¿Tropezando otra vez con la misma piedra?

UN GOBIERNO, INDEPENDIENTMENTE DE SU IDEOLOGÍA,
NO PUEDE QUEDARSE DE BRAZOS CRUZADOS SI SE DAN
NÚMEROS PREOCUPANTES DE FRACASO ESCOLAR

El DNI en una mano, un bolígrafo en la otra, y la cabeza llena de fechas, números, autores, fórmulas matemáticas y verbos frasales ingleses. Es la Selectividad, o PAU (Prueba de Acceso a la Universidad). Como cada año, los alumnos de todo el país se preparan para una maratón de exámenes de todas las materias del curso. ¿Cómo cada año? Ya no. 2016 será el último de la Selectividad.

La LOMCE que ideó el exministro Wert liquida la Selectividad y dejará en 2017 que sea cada universidad la que decida quién y cómo ingresa en esos centros. La ‘reválida’ de Bachillerato contará, como mínimo, un 60% en los criterios de admisión a las universidades, pero aquí entra ya el manual de cada uno: habrá centros que se limiten a pedir solo las calificaciones de la ‘reválida’, mientras que otros realizarán exámenes adicionales o entrevistas personales.

La ley ha desatado la polémica, claro. Como cada vez que hay algún cambio en Educación. La Selectividad ya tenía sus defectos, por supuesto. Eso sí, los datos son bastante buenos: en 1986 se presentaron casi 200.000 alumnos. El 74% aprobó. Treinta años después, se presentan 300.000 y aprueba más del 90%.

La Selectividad tenía sus defectos pero los datos son bastante buenos
Cada Comunidad Autónoma establece las fechas y cocina su propia PAU, de tal forma que un alumno de la Región de Murcia y otro de la Comunidad Valenciana tienen no solo distintas asignaturas; también, exámenes diferentes dentro de la misma materia. La ‘Ley Wert’ elimina estas diferencias entre Comunidades, pero la ‘papeleta’ la tienen ahora las universidades. Un alumno que termine Bachillerato podría tener que enfrentarse a un puñado de pruebas diferentes si no tiene claro a qué universidad asistirá, mientras que, hasta este año, la PAU contaba igual en toda España. En Anda-lucía, por ejemplo, todo indica que las universidades se pondrán de acuerdo para ofrecer las mismas pruebas de acceso.

Muchos se preguntan si es necesario tanto cambio. La de Wert es la decimotercera reforma educativa de la Democracia. Y, casi con toda seguridad, si el Partido Popular deja de gobernar, se creará una nueva ley según la ideología del nuevo Ejecutivo. Y esto es un verdadero despropósito. Algo tan crucial en un país como el sistema educativo no puede cambiar con tanta rapidez. Principalmente, porque en cuatro años de legislatura no da tiempo a evaluar resultados (y menos, con tanto cambio).

Es necesaria una ley consensuada por todos los grupos parlamentarios, un pacto en el que primen los intereses del país, y no de las ideologías. Una ley cuya base sea sostenible durante un largo período de tiempo, pero que permita ciertos retoques en función de los intereses del Gobierno en funciones. Porque el Gobierno, a su vez, no puede quedarse de brazos cruzados si se dan números preocupantes de fracaso escolar (ahora mismo, España es campeona de la UE en esa área).

Por último, desde este Ministerio queremos dar todo nuestro apoyo a Vicente del Bosque y a los 23 jugadores de la Selección Española. Vigentes bicampeones del torneo, este equipo aspira a triunfar, una vez más. Pase lo que pase, la unión hace la fuerza. Y ese es el mensaje que debe calar en la afición: dejemos de lado las dudas y las críticas, porque ya no hay vuelta atrás. España tiene ante sí el reto europeo más difícil de su historia. Suerte y ánimo en la Eurocopa.


Carlos Pérez

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