Un viejo conocido

HOY EN DÍA LA SOSTENIBILIDAD DEL SISTEMA DE PENSIONES ESPAÑOL ESTÁ EN PELIGRO. TAMBIÉN  LO ESTÁ LA NATALIDAD EN NUESTRO PAÍS. ¿PODRÁN AYUDARSE LA UNA A LA OTRA?

Paseando por las calles de la ciudad belga de Gante podemos encontrarnos con una plaza en la que hay una farola un tanto especial. ¿En serio? ¿Una farola? Pues sí. Esta farola únicamente se enciende cuando nace un niño en la ciudad. Por desgracia, en estos meses viviendo aquí todavía no he tenido la suerte de verla encendida.

Todo ello me ha hecho caer en la cuenta del escaso número de niños que deben nacer en Gante cada día. Y, sobre todo, de que esta tendencia no se reduce sólo a esta pequeña villa, sino que es un serio problema que afronta nuestro país y que pone en riesgo no sólo el crecimiento económico sino el propio futuro de España.

Es evidente que todos los problemas de la economía española no se van a solucionar con una tasa de natalidad más elevada. La situación laboral en España tiene muchos frentes abiertos: la temporalidad del empleo, los bajos salarios, la gran tasa de paro (especialmente en los jóvenes, aunque cada vez mayor en personas a partir de los cincuenta años), la sostenibilidad del modelo de pensiones… Es en este último punto en el que me gustaría centrarme hoy.

El ratio cotizante/pensionista es el indicador que muestra cómo se encuentra precisamente esa sostenibilidad de la que oímos hablar tan a menudo. Los que hoy trabajan son los que hoy mantienen el sistema. El problema no es que los que tienen trabajo deban hacer frente a demasiadas pensiones porque, a causa del paro, haya pocos cotizantes. Esto es un problema, sí; pero, en realidad, es algo temporal que acabará por mejorar.

El verdadero problema es que, desde el punto de vista demográfico, la tendencia va efectivamente a peor y no parece haber un horizonte real de posible mejoría. Ya hay pocas personas activas, pero cada vez serán menos (y no precisamente por el paro). Y esto, unido a la gran esperanza de vida que hay en nuestro país (que, por cierto, es motivo de orgullo estar a la cabeza, después de Japón, otro año más), nos lleva a una situación un tanto delicada.

Parece algo muy básico, que todos sabemos desde hace tiempo. Pero, a pesar de ser un viejo conocido, no se están poniendo medios para impulsar esta tasa de natalidad que lentamente va decreciendo. El apoyo a la natalidad no es una solución completa, pero sí es un buen comienzo.

En un interesante artículo leí que ser el segundo país con la población más longeva del mundo no era “ninguna catástrofe”. El autor remarcaba que este factor, mientras la economía funcionara correctamente, no sería nunca problemático.

Defendía así que las dificultades demográficas en España no constituían un contrariedad de tal calibre: ni la baja tasa de natalidad ni el alto índice de envejecimiento. ¿Por qué? Porque mientras la economía funcionara bien, no habría problemas con el número de trabajadores. Y la posible carencia que hubiera podría verse paliada por la “importación” de mano de obra, que se vería atraída por las posibilidades económicas de este país, como ya ha ocurrido en otras ocasiones.

No rechazo este pensamiento. Pero sí pienso que lo que podamos ir haciendo nosotros desde aquí no debe dejar de hacerse. Que podemos empezar a poner medios propios para ir ganando terreno y seguridad.

Tarde o temprano la economía mejorará; pero en algún momento también empeorará, en menor o mayor medida. Los niños, en cambio, nunca van a ser algo negativo para la sociedad. Todo lo contrario: son el futuro y están llenos de potencialidad.

Desde un punto de vista muy utilitario, la economía y el empleo indudablemente se beneficiarían de ello. Y, ¿qué decir de lo que pueden aportar en un hogar, por ejemplo? Imaginemos precisamente a esa gran cantidad de abuelos españoles cuya alegría, en muchos casos, son sus nietos. Uno de los grandes problemas sociales de nuestro tiempo es la soledad, que sufren especialmente los más mayores.

Apostar por la familia siempre será bueno: para todos, para la economía y para las pensiones. Comencemos y continuemos adoptando medidas que incentiven verdaderamente la natalidad y que faciliten la conciliación y la igualdad de oportunidades; aumentemos las ayudas a las familias, especialmente a las numerosas; facilitemos los trámites a la hora de adoptar; mejoremos la educación… Hay un amplio abanico de posibilidades desde las que actuar; no esperemos más tiempo.

Sol Sepúlveda
Ministra de Empleo y Seguridad Social de AOM

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