de los estados-nación actuales).

Por último, se ha dicho que el correcto funcionamiento de una comunidad política democrática no requiere la existencia de ningún tipo de lealtades (ni nacionales ni puramente cívicas o políticas), pues la aceptación de la decisión de la mayoría no es más que el resultado de un complejo cálculo que muestra que, a largo plazo, uno estará mejor formando parte de ese demos que en cualquier otra alternativa posible. Así, pues, no habría razón para pensar que sólo los estados-nación pueden llegar a ser comunidades políticas democráticas estables y duraderas[5].

Como puede observarse, no está nada claro que el estado-nación sea una conditio sine qua non de la democracia. El estado soberano no es más que un fenómeno histórico. Otras formas de organización política han existido en el pasado y existirán en el futuro.

En el actual contexto de globalización, son cada vez más los problemas globales que requieren soluciones globales. A esta exigencia responden, precisamente, procesos de integración supranacional como la Unión Europea. Y no lo olvidemos: la Unión Europea es el resultado de una conjunción parcial de soberanías, de manera que ningún Estado miembro es plenamente soberano (sin que pase a serlo tampoco la Unión resultante). Se hace cada vez más difícil, por tanto, sostener la vigencia del estado-nación, lo que exige –qué duda cabe– superar la visión estatalista de la democracia.

Yago Fernández


[1]Jiménez-Blanco, José Ignacio, La Unión Europea y el déficit democrático, El Confidencial, 6 de diciembre de 2011; Sotelo, Ignacio, Crisis y déficit democrático en la UE, El País, 26 de marzo de 2012; Del Castillo, Carlos, Doce ideas sobre el futuro de la Unión Europea, Público, 20 de mayo de 2014.
[2]Bayón, Juan Carlos, ¿Democracia más allá del Estado?, Isonomía, núm. 28, 2008.
[3] Stuart Mill, John, Considerations on representative government, 1861.
[4]Así, por ejemplo, los estados africanos cuyas fronteras abarcan territorios que pertenecen a distintos
grupos étnicos y tribus.
[5] Sánchez-Cuenca, Ignacio, The political basis of support of European integration, European Union Politics, núm. 2, 2000.

El Brexit: ¿Punto de inflexión para la UE?

EL ESCENARIO QUE SE PRESENTA PARA EL PRÓXIMO VIERNES 24 DE JUNIO,
UN DÍA DESPUÉS DEL REFERÉNDUM, ES CLAVE PARA EL DEVENIR DE LA UE
Como todos sabemos ya, nos encontramos en una semana clave para el devenir de España y de la propia Unión Europea. El domingo 26 de junio tendrán lugar las elecciones generales, las cuales en cierta forma también vendrán influenciadas por las que van a realizarse el día de mañana en Reino Unido sobre el mantenimiento o la separación de la Unión Europea. El famoso “Brexit”.

Atendiendo a los analistas políticos la relevancia del Brexit en nuestro panorama nacional de cara al 26-J puede ser notoriamente profundo, ya que la incertidumbre que generaría una salida de los británicos de la Unión se podría ver contrarrestada con un voto más conservador el domingo.

Pero dejando de un lado las consecuencias que este referéndum pueda tener en la política o en la economía interna, esto se lo dejo a la Presidencia, al Ministerio de Economía y al de Hacienda, y me gustaría centrarme en los motivos y efectos para la propia Europa de este plebiscito.

Desde que se fundó la Comunidad Económica Europea los pasos dirigidos a crear ese espacio de libertades, que desde la finalización de la Segunda Guerra Mundial tanto hemos añorado en el viejo continente, se han llevado a cabo a una velocidad vertiginosa, lo que también ha supuesto que se hayan cometido numerosos errores como los oídos en los últimos tiempos.

Como todas las instituciones públicas, en esta época de crisis la UE ha sido duramente criticada, no solo por sus detractores, quienes han ganado fuerza en los años recientes, sino también por aquellos que creen firmemente en el proyecto de la Unión. Dichas críticas han abarcado desde el alto índice de burocratización de los organismos de la UE hasta las prisas de estos por llevar a cabo adhesiones de terceros países de dudosa conveniencia (véase el ejemplo de Turquía) pasando por las más que evidentes carencias de unificación regulatoria entre los distintos países. Esta última, la gran asignatura pendiente de la UE, sobre todo en materia de seguridad y antiterrorismo.

Reino Unido siempre ha tenido reticencias a participar plenamente en el proyecto europeo
Es conocido que Reino Unido siempre ha sido un caso especial dentro de la Unión Europea debido a las reticencias de este a participar plenamente en el proyecto europeo. Pero los verdaderos motivos que se esconden bajo esta conducta de autoexclusión no son en absoluto las que se han estado argumentando a lo largo de esta campaña por aquellos a favor del Brexit. Por su parte los líderes del UKIP, y en menor medida algunos conservadores, han inundado la campaña de mensajes de alto carácter xenófobo, señalando a la inmigración como la causante de todos sus supuestos males. Pero son varios analistas los que apuntan a que detrás de este rechazo hacia todo lo externo se esconde una forma de ser de los propios ingleses, un pueblo muy celoso de su autonomía e independencia que no quiere depender de las directrices de una Bruselas corrupta e incompetente.

Algunos de estos argumentos son claramente debatibles, por no decir que son lógicamente entendibles. Otros no lo son tanto. Sin embargo, el verdadero motivo que subyace bajo el euroescepticismo de Nigel Farage y a la constante actitud de saboteo de David Cameron en las reuniones de la Cumbre de Líderes de la Unión, a pesar de que ahora se manifieste claramente a favor de permanecer en la UE, tiene su fundamento en lo que se conoce como la Milla Cuadrada (Square Mile), la City. Este emblemático rincón, hogar de numerosos bancos y entidades financieras, supone prácticamente el 10% del PIB de Reino Unido, y Bruselas lleva tiempo queriendo echarle el guante a la misma a través de diversas regulaciones y sobre todo a través del llamado Pacto Fiscal. Con esto no pretendo darle o quitarle la razón a uno de los bandos, ya que resulta comprensible que los ingleses, de larga tradición bancaria, quieran proteger sus intereses, que por otra parte, no tienen porque coincidir con los de su país.

Dicho esto, el escenario que se presenta para el próximo viernes 24 de junio, un día después del referéndum, es clave para el devenir de la UE. Son numerosas las voces que señalan que la Unión Europea, todavía con el miedo en el cuerpo, debe de echar el freno ante tanta centralización descontrolada de competencias que han hecho enfadar a tantos. Sin embargo, sería un error someternos al chantaje emocional que el Brexit ha supuesto. El proyecto de la UE es un proyecto innovador que busca, sobre la base del sistema del bien estar, levantar las economías de la zona euro para que se pueda propiciar un libre intercambio económico y humano entre los distintos estados. Y para ello se debe llevar a cabo este proceso de unificación regulatoria que a unos tanto les molesta, pero que es profundamente necesario para cumplir los objetivos antes mencionados.

Luis Miguel Melián