¿Verdad o Internet?

“LA FALSEDAD ESTÁ TAN CERCANA A LA VERDAD, QUE EL HOMBRE PRUDENTE NO DEBE SITUARSE EN UN TERRENO RESBALADIZO”, CICERÓN

A lo largo de la historia, toda sociedad siempre ha contado con un gremio, generalmente ligado a las artes, en el cual la repercusión de su oficio les reportaba a los que se desempeñaban en él fama, reconocimiento e incluso adulación. Desde los filósofos de la Antigua Grecia, los monjes de la Edad Media hasta los novelistas de la Generación Perdida de principios del Siglo XX; todos a su manera tuvieron un gran impacto en el pensamiento de la época y a través de sus obras influyeron notablemente en el devenir de las generaciones futuras. Si algo tienen en común todos estos gremios es la profunda y dedicada preparación que poseían, mediante constante y continuo aprendizaje, lo que les llevaba a consagrarse como autoridades en sus diversos campos de conocimiento. Esta preparación solamente había una forma de llevarla a cabo: mediante la lectura. Cómo decía Will Smith en un discurso motivacional, leer es una de las claves de la vida.

En esta sociedad tecnológica y digital en la que vivimos, este concepto ha llegado a otro nivel. Gracias a Internet, todas las personas tienen todo el saber, conocimiento, experiencias y vivencias que se ha acumulado a lo largo de la historia de la humanidad al alcance de su Smartphone. Este acceso a la información lo considero una bendición, ya que como ya he mencionado en algún artículo anterior, la educación es la piedra angular del progreso de toda sociedad. Pero esto produce una disyuntiva preocupante. En la publicación de un libro toman parte varios filtros que aseguran la veracidad o plausibilidad de los hechos narrados. En cambio, en la era digital, cualquier persona con acceso a internet, un par de conceptos básicos y una correcta ortografía puede erigirse como erudito en cualquier ámbito o campo. El subconsciente del ser humano, a la hora de dirimir la autenticidad de cierta información, no se basa en el contenido; sino en la presentación del mismo. Cometemos el profundo error de que cualquier información, mientras esté bien redactada y presentada, darla por buena, lo que genera una de las mayores incongruencias de todos los tiempos: en la era de la información se está generando una gran desinformación.

Todos hemos sido testigos de cómo una noticia falsa sobre la muerte de algún personaje público ha dado la vuelta al mundo a través de las RRSS. Claro, este tipo de noticias tienen una fácil refutabilidad. ¿Pero y cuando la noticia versa sobre un conflicto en un lugar remoto como Uganda? O por poner un ejemplo más cotidiano, ¿cómo puede ser que Eugenia Cooney, youtuber de una delgadez enfermiza, tenga más de un millón de seguidores escuchando sus consejos de belleza y estética que promulgan la anorexia y la falta de alimentación? ¿Es normal que haya jóvenes acomplejados con su cuerpo que, en vez de acudir a un especialista, una persona respetada por sus conocimientos en este campo; sigan los consejos de esta niña?

En el mercado menos regulado del mundo, Internet, tenemos que comenzar a adquirir una mayor conciencia analítica. Mucha gente, un servidor incluido, usa sus redes sociales como fuente de información y de estar al día con la actualidad. Siete de cada diez estadounidenses concretamente. Es más, según Brenda Nyhan, profesora de Ciencias Políticas en Darmouth College, en la recta final del pasado periodo electoral americano “las 20 noticias de mejor desempeño de sitios falsos y blogs hiperpartidarios generaron 8.711.000 acciones de compartir, calificar y comentar en Facebook. En el mismo periodo las 20 noticias de mejor desempeño de 19 sitios de noticias de importancia generaron 7.367.000 acciones de compartir, calificar y comentar en Facebook. En esos meses, además, el volumen de contenido falso superó el de las noticias verdaderas”.

Bajo el marco de la Ley General de Protección de Datos Personales, el Gobierno debería tener una mayor colaboración, orientación e incluso penalización con las diversas plataformas de difusión (Facebook, Twitter, Google, etc.); para la detección y filtración de la información en la Red Facebook ha anunciado la implementación de ciertas medidas, aunque la solución dista mucho de ser alcanzada. El peligro de este mayor control necesario es que la comprobación y filtración de información evolucione en censura.

Guillermo González
Ministro de Industria, Energía y Turismo de AOM

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